Emprender en tres y dos: Lecciones del béisbol para el emprendedor  Por Luis Eloy Añez
29 Oct 2026, 22:24 9 minutos de lectura

Emprender en tres y dos: Lecciones del béisbol para el emprendedor Por Luis Eloy Añez

Por Opinion

Compartir noticia

El turno decisivo

Noveno inning. Parte baja. Dos outs. Perdemos por una carrera. Hay un corredor en segunda. Tres bolas y dos strikes. El estadio contiene la respiración. El próximo lanzamiento puede decidir el juego: un hit empata, un jonrón lo gana. Un tercer strike pone fin a las esperanzas.

El bateador debe decidir: esperar una bola mala o hacer swing. La clave está en reconocer el lanzamiento que merece ser bateado. En Venezuela, país de profunda tradición beisbolera y talento reconocido mundialmente, conocemos bien esa tensión, y no solo en el estadio. Como sociedad, llevamos demasiados años jugando a la defensiva: resistiendo, protegiendo lo poco que queda, evitando el error. Hoy necesitamos volver a pensar en cómo ganar.

Emprender se parece a ese turno decisivo. El lanzamiento es una oportunidad de mercado que aparece de pronto: un hit permite sobrevivir un mes más; un jonrón puede convertir una idea en una gran empresa; un tercer strike puede significar el cierre. Por eso exige preparación, criterio y coraje para actuar. Venezuela tiene talento, una nueva generación de emprendedores y una oportunidad que exige algo más que entusiasmo.

Tres libros ofrecen pistas: The Power Law (2022), de Sebastian Mallaby; The Venture Mindset (2024), de Ilya Strebulaev y Alex Dang; y Moneyball (2003), de Michael Lewis. Los dos primeros recurren al béisbol para explicar cómo piensan los inversionistas; el tercero es béisbol puro. Tres miradas que convergen en una enseñanza: mientras sigamos jugando para no perder, nunca aprenderemos a jugar para ganar.

Desde el palco del scout: la mentalidad del inversionista

Un inversionista de riesgo observa el terreno como un scout de Grandes Ligas. Mallaby lo ilustra en The Power Law con Kleiner Perkins, una de las firmas pioneras de Silicon Valley, que años después apostaría por Amazon y Google. Su primer fondo perdió dinero en seis de catorce inversiones, pero dos generaron el 95 % de sus ganancias: Tandem, cuyas computadoras «que nunca se detenían» todavía sostienen bancos y redes de pagos, y Genentech, considerada la fundadora de la industria biotecnológica. Unos pocos batazos pueden pagar toda la temporada.

Para estos inversionistas, el mayor riesgo no siempre consiste en equivocarse, sino en dejar pasar una oportunidad extraordinaria. Bill Gurley, de Benchmark, lo resume así: si inviertes en algo que no funciona, pierdes una vez tu dinero; si dejas pasar a Google, pierdes diez mil veces.

Pero existe una diferencia esencial: el inversionista distribuye el riesgo entre numerosas empresas; el emprendedor suele apostar buena parte de su vida a una sola.

En Venezuela esa diferencia pesa más. Donde escasean los fondos semilla y las redes de inversionistas ángeles, conseguir el primer cheque puede resultar más difícil que desarrollar una buena idea. No basta con tener grandes bateadores si faltan quienes apuesten por ellos.

El talento gana juegos; el equipo, campeonatos

Strebulaev, profesor de Stanford, y Dang destacan en The Venture Mindset la importancia de apostar al jinete antes que al caballo. Pero ningún proyecto puede sostenerse únicamente sobre su fundador: necesita personas que complementen habilidades y conviertan una visión en resultados.

En sus comienzos, Zoom competía con gigantes tecnológicos. Cuando el equipo de Qualcomm Ventures evaluó invertir, la mayoría rechazó la propuesta. Sin embargo, tres de sus integrantes identificaron el potencial de Eric Yuan y aprovecharon un mecanismo interno de inversión temprana para respaldarlo con capital de Qualcomm. Aquella apuesta terminó convirtiéndose en una de las inversiones más rentables de la firma.

La lección para nuestros emprendedores es clara: precisamente porque el capital escasea, conviene invertir tanta energía en armar el equipo como en buscar inversionistas.

Una idea puede cambiar; un equipo excepcional puede encontrar el camino. Cuando el mercado obliga a pivotar, un equipo equilibrado absorbe el golpe: alguien rehace el producto, alguien tranquiliza a los inversionistas, alguien sale a vender. Un jonrón decide un juego, pero los campeonatos se construyen en equipo.

Moneyball: descubrir lo que otros no ven

Billy Beane, gerente de los Atléticos de Oakland, comprendió que competir contra presupuestos superiores utilizando los mismos criterios era una batalla perdida. En lugar de perseguir estrellas, identificó estadísticas que contribuían a ganar. Descubrió valor donde otros veían jugadores ordinarios.

¿No es ese, precisamente, uno de los desafíos del emprendedor venezolano: competir con menos recursos descubriendo lo que otros no ven?

Yummy, Ridery y Cashea convirtieron frustraciones cotidianas (las entregas a domicilio, el transporte, el financiamiento al consumo) en oportunidades empresariales. Como recordaba hace poco en Caracas un célebre emprendedor británico, una frustración puede terminar en una queja o convertirse en una empresa.

