Luis Almagro y el liderazgo continental, por Luis Barragán
06 Sep 2026, 12:26 4 minutos de lectura

Luis Almagro y el liderazgo continental, por Luis Barragán

Por La Patilla

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En esta nueva etapa de una rigurosa vida académica, Luis Almagro, otrora secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), ha tenido a bien prologar una obra reciente de nuestro compatriota Luis Manuel Marcano Salazar: “El paradigma de disolución judicial: cómo la pérdida de la independencia judicial socava la estabilidad democrática” (El Jurista Ediciones Jurídicas, Santiago de Chile, 2026). Sin embargo, difusor digital de la reseña que nos permitimos hacer del libro, nuestro mayor agradecimiento es y siempre será por su apego y solidaridad militante con la causa venezolana de la libertad y la democracia y, particularmente, por la atención dispensada a la tesis de un venezolano injustamente exiliado, capaz de traducir su experiencia en un paradigma de análisis de alcance universal.

De “obra jurídica indispensable” calificó Almagro el libro, dando cuenta de la “realidad viva, dolorosa y persistente” que nos convirtió en un lamentable referente de la demolición institucional en el continente. Desde la más alta posición que ocupó en el organismo interamericano, supo demostrar toda su solidaridad con Venezuela con una búsqueda incesante de medios pacíficos para superar algo más que una coyuntura: el amargo autoritarismo del cual todavía no nos zafamos.

Hablamos de un compromiso concreto y palpable: Almagro ha comprendido que toda reconstrucción democrática supone también reconstruir las categorías con las cuales se comprende la destrucción institucional, precisamente para poder superarla. La tesis de Marcano Salazar aporta una de esas categorías y el prólogo de Almagro contribuye a ampliar sus alcances, no solamente para comprender el fenómeno, sino también para prevenirlo.

El prólogo, por ello, no constituye una reseña circunstancial obligada por la amistad, pues en el mundo académico se conoce bien el rigor de quien lo suscribe, celoso custodio de las exigencias de la enseñanza superior a la que ha dedicado buena parte de su tiempo después de una extraordinaria carrera diplomática. Su intervención ha legitimado, desde una vasta experiencia político-institucional, la pertinencia y densidad de una obra que todo venezolano interesado en la reconstrucción democrática tiene razones para agradecer.

Defensor eximio de nuestra causa, Almagro tuvo que lidiar con una feroz y cínica dictadura que procuró descalificarlo y demoler su autoridad. Para la coincidencia y para la discrepancia, esa tozudez a favor de la democracia y de sus valores fundamentales lo convierte en un prototipo del líder continental que debe reaparecer y multiplicarse en los años venideros.

Luis Almagro pertenece a la estirpe de un liderazgo sin fronteras que décadas atrás despuntó no solamente por la voluntad y la destreza de un limpio desempeño político, sino también por el pensamiento cultivado y expuesto públicamente. Es, en ese sentido, un estadista que constituye una magnífica reserva moral y política de nuestra América.

Y acaso esa sea una de las mayores lecciones de su trayectoria: el liderazgo continental no consiste únicamente en ocupar una alta posición internacional, sino en conservar, desde ella y después de ella, la capacidad de defender principios, comprender las instituciones y acompañar a los pueblos en su lucha por recuperarlas.

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