El entrenador venezolano de beísbol detenido por ICE que ha conmovido a Estados Unidos
30 Oct 2026, 07:21 20 minutos de lectura

El entrenador venezolano de beísbol detenido por ICE que ha conmovido a Estados Unidos

Por La Patilla

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Amaury Monsalve

 

La historia de Amaury Monsalve, un venezolano que dedicó más de veinticinco años a enseñar béisbol, llegó a The Washington Post y a Univision. Una detención policial sin cargos penales, una orden de deportación todavía sometida a apelación y las declaraciones de sus hijos han provocado una extraordinaria movilización comunitaria. La Fundación Arcadia acompaña a su familia mientras solicita que las autoridades respeten las garantías del debido proceso.

Washington, DC, 30 de octubre de 2026.

Eran las cuatro y quince de la madrugada del domingo 18 de octubre cuando una patrulla de la Policía Metropolitana de Washington detuvo un Chevrolet negro que circulaba por la calle 13, cerca de la intersección con Clifton Street, al noroeste de la capital estadounidense.

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Al volante iba un venezolano de cincuenta y un años. Se llamaba Amaury José Monsalve Figuera. Trabajaba aquella noche como conductor privado, transportando a un grupo de pasajeros. Era una jornada más de las tantas que había dedicado a complementar sus ingresos familiares después de pasar buena parte del día enseñando béisbol a niños y adolescentes.

Según su relato, una de las ruedas del vehículo había sobrepasado ligeramente la línea de detención correspondiente a un semáforo en rojo. La policía registró una presunta infracción de tránsito. El documento oficial, identificado con el número 7927524496, consignó el código T113 y una palabra inequívoca: WARNING.

Advertencia.

En la casilla destinada al importe de la sanción aparecía una cifra igualmente precisa: 0,00 dólares.

El papel cabía en un bolsillo. Lo que vendría después cambiaría la vida de una familia.

Durante la intervención policial, uno de los agentes observó que una persona sentada en la parte posterior del vehículo llevaba una botella aparentemente abierta. Según Monsalve, los agentes determinaron que contenía alcohol y procedieron a revisar el automóvil. Encontraron un arma de fuego, municiones y una sustancia sospechosa.

Amaury, único ocupante de los asientos delanteros, fue detenido junto con varios de sus pasajeros. La familia sostiene que desconocía la presencia de esos objetos y que su única responsabilidad aquella madrugada consistía en transportar a quienes habían contratado sus servicios.

A la mañana siguiente compareció ante la justicia penal del Distrito de Columbia. La fiscalía decidió no presentar cargos criminales en su contra.

Pero su libertad no llegó.

Mientras se resolvía aquella comparecencia, en otro tribunal y a prácticamente la misma hora, una jueza de inmigración examinaba un procedimiento que Amaury llevaba años intentando resolver. Sus abogados estaban presentes. Él no pudo comparecer personalmente porque continuaba bajo custodia por el incidente policial.

La jueza ordenó su deportación. Ni siquiera le dieron oportunidad de oír su declaración.

Cuando terminó la actuación penal, Amaury fue entregado a las autoridades migratorias estadounidenses.

Aquella mañana, dos procedimientos distintos se encontraron en un mismo hombre. Uno concluyó sin cargos penales. El otro desembocó en una orden de expulsión del país donde había construido su vida.

Una mujer espera a la salida del tribunal

Aniushka Monsalve, su esposa, aguardó durante horas en las instalaciones judiciales.

Para asistir a Amaury en aquella comparecencia, Arcadia Foundation había puesto a su disposición a la abogada Camille Wagner, asesora jurídica de la organización en asuntos penales, asumiendo íntegramente sus honorarios profesionales para que recibiera representación legal sin coste alguno para él ni para su familia.

La fiscalía decidió no formular cargos penales contra Amaury.

Su esposa esperaba verlo salir. Confiaba en que, una vez concluido el procedimiento, podrían regresar juntos a casa.

Pasó el tiempo. Comenzaron a retirarse los empleados del tribunal. Amaury seguía sin aparecer.

Uno de sus hijos preguntó por su padre.

Según relató Aniushka a The Washington Post, casi justo luego de apagar las luces del tribunal, un funcionario les informó que el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) se lo había llevado.

