Humberto García Larralde: Capitalismo de compadrazgo de alcance mundial
20 Oct 2026, 11:39 9 minutos de lectura

Humberto García Larralde: Capitalismo de compadrazgo de alcance mundial

Por La Patilla

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Entre los aciertos del recordado Juan Nuño está el haber señalado que en las elecciones de EE. UU. deberíamos votar todos, pues sus resultados afectan al mundo entero. Somos, efectivamente, dolientes de lo que deciden los estadounidenses sobre quien poner al frente de su gobierno. Ningún momento más aleccionador de ello que el actual. Alentados por prejuicios, resentimientos y mentiras cultivadas en algunos medios, la mitad de los estadounidenses eligieron como presidente hace dos años a la persona que Bernie Sanders considera la más peligrosa para ello en toda la historia de ese país. Un narcisista acomplejado, corrupto y sin freno moral, que busca hacer y deshacer a capricho, saltando por encima de reglas y acuerdos gracias a que ocupa el cargo más poderoso del mundo. 

Una rápida ojeada de sus 22 meses de gobierno arroja, sin tener que hurgar mucho, las siguientes perlas: la destrucción de los cimientos de la alianza occidental sobre la que venía sosteniéndose un orden mundial basado en reglas; la guerra comercial inventada contra su aliado más cercano, Canadá, con importantes costos para su población; amenazas de tomar por la fuerza a otro aliado, Groenlandia; intimidación deliberada a muchos más para arrancarles concesiones asimétricas; imposición arbitraria y discrecional de tarifas a sus socios comerciales, que ha encarecido el flujo de bienes y servicios; sin mencionar el desprecio imperial a sus vecinos al sustituir los nombres del Golfo de México y del lago Ontario, canadiense, con el “de América”. No podían faltar los proyectos inmobiliarios perseguidos en distintas partes al amparo de negociaciones diplomáticas conducidas por su yerno, hijo y/o amigos. 

Más directamente letal ha sido su respaldo, sin remilgos, a la respuesta genocida de Netanyahu al despiadado ataque terrorista de Hamas de 2023, masacrando, indiscriminadamente, a más de 70.000 ciudadanos gazatíes y arrasando, con armas suministradas por EE. UU., buena parte del territorio en que viven. Espoleado por este “amigo”, lanzó una guerra contra Irán que aún no se le ve fin, causando cuantiosos daños y pérdidas humanas, y atrincherando en el poder a una autocracia teocrática sanguinaria que, con su Guardia Revolucionaria, ha asesinado a miles de iraníes. Interrumpió el flujo diario de millones de barriles de crudo por el Estrecho de Ormuz, elevando los precios del combustible y del transporte de muchos bienes, y extendió el conflicto bélico a buena parte del medio oriente. 

Ahora, tratando de evitar la derrota de su partido en dos semanas en las elecciones midterm, traiciona abiertamente a los ucranianos, levantando las sanciones acordadas en el congreso de EE. UU. en contra de Vladimir Putin por su agresión a Ucrania y le compra a éste miles de millones de dólares en diésel, mientras le echa la culpa a Zelenski de su alza de precios. Y es que Trump –porque de él se trata– siente atracción particular por los “hombres fuertes”, figura que pretende encarnar sacudiéndose de los controles democráticos. De ahí su arremetida contra la Corte Penal Internacional, cuya misión es enjuiciar a muchos de estos déspotas por los crímenes de lesa humanidad cometidos. ¡Might is right! sería su consigna. Sólo lo limitaría su propia moral, como afirma, para salvar al mundo. 

¿Y Venezuela? La historia enseña que los regímenes fascistas solo salen por la fuerza y Trump fue quien la proporcionó para sacar a Maduro. Por ello estaríamos eternamente agradecidos si no fuera por el hecho de que se alió, de seguidas, con quien fuera su vicepresidente, dejando, en la práctica, la estructura de poder del dictador. Se me objetará que tal señalamiento es injusto, pues ha habido la excarcelación de centenares de presos políticos, hay más libertad de opinión ahora y se adecuaron a las realidades del momento algunas leyes, como la de Hidrocarburos. También hay un proceso de negociación en curso entre representantes de la oposición democrática, encabezados por Dinorah Figuera, y del chavismo, comandados por Jorge Rodríguez, que se propone, formalmente, acordar las condiciones que permitirían una transición pacífica hacia la democracia plena. En su agenda, se ha priorizado la renovación del TSJ y del CNE que, de materializarse a satisfacción en tiempo prudencial, augura posibilidades de una pronta elección, con garantías, para la formación de un gobierno estable que responda, al fin, a la voluntad popular. Sin embargo, surge la suspicacia porque tales avances parecen deberse, no a un compromiso sentido por quienes aún controlan el poder, sino a la presión de quienes tienen agarrado la sartén por el mango del protectorado que instalaron en Venezuela.

