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La llegada de María Corina Machado a Venezuela transformó el panorama político nacional. Su llegada a Barquisimeto y su entusiasta travesía hasta Caracas, prefiguran lo que sucederá de aquí en adelante. El proceso político no estará sometido solo a los acuerdos de las cúpulas. Ahora, los ciudadanos tendrán su propio espacio.
El centro político se desplazó desde Miraflores hacia la líder más importante del país. La agenda no estará pautada por lo que decida el triunvirato entronizado de forma ilegítima en el poder, sino por los contenidos que le imprima la Premio Nobel junto a las fuerzas que la respaldan. La dinámica de la Mesa de Negociación, a la que asisten representantes del Gobierno y diputados de la Asamblea del 2015, también cambiará. Se acabó ese ritmo tan pausado y ceremonioso que ha tenido el equipo desde que comenzó a operar. En el futuro inmediato, las reuniones tendrán que llegar a acuerdos concretos anunciados al país para mostrar que, en efecto, Venezuela se encuentra en un proceso de transición hacia la democracia.
La victoria que se le negó a María Corina en las elecciones de 2024 -que, en su lugar, obtuvo Edmundo González Urrutia- no se le podrá escamotear en la próxima cita. El régimen sabe, al igual que Estados Unidos, que unos comicios sin su participación serían una farsa inaceptable. La conexión tan profunda que mantiene con el pueblo, la convirtieron en la referencia política cardinal de la nación.
Su gobierno, sin embargo, no debe comenzar cuando se juramente como presidenta de la República. Esa labor debe comenzar cuanto antes. Venezuela es un país que debe reconstruirse desde sus cimientos. No hay espacio institucional, económico, social o cultural que no tenga que ser restaurado. Seguramente, en su largo período en la clandestinidad y luego los meses en el exterior, María Corina pensó en los cambios que deben impulsarse. Sus equipos de apoyo deben haberle proporcionado ideas y presentado planes acerca de cómo acometer la reforma del Estado; cómo impulsar de nuevo la descentralización; recomponer y relanzar la economía, asfixiada por el estatismo irresponsable; enfrentar la pobreza que afecta a la inmensa mayoría de la población; rehacer los servicios públicos, destruidos por la incompetencia y la corrupción. La nación que dejará en herencia el régimen instalado hace más de un cuarto de siglo, se encuentra en la ruina. María Corina está obligada desde ya a comenzar a allanar el camino que permita superar las enormes carencias que acosan a los venezolanos.
Unificar al país en torno de un proyecto de reconstrucción nacional será el punto de partida. La fractura de la nación fue uno de los graves daños causados por el chavismo, a partir de su decimonónica visión de la lucha de clases, la oposición entre ricos y pobres, y la irreductible confrontación entre el capital y el trabajo. Aunque esta postura maniquea se ha reducido porque los herederos de Chávez y Maduro se han alejado un poco de ella, aún sigue teniendo un peso significativo en la conducta de la casta gobernante. Para el rodrigato, la convivencia pacífica significa aceptar sin chistar los abusos y atropellos que comete el Gobierno. Su sueño es que la gente no proteste por la inflación, los apagones prolongados, la falta de agua potable y los presos políticos. Todas las manifestaciones que ponen en evidencia al régimen pasan a formar parte de una conducta subversiva, que están dispuestos a castigar con desapariciones forzosas y cárcel.
Ese país fragmentado y atemorizado que está dejando el chavismo, tiene que ser recompuesto bajo el liderazgo de María Corina. Para rehacerlo se requiere el concurso de todos los venezolanos dispuestos a lograrlo. Si al frente del Gobierno y el Estado se halla una persona conectada con la inmensa mayoría de los venezolanos, la posibilidad del reencuentro para recomponerlo se torna más factible.
El primer acto de gobierno sería predicar y practicar el leguaje de la unidad nacional con los ciudadanos y sus organizaciones naturales: sindicatos, gremios, federaciones estudiantiles, ligas campesinas, asociaciones empresariales, ONG. Todas las agrupaciones que fomentan la organización de la sociedad civil podrían formar parte de ese sujeto colectivo decidido a rescatar al país de los escombros. Ya María Corina ha avanzado en esa dirección. Su reciente encuentro con las fuerzas democráticas de Venezuela constituye una señal inequívoca de que la meta consiste en alcanzar un gran acuerdo nacional.
Capítulo aparte es el de los partidos políticos. Los partidos requieren especial atención. Han sido duramente castigado por la represión. Su relanzamiento es fundamental para darle estabilidad a la democracia y continuidad a los proyectos, especialmente a los que se presenten y aprueben en la próxima Asamblea Nacional. La Plataforma Unitaria Democrática (PUD) constituye un excelente punto de partida para relanza los partidos democráticos. No tengo dudas de que ella está plenamente consciente de su importancia y vigencia. La propia María Corina es la líder de Vente Venezuela, agrupación que ella fundó.
Con María Corina se va a gobernar.
@trinomarquezc