No pudo verlo.

Aquella separación se prolongaría durante los días siguientes. Amaury fue trasladado inicialmente a un centro de detención en Virginia. Su esposa consiguió una cita para visitarlo en Farmville, pero cuando se preparaba para salir de madrugada descubrió que había sido enviado a otro estado.

Su nuevo destino era el Central Louisiana ICE Processing Center, en Jena, Luisiana, a una considerable distancia de su familia.

Durante los primeros cinco días, Amaury relató que había dormido en el suelo, recibido alimentación insuficiente y permanecido sin poder ducharse. La familia también pasó casi tres días sin comunicación con él.

La Fundación Arcadia, organización de derechos humanos establecida en Washington desde 2007, elevó estas preocupaciones ante interlocutores institucionales. Posteriormente, según la familia, mejoraron las condiciones de alojamiento y las posibilidades de comunicación.

Sin embargo, el problema fundamental continuaba intacto: Amaury permanecía detenido mientras su futuro migratorio seguía pendiente de resolución.

El origen de una controversia de hace veinte años

Amaury llegó a Estados Unidos en 2003 y obtuvo la residencia permanente en 2006. Cuando solicitó la ciudadanía estadounidense, en 2020, confiaba en que aquel trámite culminaría una trayectoria de casi dos décadas de residencia, trabajo y vida familiar.

La solicitud fue denegada en abril de 2021.

Según sostiene su familia, el origen de la controversia se encuentra en una omisión cometida por el abogado que preparó sus documentos migratorios muchos años atrás.

En los documentos migratorios preparados hace más de veinte años no quedó consignada la existencia del hijo mayor de Amaury y Aniushka. El niño había nacido cuando Amaury estaba comprometido con otra mujer, con quien posteriormente contrajo matrimonio. Según sostiene la familia, el abogado encargado del trámite conocía aquellas circunstancias. Amaury, que entonces apenas dominaba el inglés, firmó los formularios confiando en la diligencia y responsabilidad del profesional a quien había encomendado su situación migratoria.

Hay un antecedente particularmente significativo para comprender aquella historia: Aniushka ya contaba entonces con estatus migratorio legal en Estados Unidos. Amaury había tenido un hijo con ella y, sin embargo, decidió cumplir el compromiso matrimonial previamente asumido con su prometida. La familia considera esta circunstancia especialmente relevante frente a las sospechas que, muchos años después, surgirían acerca de las verdaderas motivaciones de su primer matrimonio.

Su hijo mayor, diagnosticado con autismo de alto funcionamiento, necesitaba una atención y un acompañamiento que mantuvieron a Amaury y Aniushka estrechamente vinculados en sus responsabilidades como padres. Aquella relación, sostenida inicialmente por el cuidado del niño, fue evolucionando con los años. Tuvieron un segundo hijo y, tras la ruptura del primer matrimonio de Amaury, ambos decidieron unir definitivamente sus vidas. Hoy llevan aproximadamente dieciséis años casados. Detrás de lo que las autoridades migratorias identificaron como una omisión documental existe, en realidad, una historia familiar compleja, marcada por decisiones difíciles, responsabilidades asumidas y dos hijos a quienes Amaury nunca dejó de acompañar.

Al solicitar posteriormente la naturalización, Amaury incluyó a sus hijos. Las autoridades detectaron la discrepancia y cuestionaron las circunstancias en que había obtenido su residencia permanente.

El Departamento de Seguridad Nacional inició procedimientos de remoción en marzo de 2025, alegando fraude o declaraciones falsas relevantes para la obtención de un beneficio migratorio.

La familia controvierte esa interpretación y atribuye la omisión original a la preparación de los documentos por el antiguo abogado.

Existe, además, una petición migratoria familiar presentada por ella en favor de su esposo, cuya posible incidencia en los procedimientos pendientes debe ser examinada conforme a la legislación aplicable.

La orden de deportación dictada el 19 de octubre fue apelada ante la Junta de Apelaciones de Inmigración (Board of Immigration Appeals), que reconoció oficialmente la recepción del recurso ese mismo día.

