Pedro Guillermo León: El costo oculto de controlar el dólar
29 Oct 2026, 22:45 6 minutos de lectura

Pedro Guillermo León: El costo oculto de controlar el dólar

Por Opinion

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Por qué Venezuela necesita repensar su política cambiaria hacia el establecimiento de un mercado cambiario eficiente.

Por años, Venezuela ha intentado estabilizar su moneda mediante distintos sistemas cambiarios. Sin embargo, la evidencia histórica demuestra que los controles de cambio no han logrado cumplir su principal objetivo: reducir la volatilidad del tipo de cambio y fortalecer la estabilidad económica.

Esta conclusión surge de una investigación desarrollada en el marco de mi tesis de Master en Finanzas del IESA, donde se analizó el comportamiento del mercado cambiario venezolano desde 1983 hasta el régimen de control de cambios establecido por la Comisión Nacional de Administración de Divisas (CADIVI) mediante modelos econométricos ARCH y GARCH, ampliamente utilizados para medir la volatilidad financiera. Los resultados evidencian que los períodos de mayor volatilidad han coincidido con la vigencia de controles de cambio. El establecimiento de dichos controles, lejos de favorecer la estabilidad del tipo de cambio en Venezuela, ha estimulado su volatilidad, generando incertidumbre y afectado adversamente el desempeño económico.

La historia cambiaria venezolana ha estado marcada por una constante búsqueda de mecanismos de control. Desde el Régimen de Cambios Diferenciales (RECADI) en 1983, pasando por los controles administrados por la Junta de Administración Cambiaria y la OTAC en la década de los noventa, hasta los sistemas más recientes gestionados por CADIVI, CENCOEX, SICAD I, SICAD II, SIMADI, DIPRO, DICOM y las

actuales mesas de cambio, el resultado ha sido similar: mayores distorsiones, mercados paralelos y pérdida de confianza en la moneda.

El problema fundamental es que los controles de cambio no disminuyen la demanda de divisas. Por el contrario, al limitar el acceso al mercado oficial, incentivan la aparición de mecanismos alternativos para obtener moneda extranjera. En consecuencia, la formación del precio de la divisa termina desplazándose hacia mercados paralelos que sirven de referencia para las decisiones económicas e incrementan la tasa de inflación.

Del estudio realizado con relación a los regímenes cambiarios aplicados en Venezuela entre 1983 hasta CADIVI, inexorablemente nos lleva a la conclusión que ninguno de ellos ha dado resultados satisfactorios. Las autoridades monetarias han fracasado en su intento de estabilizar el tipo de cambio y evitar la fuga de capitales. Del análisis de la volatilidad, se desprende que la misma ha sido mucho más elevada durante los periodos en los cuales han permanecido vigentes los controles de cambio. El establecimiento de dichos controles en Venezuela como instrumento de política cambiaria, ha demostrado que lejos de favorecer la estabilidad de la cotización del

dólar frente al bolívar, este ha estimulado su volatilidad. Adicionalmente, los procesos burocráticos y administrativos que caracterizan los controles de cambio obstaculizan la adquisición de divisas en el mercado oficial, favoreciendo de esta manera la creación de un mercado paralelo sobre la base del cual los agentes económicos forman sus expectativas de precios.

La experiencia de las últimas cuatro décadas invita a reflexionar sobre la necesidad de un cambio de enfoque. En lugar de fortalecer mecanismos de control, Venezuela debería avanzar progresivamente hacia un sistema de flotación cambiaria en el que el tipo de cambio sea determinado por la oferta y la demanda. Bajo este esquema, el Banco Central de Venezuela (BCV) conservaría la capacidad de intervenir de manera puntual para corregir desequilibrios y atenuar fluctuaciones excesivas, pero sin restringir el libre acceso al mercado de divisas.

El BCV solo intervendría en casos de defender el valor del Bolívar a través de la inyección (compra o venta de divisas en el mercado cambiario) según las necesidades de la economía y para equilibrar las presiones sobre el tipo de cambio y las cuentas externas (balanza de pagos).

No obstante, sería un error pensar que la estabilidad cambiaria depende exclusivamente del diseño del régimen cambiario. La confianza es el principal activo de cualquier moneda. Por ello, resulta indispensable contar con instituciones sólidas, seguridad jurídica, respeto a las reglas económicas y un entorno político estable que incentive la inversión nacional y extranjera y evite la fuga de capitales.

En este contexto, la dolarización tampoco parece constituir una solución idónea para Venezuela. Si bien podría ofrecer ciertas ventajas a corto plazo, implicaría renunciar a la conducción de una política monetaria propia y reducir la capacidad de respuesta ante choques externos, particularmente en una economía con alta dependencia de los ingresos petroleros y dejando al BCV sin instrumentos para realizar ajustes frente a una caída de los precios del petróleo o de las exportaciones. Cabe destacar que si queremos adoptar una política monetaria basada en ejemplos exitosos podríamos citar el caso de Suiza cuyo sistema monetario está basado en la flotación cambiaria haciendo del franco suizo una de las monedas más sólidas del mundo y que por décadas se ha constituido en un valor refugio.

Finalmente, es importante mencionar el hecho que la economía venezolana podría experimentar una escasez de dólares ya que la misma se haría totalmente dependiente de los dólares que entrarían por concepto de exportaciones petroleras. En el marco de los acuerdos petroleros suscritos recientemente los Bancos Centrales extranjeros podrían ejercer un mecanismo de control sobre la economía venezolana. En este sentido, estaríamos sujetos a que en caso de incumplimiento de dichos

acuerdos bien sea por una caída de los precios del petróleo o por problemas relacionados con su producción, dichas autoridades monetarias podrían de alguna manera regular el flujo de dólares que entraría en la economía venezolana utilizando dicha política como un instrumento de control monetario dejando la economía venezolana acéfala y sin capacidad de respuesta ante una eventual contingencia y convirtiendo la propuesta de dolarizar la economía en un mecanismo que estaría respondiendo a unos intereses que no necesariamente convergerían con los intereses de la economía venezolana.

La lección que deja la experiencia venezolana es clara: ningún control de cambio ha logrado generar estabilidad duradera. La evidencia apunta a que un mercado cambiario más libre, acompañado por instituciones fuertes y confianza en el país, ofrece mejores perspectivas para alcanzar una moneda estable y una economía más competitiva.

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