
El secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, anunció este viernes 16 de enero su intención de asegurar acuerdos sobre petróleo y minerales críticos con Venezuela en las próximas semanas, previo a una visita oficial a Caracas. El funcionario reveló en una entrevista con el medio Axios que el objetivo de la administración Trump es lograr acceso a recursos clave mientras se fomenta la reconstrucción económica de la nación sudamericana, priorizando la estabilidad y la producción comercial sobre la inversión gubernamental directa.
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Wright detalló que la estrategia estadounidense busca incrementar la producción energética mediante asistencia comercial privada, descartando subsidios estatales. «Nuestra esperanza es que a finales de este año, al traer algo de estabilidad a Venezuela, con algo de ayuda de la asistencia estadounidense, ayuda comercial (sin dinero de nuestro gobierno, sin subsidios), pero al lograr un entorno empresarial más estable, veremos una producción creciente de Venezuela que aumentará dramáticamente», explicó el secretario. Además de los objetivos económicos, el plan contempla frenar actividades ilícitas en la región. «Queremos detener el tráfico de drogas. Queremos detener el secuestro de estadounidenses. Queremos detener a las pandillas, la criminalidad y la corrupción. Queremos detener a los Hezbolás del Hemisferio Occidental», aseguró.
Wright rechazó la noción de que Estados Unidos esté tomando control unilateral de los recursos. «Las contrapartes en Venezuela están entusiasmadas con esto», afirmó el funcionario, argumentando que actualmente gran parte del crudo se pierde en corrupción o se vende con descuentos masivos a China. «Esto es un impulso para Venezuela», sentenció.
Como parte de esta nueva etapa de relaciones bilaterales, se confirmó el reinicio de vuelos de deportación hacia el país caribeño. Un asesor de la Casa Blanca informó que «Venezuela recibió 200 deportaciones hoy en un vuelo y esperamos de dos a tres vuelos así por semana».
Paralelamente, Delcy Rodríguez anunció planes para reformar la ley de hidrocarburos con el fin de facilitar la inversión estadounidense, consolidando así el intercambio de flujos migratorios y energéticos que, según el asesor estadounidense, plantea una «dinámica completamente nueva en el Hemisferio Occidental».