La apelación permanece pendiente. Conforme al régimen de suspensión automática previsto en el 8 CFR § 1003.6(a), una apelación oportuna contra una decisión de fondo mantiene suspendida la ejecución de la orden de remoción durante su tramitación ante la Junta, en los supuestos previstos por esa norma.

La diferencia es jurídicamente fundamental: la existencia de una orden de remoción sometida a apelación y la facultad administrativa de mantener a una persona bajo custodia son cuestiones distintas.

Su audiencia para determinar si puede obtener la libertad bajo fianza está programada para el 3 de noviembre de 2026, a las nueve de la mañana, ante el juez de inmigración Gardey, mediante una conexión remota con el tribunal de Annandale, Virginia.

La familia espera que esa audiencia permita a Amaury regresar a su hogar mientras continúan las actuaciones migratorias.

El hombre al que sus alumnos llaman Coach A

Amaury Monsalve y familia

 

Para comprender la dimensión humana de esta historia hay que abandonar por un momento los expedientes y entrar en un campo de béisbol.

Allí aparece otro Amaury.

El hombre que corrige la posición de un bateador, organiza a los jugadores, recoge las pelotas después de un entrenamiento y permanece junto a quienes todavía están aprendiendo.

Lleva más de veinticinco años dedicado a la enseñanza del béisbol. Desde 2015 ha trabajado con niños y jóvenes del área metropolitana de Washington, en instituciones como Alice Deal Middle School y Jackson-Reed High School.

Sus alumnos lo llaman sencillamente Coach A.

Una escena relatada a The Washington Post por varios de sus antiguos jugadores permite comprender mejor su manera de enseñar.

Durante un encuentro, algunos muchachos comenzaron a burlarse del equipamiento de un equipo contrario. Amaury les ordenó correr varias vueltas al campo. Después reunió a sus jugadores y les explicó que la importancia del partido no residía únicamente en ganar, sino en respetar a sus adversarios y representar dignamente a su escuela.

Los niños recordaban aquel episodio porque la lección había permanecido con ellos.

Es una historia pequeña. Una burla, unas vueltas al campo, un entrenador que exige respeto.

Pero acaso sea precisamente en esos instantes donde se reconoce la verdadera influencia de un maestro.

Amaury no se ha limitado a enseñar técnicas deportivas. También ha procurado que niños con diferentes niveles de experiencia puedan participar, aprender y formar parte de un equipo.

Su compromiso social se extiende a la Fundación Arcadia, con la que colabora voluntariamente desde 2018. Ha participado en programas de asistencia a familias vulnerables, particularmente durante la pandemia, y en iniciativas de formación deportiva para niños de comunidades desfavorecidas de Venezuela.

Entre ellas figura Voice of the Children, programa mediante el cual Arcadia apoya proyectos como Turpiales Venezuela, en los estados Táchira y Mérida, donde el deporte constituye una oportunidad de desarrollo personal para niños de sectores rurales.

El hombre que ahora espera una decisión judicial en Luisiana ha dedicado buena parte de su existencia a procurar que otros niños tengan oportunidades.

La respuesta de los niños que esperan a su entrenador

La detención de Amaury desencadenó una reacción que trascendió rápidamente el ámbito familiar.

Padres, estudiantes, antiguos jugadores y vecinos comenzaron a escribir cartas, organizar encuentros y realizar pequeñas contribuciones económicas para sufragar los gastos de defensa, una eventual fianza y las necesidades de la familia.

Algunas personas aportaron cinco dólares. Otras, diez. Hubo también donaciones de mayor cuantía.

La campaña organizada por la Fundación Arcadia acumulaba aproximadamente 80.000 dólares al cierre de la información publicada por The Washington Post el 28 de octubre.

Pero el fenómeno más significativo no estaba únicamente en el dinero.

Estaba en los niños.

Ocho jugadores y antiguos alumnos hablaron con The Washington Post, con autorización de sus padres. Algunos tenían doce o trece años. Otros eran algo mayores.

Hablaron de las enseñanzas de su entrenador, de las temporadas compartidas y de la posibilidad de regresar al campo sin encontrarlo allí.

Uno de ellos, Patrick Quinn, de catorce años, explicó cómo la detención de alguien tan cercano había transformado su manera de comprender lo que sucede cuando una familia queda separada por una actuación migratoria.