Ellos afirman, repetidamente, que se sigue una estrategia de tres etapas: estabilización, recuperación económica y transición democrática. Hay que tener paciencia, nos advierten, pues cada fase es condición para avanzar en la siguiente. En atención a ello, todavía no se anticipan fechas para las elecciones, ya que Venezuela aún no está preparada para ello. Como si la superba organización que garantizó el triunfo abrumador e inobjetable del 28J no hubiera existido. Pero además, el secretario Marco Rubio, en quien se nos pide confiar y parece ser una persona sensata, dada su gran experiencia política, tiene como jefe al energúmeno causante de la problemática antes comentada. 

Y uno se pregunta, si debemos confiar en la estrategia de Rubio, ¿Por qué, luego de nueve meses, no se conoce cuánto ha entrado a la Tesorería de EE. UU. proveniente de la exportación de crudo venezolano, cuánto ha sido desviado en cobros de cuentas allá, cuánto se le ha entregado a la agente local del protectorado y en qué lo ha gastado? Y el mega-acuerdo petrolero del que tanto se vanagloria Trump, ¿Recoge el auténtico interés de Venezuela? Pone en manos de Alejandro Betancourt, con respaldo del Pentágono, la búsqueda de inversiones mil-millonarias de las mayores empresas del ramo para desarrollar una gigantesca concesión, contentiva de una quinta parte de las reservas de petróleo que el país alega tener. El referido individuo, conocido por su participación en Derwick, empresa que estafó al país con un contrato para el suministro de plantas eléctricas al país, es todo menos confiable. Por la poca experiencia y tamaño de su empresa, y porque lo conocido de este mega-acuerdo viola la constitución y la propia Ley de Hidrocarburos recientemente reformada, hay dudas legítimas sobre su viabilidad. Finalmente, circulan indicios del presunto involucramiento de amigotes de Trump y del propio Rubio en la tan onerosa contratación de Centerview Partners, fondo de inversiones, para conducir la reestructuración de la descomunal e impagable deuda pública externa, y se margina al FMI, que ofrece un respaldo mucho más sólido, capacitado y menos costoso para un análisis de sostenibilidad de deuda realista que sirva como aval para negociar mejores condiciones.. 

Un artículo mío reciente invitaba a pensar mal para descifrar lo que se proponía para el país. Y este contubernio entre quien ha dado pruebas fehacientes de no respetar otros intereses que no sean los suyos, con quien representa lo que queda de la corporación criminal que expolió al país, no augura nada nuevo. Si Trump insiste en hacer lo que le apetece en su propio país, que aún preserva sus instituciones, ¿quién lo va a contener aquí en Venezuela? Uno sospecha que consiguió la mejor aliada, en Delcy Rodríguez, para hacer avanzar sus apetencias aquí. “She´s wonderful!” La posibilidad de que esta relación simbiótica sea vehículo para afianzar un capitalismo de compadrazgo (crony capitalism) para continuar con el expolio de Venezuela es indignante e inaceptable. 

En las venideras elecciones midterm no votamos, como reclamaba Juan Nuño, pero podemos aspirar a que sean ganadas, de manera contundente, por representantes demócratas –y porqué no, junto a republicanos responsables– que le pongan coto a la amenaza naranja mezquina que pende sobre nosotros. Aun así, algunos analistas señalan que en minoría, cual animal acorralado, será peor. De nuestra parte, urge avanzar en la movilización popular y la creación de condiciones para elegir, cuanto antes, un gobierno y una Asamblea Nacional que responda a los intereses de la nación y que sea capaz de convocar a las mayorías para la reconstrucción del país. La mejor señal para que allá en el norte, como entre nuestros países hermanos, entiendan cuáles son nuestros verdaderos intereses.  

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