
En una nevera aparecieron las dos piernas amputadas. En una olla de cocina, un cráneo con un agujero en la parte posterior, varias costillas, cabello y restos de carne humana mezclados con zanahorias y rábanos. En otra cacerola, se encontraron fragmentos de huesos y más tejidos humanos. Los restos habían permanecido durante horas hirviendo. Junto a aquel macabro escenario había una sierra eléctrica, una picadora de carne, cuchillos de carnicero, un martillo y varios impermeables negros. Las paredes estaban protegidas con lonas. Era un pequeño piso de Hong Kong convertido, según la descripción de la policía, en una carnicería humana.
Por elmundo.es
Allí acabaron en 2023 los restos de Abby Choi, una popular influencer de 28 años, madre de cuatro hijos y habitual de las pasarelas internacionales. Tres años después, el juicio por su asesinato se ha convertido en un culebrón judicial que mantiene en vilo a la antigua colonia británica: una fortuna millonaria, una familia enfrentada, deudas, secretos sexuales y tres hombres sentados en el banquillo por uno de los crímenes más atroces que se recuerdan en la ciudad.
La víctima se codeaba con diseñadores en París, asistía a desfiles de alta costura y aparecía en publicaciones como Vogue, Elle y Harper’s Bazaar. Días antes de desaparecer había protagonizado una portada digital de L’Officiel Monaco. Su vida transcurría entre viajes internacionales y fiestas de la alta sociedad hongkonesa. Pero detrás de aquel escaparate de glamour se escondía una compleja historia familiar que acabaría en tragedia.
Abby se había casado muy joven con Alex Kwong, con quien tuvo dos hijos. Tras separarse, comenzó una relación con Chris Tam, heredero de una acaudalada familia vinculada al negocio de la restauración. Tuvieron otros dos hijos y celebraron una ceremonia matrimonial, aunque nunca registraron legalmente su unión. La modelo, lejos de romper con su pasado, siguió manteniendo económicamente a su ex marido y a su antigua familia política. Una generosidad que, según sostiene ahora la Fiscalía, terminó convirtiéndose en una trampa mortal.
En el centro de la disputa había un lujoso apartamento en una exclusiva zona residencial de Hong Kong, valorado en 72 millones de dólares hongkoneses, unos ocho millones de euros. Abby había financiado su adquisición, pero la vivienda figuraba a nombre de su ex suegro, Kwong Kau, un sargento de policía retirado. Cuando la influencer decidió venderla, estalló la guerra familiar. Según la acusación, el antiguo agente decidió conspirar con sus dos hijos para asesinarla y evitar perder la propiedad.
La Fiscalía sostiene que el crimen fue preparado durante semanas. El ex suegro y Anthony Kwong, hermano mayor de Alex y además chófer de Abby, recorrieron varios establecimientos comprando una sierra eléctrica, una picadora de carne, un frigorífico de segunda mano, recipientes de cocina y productos para disimular los olores. También alquilaron un pequeño apartamento cerca de la frontera con China continental. Aquella casa acabaría convertida en el escenario de una operación de descuartizamiento.
El 21 de febrero de 2023, Abby subió al vehículo conducido por su ex cuñado creyendo que iba a recoger a su hija del colegio. Su ex marido también se encontraba en el vehículo. La reconstrucción presentada ante el jurado sostiene que la mujer recibió golpes en la cabeza con un martillo. Tres días después, la policía encontró parte de sus restos descuartizados. Alex fue detenido el 25 de febrero cuando intentaba huir en un ferry.
Las últimas sesiones del juicio han añadido nuevos capítulos a este melodrama criminal. Chris Tam, la pareja de la víctima, ha relatado cómo el ex suegro insultó a Abby durante una discusión familiar, llamándola “máquina de dar a luz”, e incluso intentó agredirla. Durante su interrogatorio también salió a relucir una deuda de juego de cinco millones de dólares hongkoneses (algo más de 550.000 euros) que Tam había contraído en un casino de Macao. Su padre terminó haciéndose cargo de la deuda después de que recibir amenazas, mientras que el ex suegro de Abby, aprovechando sus antiguos contactos policiales, intervino para ayudar a resolver el conflicto.
Pero el episodio más extravagante llegó cuando la defensa insinuó que Chris Tam había mantenido una relación sexual con Alex Kwong, el ex marido de Abby. En el juicio se ha puesto al descubierto otra peculiaridad de este enredo familiar: ambos hombres habían sido compañeros de colegio y amigos íntimos. De hecho, fue el propio Alex quien presentó a Abby al hombre que acabaría convirtiéndose en su nueva pareja.
Del escrutinio judicial tampoco se ha librado la madre de la víctima, Cheung Yin-fa, cuyos problemas económicos han protagonizado otra inesperada derivación del proceso. Durante las declaraciones ha salido a relucir una disputa por una supuesta deuda de 1,6 millones de dólares hongkoneses (unos 180.000 euros) con una mujer a la que había conocido jugando al mahjong, el tradicional juego chino de fichas. Cheung aseguró que aquella cuenta llevaba siete años saldada, pero también reconoció haber perdido “varias decenas de millones” en partidas de casino en Jordania.
Mientras los testimonios siguen destapando las intimidades de dos familias adineradas de Hong Kong, los nueve miembros del jurado deben resolver una cuestión mucho más grave: quién planeó y ejecutó el asesinato de Abby Choi. Los tres acusados se enfrentan a cadena perpetua.