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El 14 de enero de 2026, una imagen de la Excelsa Divina Pastora fue solemnemente bendecida en la Cathedral of St. Matthew the Apostle de Washington DC, durante la primera misa dedicada a esta advocación mariana celebrada en ese templo histórico. La ceremonia, organizada por la Sociedad Divina Pastora DMV USA, marcó un hito para la diáspora venezolana al dejar la imagen expuesta de manera permanente, reafirmando una tradición de fe, memoria histórica e identidad cultural que se remonta a 1856
Washington, DC — La noche del 14 de enero de 2026 quedó inscrita como un hecho de densidad histórica para la devoción mariana venezolana en la diáspora. Pasadas las siete, una imagen de la Excelsa Divina Pastora, representación escultórica de la advocación mariana venerada en Barquisimeto desde el siglo XIX, cruzó el umbral de la Cathedral of St. Matthew the Apostle —erigida en 1840 y uno de los templos más emblemáticos del catolicismo en Estados Unidos— para ser recibida con cánticos, oraciones y un recogimiento que trascendía lo meramente ceremonial.
La imagen fue acogida en el marco de la Misa de Acción de Gracias por Venezuela, celebrada con motivo de la 168.ª Procesión de la Divina Pastora en Barquisimeto. El gesto no fue menor: así como en 1856 la fe popular respondió a la amenaza del cólera, en 2026 la devoción reaparece como refugio espiritual ante la experiencia del desarraigo y el exilio. La ceremonia, en su séptima edición, fue organizada por la Sociedad Divina Pastora DMV USA, consolidando una tradición sostenida en el área metropolitana de Washington DC, Maryland y Virginia.
DESPIECE HISTÓRICO
Simón Bolívar en el umbral de la catedral
Uno de los elementos menos conocidos —y más reveladores— de la Cathedral of St. Matthew the Apostle se encuentra sobre su portal principal: un gran mural en forma de luneta que reúne a figuras determinantes de la historia de la Iglesia Católica en América. Allí, en un espacio donde confluyen arte, fe y memoria continental, aparece representado el Libertador Simón Bolívar.
El mural, ubicado sobre las puertas principales del templo y organizado figurativamente de derecha a izquierda, articula una narrativa panamericana en la que conviven santos, beatos, líderes eclesiales, militares y civiles. Su propósito no es estrictamente hagiográfico, sino simbólico: mostrar cómo el catolicismo ha dialogado históricamente con los procesos sociales, culturales y políticos del continente americano.
Entre las figuras representadas destacan Frances Mary Saul; Sor Benedicta Fenwick; B. Francis Saul; Santa Philippine Duchesne; Santa Rosa de Lima; la beata Kateri Tekakwitha; San Isaac Jogues; el arzobispo Michael Curley; William Matthews; el cardenal James Gibbons; monseñor Thomas Lee; el arzobispo John Carroll; el obispo John Neumann; Santa Elizabeth Ann Seton; el juez presidente Edward Douglass White; Santa Katharine Drexel; el general Charles Ewing; Dame Margaret Brent y Mother Angelica Holton. En medio de este conjunto plural figura el general Simón Bolívar (1783–1830).
La presencia del Libertador en un mural de carácter eclesiástico no responde a un culto religioso, sino a su condición de referente histórico y moral de sociedades profundamente marcadas por la tradición católica. Su imagen sintetiza el vínculo entre fe, cultura y procesos de emancipación en América Latina.
La catedral, de estilo neorrománico, fue diseñada por el estudio Heins & LaFarge e inaugurada en 1913. Su riqueza artística —mosaicos, vitrales y frescos— la convierte en un espacio donde la historia religiosa y la historia civil del continente dialogan de manera permanente.
Que la imagen de la Divina Pastora haya cruzado ese mismo umbral añade una capa de significado histórico a la celebración del 14 de enero de 2026: la advocación mariana más multitudinaria de Venezuela fue venerada en un templo donde la memoria espiritual de América se representa como un relato compartido.
La solemne eucaristía fue presidida por el sacerdote de origen costarricense Isaac Sagastume, asistido por el diácono venezolano Germán Flores, de la Arquidiócesis de Baltimore. Ambos condujeron la liturgia subrayando el carácter excepcional de la jornada: era la primera vez que una misa dedicada a la advocación de la Divina Pastora se celebraba en esta catedral. En ediciones anteriores, la veneración se había realizado ante una pequeña imagen perteneciente a la familia García Cordero, la cual fue gentilmente prestada durante años para mantener viva la tradición en la capital estadounidense.
La nueva imagen destinada a la veneración pública de esta advocación mariana es el resultado de un arduo trabajo de varios meses. Arribó a Washington DC el 2 de enero de 2026, proveniente de Venezuela. Para su concreción, algunos miembros de la Sociedad Divina Pastora emprendieron viajes a Sevilla, España; San Salvador, El Salvador; y distintas regiones de Venezuela, con el propósito de contratar la elaboración de una imagen de mayor tamaño y presencia, acorde con la dimensión espiritual y comunitaria que ha alcanzado esta devoción en la diáspora.
El acompañamiento musical estuvo a cargo del reconocido intérprete venezolano Wilfredo Marchesse, quien, junto a otros artistas invitados, interpretó con gran solemnidad el Himno a la Divina Pastora. Los acordes, amplificados por la acústica monumental del templo, actuaron como un puente entre generaciones y geografías, recordando que la devoción no se transmite únicamente por la fe, sino también por la memoria colectiva.
Liliana Rodríguez, integrante de la Sociedad Divina Pastora y pionera de esta advocación en el Distrito de Columbia, Maryland y Virginia, destacó que la imagen fue esculpida por el joven escultor venezolano Josué Benjamín. Rodríguez subrayó además que los larenses son custodios históricos de esta devoción, cuyo origen se remonta a 1856, cuando el padre Macario Yépez imploró a la Excelsa Patrona que cesara la epidemia del cólera que asolaba a Barquisimeto y ofreció su propia vida, pidiendo ser el último en morir por la enfermedad. Aquel voto, cumplido con su muerte, selló una promesa colectiva que desde entonces se renueva cada 14 de enero.
Al concluir la eucaristía, la celebración se desplazó del altar al terreno de la cultura viva. Bailarines rindieron homenaje a la Virgen al ritmo del tamunangue, con la interpretación de “Barquiyana, y a la Bella”, seguida por el retumbar ancestral de los tambores con el tema “La Batalla”, evocando las raíces espirituales y populares del pueblo larense. La jornada continuó con una recepción fraterna, en la que los asistentes compartieron una cena donada por empresarios venezolanos, mientras disfrutaban del talento de cantantes venezolanos residentes en el área metropolitana de Washington DC, fortaleciendo los lazos de comunidad y hermandad.
Desde 2020, la comunidad venezolana —y de manera especial los guaros— ha sostenido esta tradición cada 14 de enero, celebrando misas en distintas iglesias del área metropolitana. La jornada de 2026 no solo reafirmó esa constancia, sino que elevó la devoción a un nuevo umbral histórico: la Divina Pastora, pastora de un pueblo marcado por la distancia y la memoria, quedó entronizada en uno de los templos más emblemáticos de la capital estadounidense. Lejos de Barquisimeto, pero anclada en la fe, la Virgen volvió a reunir a sus hijos alrededor de una certeza fundacional: la identidad también se preserva en el sacrificio, la historia y la oración.
Luis Alberto Perozo Padua
Periodista especializado en crónicas históricas
luisalbertoperozopadua@gmail.com
@LuisPerozoPadua







