La vigilancia fronteriza de EEUU empuja a migrantes hacia rutas marítimas más peligrosas
02 Nov 2026, 17:06 4 minutos de lectura

La vigilancia fronteriza de EEUU empuja a migrantes hacia rutas marítimas más peligrosas

Por Internacionales

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El reforzamiento de la vigilancia en la frontera entre México y Estados Unidos está llevando a algunos migrantes a buscar rutas marítimas cada vez más peligrosas por el océano Pacífico, donde enfrentan riesgos de ahogamiento, hipotermia y extorsiones de grupos criminales, advirtieron este lunes activistas y especialistas.

El uso de drones, sensores de movimiento y el aumento de agentes de la Patrulla Fronteriza estadounidense han dificultado los cruces tradicionales, lo que ha llevado a algunos migrantes a internarse en aguas abiertas o recurrir a traficantes que cobran miles de dólares por el traslado, según las fuentes consultadas por EFE.

“Esa presión migratoria se trasladó al Océano Pacífico”, afirmó el antropólogo y activista Víctor Clark Alfaro, académico de la Universidad Estatal de San Diego, quien advirtió de que algunas embarcaciones navegan de noche, sin luces y con más pasajeros de los que pueden transportar de manera segura.

Según el especialista, las tarifas cobradas por los traficantes pueden alcanzar entre 12.000 y 20.000 dólares, mientras que el desplazamiento hacia aguas abiertas obliga a recorrer mayores distancias y aumenta la exposición a accidentes.

Separación familiar impulsa los cruces

Daniel, un mexicano deportado el 22 de junio de 2026, regresó recientemente a Tijuana con la intención de cruzar nuevamente por mar para reunirse con su esposa y sus dos hijos, quienes viven en Estados Unidos.

“Mi familia, mis dos niños y mi esposa”, respondió al explicar por qué está dispuesto a intentar otra vez la travesía.

Tras permanecer varios meses bajo custodia migratoria, fue trasladado a Tulum, en el Caribe mexicano, desde donde emprendió el regreso a la frontera norte.

En un cruce anterior, Daniel nadó durante cuatro horas con un traje de buzo y esperó a que hubiera neblina para entrar al agua, aunque sufrió varios calambres debido a las bajas temperaturas.

El migrante aseguró que no tiene dinero para contratar a un traficante y que las tarifas de las que ha tenido conocimiento oscilan entre 6.000 y 30.000 dólares, dependiendo de quién ofrezca el traslado.

También, denunció que le exigieron entre 10.000 y 15.000 pesos mexicanos (537 y 805 dólares) únicamente por permanecer en una zona de playa e intentar cruzar, sin recibir ayuda para llegar a territorio estadounidense.

“Para ellos (los que cruzan migrantes) ya es negocio”, afirmó.

Extorsiones y riesgos en el Pacífico

Hugo Castro, fundador de la Coalición SOS Migrantes, explicó que el reforzamiento de la vigilancia ha modificado las características de los cruces marítimos desde Baja California.

“Hoy son grupos más reducidos”, señaló al recordar que, antes de la pandemia de la covid-19, podían registrarse varios cruces diarios con grupos de entre 10 y 20 personas.

El activista advirtió de que las dificultades para llegar a Estados Unidos también han incrementado la exposición de los migrantes a redes criminales que controlan zonas de las playas y cobran por permanecer en ellas, incluso sin ofrecer ayuda para cruzar.

A estos riesgos se suman las bajas temperaturas del agua, las corrientes marinas y el impacto del oleaje contra las estructuras fronterizas, que pueden provocar calambres, hipotermia y ahogamientos.

Los peligros de estas travesías quedaron de manifiesto el pasado 16 de octubre, cuando una embarcación naufragó a unos 225 kilómetros al oeste de Ensenada, Baja California.

La Guardia Costera estadounidense localizó a 16 personas y suspendió posteriormente la búsqueda de otras 11 desaparecidas, aunque las autoridades no confirmaron que se tratara de una embarcación dedicada al tráfico de migrantes.

Castro advirtió que las restricciones fronterizas llevan a algunas personas a recurrir a rutas más peligrosas, donde quedan expuestas tanto a las condiciones del mar como a grupos que se lucran con su necesidad de llegar a Estados Unidos.

Para Daniel, la posibilidad de reunirse con su familia sigue siendo suficiente para intentar nuevamente el cruce.

“Mi único motor es eso, llegar ahí con ellos”, afirmó. EFE

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