Otros recordaron las exigencias de Coach A, sus enseñanzas sobre el respeto y la forma en que ayudaba incluso a quienes apenas comenzaban a jugar.

Desde el centro de detención, Amaury recibió noticias de aquella movilización.

En un mensaje de voz facilitado a The Washington Post, manifestó su sorpresa y gratitud. Durante años había procurado contribuir a su comunidad sin esperar nada a cambio. Descubrir ahora que tantas personas deseaban ayudarlo le estaba dando fuerzas.

Sin embargo, cuando habló de aquello que más deseaba recuperar, no mencionó un documento ni una condición migratoria.

Habló de regresar al campo.

De volver a ver a sus muchachos.

De seguir enseñándoles.

Las palabras de dos hijos

La historia adquirió una dimensión particularmente dolorosa el martes 27 de octubre, cuando una publicación de la cuenta oficial de ICE en la red social X describió públicamente a Amaury Monsalve como un «extranjero ilegal criminal», al mencionar su detención por hechos relacionados con un arma de fuego, municiones, drogas y recipientes abiertos de alcohol.

La declaración provocó una nueva controversia.

La policía había documentado el hallazgo de esos objetos durante la intervención. Pero la fiscalía decidió no presentar cargos criminales contra Monsalve por aquel incidente.

El organismo también hizo referencia a los procedimientos migratorios derivados de las alegaciones de fraude, asunto que continúa sujeto a las actuaciones y recursos correspondientes.

Para sus hijos, aquella publicación significó algo muy distinto de una controversia jurídica.

Fue ver el nombre de su padre asociado públicamente con la criminalidad por una institución del Gobierno federal.

Sebastián Monsalve, de veinte años, reaccionó recordando al hombre que había visto trabajar durante toda su infancia para sostener a su familia y ayudar a otros niños.

En su declaración, Sebastián sostuvo que su padre nunca había sido condenado por un delito, ni en Estados Unidos ni en Venezuela, ni en ninguna parte del mundo y lamentó que se presentara públicamente una imagen de él que, a su juicio, no corresponde con su vida ni con sus antecedentes.

Pidió que ICE rectificara y respetara su reputación.

Su hermano menor, Emmanuel Monsalve, de dieciocho años, cursa el primer año de Ciencias del Ejercicio en Shenandoah University y juega béisbol universitario en la División III de la NCAA.

Emmanuel expresó una pregunta que va al centro de la controversia: ¿sobre qué pruebas puede una autoridad llamar criminal a su padre cuando la fiscalía decidió no promover cargos penales por el incidente que dio lugar a su detención?

Para él, Amaury ha sido su entrenador dentro y fuera del terreno de juego. De su padre aprendió que la honestidad, la disciplina y el respeto tienen un valor superior al resultado de cualquier partido.

Ambos hermanos coinciden en una aspiración que no necesita mayores explicaciones: quieren verlo regresar a casa.

La gravedad de las afirmaciones públicas de ICE llevó también al profesor Robert Carmona-Borjas, abogado, vicepresidente ejecutivo y cofundador de Arcadia Foundation, a publicar una refutación jurídica de las acusaciones en su cuenta en “X”.

Carmona-Borjas conoce a Monsalve desde 1997, cuando fue su profesor universitario en la Universidad Simón Bolívar, donde Amaury estudiaba Comercio Exterior.

En su respuesta pública, pidió distinguir las acusaciones policiales de una condena penal, reconocer la apelación migratoria pendiente y corregir las afirmaciones que, a su juicio, perjudican injustificadamente la reputación de Monsalve.

La controversia no requiere negar la potestad de Estados Unidos para aplicar sus leyes migratorias. Exige, precisamente, que esa potestad se ejerza con respeto por los hechos, las garantías procesales y las decisiones que todavía corresponde adoptar a los tribunales.

Una historia que llegó a los grandes medios estadounidenses

Lo ocurrido con este entrenador venezolano ha adquirido una repercusión que pocos habrían imaginado cuando comenzaron las primeras llamadas de su familia.

El 27 de octubre, Noticiero N+ Univision difundió un reportaje televisivo nacional sobre su detención, las alegaciones gubernamentales y las circunstancias que, según sus familiares, explican el origen del conflicto migratorio.