Los datos no sustituyen al talento ni a la intuición, pero evitan que confundamos nuestras convicciones con la realidad.

El pitch: prepararse para el lanzamiento

Ningún bateador llega al plato sin estudiar al lanzador. Tampoco el emprendedor debería presentarse ante un inversionista sin preparación.

Un buen pitch es una disciplina de precisión: cada palabra se mide, el tiempo disponible se respeta al segundo y, aun así, todo debe sonar natural. Su propósito es explicar con claridad qué problema resolvemos, qué nos diferencia y quién está dispuesto a pagar por ello. Al emprendedor venezolano se le exige, además, demostrar que puede crecer más allá de nuestras fronteras.

Pero es el mercado, no los aplausos del auditorio, quien valida el batazo: eso es el product-market fit. Validar con pruebas rápidas y de bajo costo no es parálisis por análisis: es la mejor defensa cuando se tiene un solo bate para toda la temporada.

El miedo al ponche

Strebulaev y Dang recuerdan que desde 1920 las Grandes Ligas registran unos 6,4 ponches por cada jonrón. Reggie Jackson, el bateador con más ponches de la historia, es recordado como «Mr. October» por sus jonrones en la Serie Mundial. Para los inversionistas, los jonrones importan; los ponches, no.

Eso no hace irrelevante el fracaso, pero el miedo al ponche no puede impedirnos buscar el jonrón. En Venezuela hemos aprendido a convivir con la incertidumbre, y esa experiencia puede alimentar una voz interior que nos recuerda todo lo que podría salir mal. Un rechazo o un proyecto fallido no son pruebas de incapacidad: son información para el siguiente turno.

Peor que poncharse intentando un jonrón es quedarse inmóvil esperando un lanzamiento perfecto que quizá nunca llegue.

El talento no basta para ganar

Emprender en Silicon Valley y en Venezuela no es exactamente el mismo deporte. Allí abundan capital, universidades, aceleradoras y mercados; aquí hemos enfrentado restricciones financieras, incertidumbre institucional y una economía debilitada.

Aprendimos a improvisar, resistir y resolver. La resiliencia es una virtud que nos saca del hoyo, pero no debería convertirse en nuestro único modelo de negocios: para llegar al campeonato hace falta estructura.

Durante años, numerosos equipos de Grandes Ligas establecieron sus academias en Venezuela para formar prospectos venezolanos y conectarlos con el mundo. Muchas cerraron o se trasladaron a otros países. El talento no se extinguió: se debilitó el sistema que permitía descubrirlo y proyectarlo.

Algo semejante ocurre con el emprendimiento. Según LAVCA, la principal asociación de capital privado y de riesgo de América Latina, entre 2018 y 2023 Venezuela recibió unos 162 millones de dólares en ese tipo de inversiones. Solo en 2023, la región captó unos 4.000 millones en capital de riesgo. Las cifras no son estrictamente comparables, pero dimensionan la brecha.

El capital busca escala de mercado, estabilidad institucional y equipos de calidad. Venezuela enfrenta desventajas en las dos primeras; en la tercera tiene mucho que ofrecer.

Hasta el mejor pelotero encuentra difícil ganar cuando la pelota pica mal y las reglas cambian a mitad del juego. Pero el bateador no puede pedir tiempo para nivelar el terreno: ajusta el cuerpo, cambia el ángulo del bate y conecta.

Las nuevas academias 

Aun así, comienzan a surgir nuevas academias para el emprendimiento: EmprendeTECH, del IESA y BID Lab, con cinco cohortes y cientos de emprendedores formados; el Dividendo Voluntario para la Comunidad, con su Alianza Plateada; la UCAB, la Universidad Metropolitana y otras organizaciones. Empresas Polar se suma con su programa 1.000 Empresas, que aspira a acompañar la creación de mil nuevos negocios antes de su centenario, en 2041, con mentorías, capital semilla y apoyo empresarial.

Son iniciativas valiosas, pero ninguna academia gana sola un campeonato: quienes forman talento, aportan capital y abren mercados deben jugar como un equipo.

Mientras reconstruimos el estadio, el juego continúa. Esperar condiciones ideales puede convertirse en un disfraz elegante del miedo al fracaso.

El próximo lanzamiento

Venezuela necesita capital, tecnología y conocimiento. Pero también recuperar algo que no aparece en los balances financieros: la confianza en nuestra capacidad de construir futuro.

Cuando se apagan los reflectores y los invitados regresan a sus países, comienza el verdadero desafío: convertir las promesas en resultados. No podemos seguir esperando que otros nos construyan el terreno donde queremos jugar.

Y si hoy te toca batear con dos strikes, haz lo que hacen los buenos bateadores: acorta el swing y pon la bola en juego. Busca este mes tu primer cliente que pague. Ese sencillo vale más que cualquier promesa de jonrón.

La vida, como el béisbol, también se juega alguna vez en tres y dos. Hay oportunidades que no regresan y momentos en los que permanecer inmóviles también significa tomar una decisión. No siempre podemos escoger el lanzamiento, pero sí decidir cómo enfrentarlo.

El lanzamiento viene en camino. Estamos en tres y dos. Venezuela tiene el talento. Nos corresponde construir el equipo, recuperar el terreno y atrevernos a ganar.

@luiseloy360

Enlaces relacionados

Noticias Relacionadas