El reportaje incluyó testimonios de Amaury desde el centro de detención, de su esposa y de personas vinculadas a su entorno.

Un día después, el 28 de octubre, The Washington Post publicó una extensa investigación firmada por los periodistas Liam Bowman y Angie Orellana Hernandez, centrada especialmente en la reacción de los alumnos, los antecedentes migratorios y el impacto de la detención sobre la familia Monsalve.

El periódico dedicó una atención particular a las declaraciones de los muchachos, al esfuerzo de sus padres por ayudar y a las palabras de los dos hijos del entrenador.

La atención de los medios ha permitido que el caso deje de ser una circunstancia conocida únicamente por la familia y sus allegados. Ahora plantea preguntas sobre el debido proceso, el efecto de los errores documentales antiguos, el tratamiento de las personas sometidas a procedimientos de deportación y la responsabilidad institucional al emitir acusaciones públicas.

Son cuestiones que merecen una respuesta jurídica, no una condena anticipada.

La labor de Arcadia y la solidaridad de una comunidad

Desde los primeros momentos, Arcadia Foundation ha acompañado a la familia Monsalve en las gestiones relacionadas con su detención.

La organización facilitó asistencia jurídica en el procedimiento penal inicial mediante su abogada colaboradora, Camille Wagner, asumiendo los correspondientes honorarios para evitar que la familia tuviera que soportar ese gasto.

Asimismo, ha contribuido al examen de los antecedentes migratorios, a las gestiones institucionales destinadas a proteger los derechos de Amaury y a la coordinación de esfuerzos de apoyo.

La Fundación también organizó la campaña de recaudación que está permitiendo atender los elevados gastos legales, preparar los recursos necesarios ante una eventual fianza y contribuir al sostenimiento del hogar mientras Amaury permanece privado de libertad.

Arcadia administra esta iniciativa con el propósito de efectuar pagos directos por las obligaciones correspondientes y mantener registros de los desembolsos.

Quienes deseen colaborar o compartir la campaña pueden hacerlo mediante el siguiente enlace:

https://gofund.me/66c943dad

La ayuda recibida merece una consideración especial.

Una comunidad no se expresa únicamente mediante sus autoridades, sus organizaciones o sus grandes donantes. También se expresa en la decisión de una madre que escribe una carta, en un muchacho que ofrece su testimonio, en una familia que aporta diez dólares y en unos niños que preguntan cuándo volverá su entrenador.

Esos gestos no sustituyen los procedimientos judiciales ni determinan sus resultados. Pero dicen algo importante acerca de una vida que, hasta hace pocos días, transcurría lejos de los titulares.

El derecho a regresar al campo

Amaury Monsalve sigue detenido en Luisiana.

Su apelación contra la orden de deportación permanece pendiente. Su audiencia para solicitar la libertad bajo fianza está prevista para el próximo 3 de noviembre.

Corresponderá a las autoridades judiciales examinar los antecedentes, determinar el alcance de las alegaciones migratorias y resolver las solicitudes sometidas a su competencia.

La familia no pide privilegios ni que se ignore la ley. Pide que se aplique íntegramente, con todas las garantías que esa misma ley reconoce.

Mientras tanto, en Washington, unos niños continúan hablando de su entrenador.

Algunos recuerdan sus indicaciones. Otros, los campeonatos compartidos. Otros, aquel día en que los obligó a correr por burlarse del equipamiento de sus adversarios.

Todos esperan volver a verlo.

Y en una casa permanece una mujer que, desde el 19 de octubre, ha debido explicar demasiadas veces por qué su esposo no volvió de un tribunal del que esperaba verlo salir.

Existe una fotografía familiar tomada en el estadio de los Washington Nationals. Aparecen Amaury, Aniushka y sus dos hijos. Son cuatro personas sentadas juntas, disfrutando de un partido de béisbol. Nada en esa imagen anuncia la separación que vendría después.

También existe aquel documento policial de la madrugada del 18 de octubre.

Una hoja ordinaria. Una advertencia. Una casilla para consignar el importe de la sanción.

Allí todavía puede leerse la misma cifra: 0,00 dólares.

Para la ausencia no había casilla.

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