Ángel Montiel: “Estoy aquí”
29 Oct 2026, 12:33 5 minutos de lectura

Ángel Montiel: “Estoy aquí”

Por Opinion

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Cuatro palabras bastaron para dinamitar diez meses de hermetismo: “Estoy aquí. Con ustedes”. El mensaje lanzado sin previo aviso a las 11:45 de la mañana del domingo, confirmó el secreto mejor guardado de la política venezolana: María Corina Machado había cruzado la frontera rompiendo de un solo golpe el frágil equilibrio del país y acelerando un juego de ajedrez político que hasta hace horas parecía congelado.

Su primera aparición pública no fue en una plaza ni en un mitin programado por su partido, Vente Venezuela. Ocurrió bajo el techo colonial del santuario de la Virgen de la Divina Pastora, en el pueblo de Santa Rosa en el estado Lara. Quienes asistían a la Eucaristía dominical pasaron del murmullo de las oraciones al llanto en cuestión de segundos al ver entrar de improviso a la líder opositora. Vestía su característica franela blanca, acompañada de sus colaboradores Henry Alviares y Carlos Fernández, y mostró el rostro tras 320 días fuera del territorio nacional y un largo período en la clandestinidad.

La travesía para volver a pisar suelo venezolano emuló una odisea de realismo mágico. Tras salir del país de forma clandestina en diciembre de 2025 para recibir el Premio Nobel de la Paz en Oslo, las puertas institucionales se le habían cerrado por completo. Este regreso triunfal, el noveno intento real, se ejecutó sin pasaporte vigente ni vuelos comerciales a su disposición, la líder de la oposición eludía los controles fronterizos en lo que los analistas ya describen como un quiebre consentido de las grietas internas del poder.

La noticia activó un efecto dominó que las fuerzas de seguridad del régimen interino de Delcy Rodríguez no pudieron contener. A medida que el vehículo de Machado avanzaba, la autopista que conecta a Occidente con el Centro se transformó en una inmensa procesión humana de motos, carros y gente con banderas.

El aparato comunicacional del Estado no tardó mucho en reaccionar montando su propio despliegue para intentar eclipsar la movilización. El punto álgido de la contraofensiva oficialista tuvo lugar en el estado Carabobo. En una transmisión por las redes sociales y canales “privados” de televisión  como Globovisión –de clara línea editorial oficialista–, la presidenta interina Delcy Rodríguez apareció junto al gobernador Rafael Lacava en un evento cargado de la habitual retórica histriónica que caracteriza la gestión del gobernador de marras.

Con música a alto volumen, muchas luces y una puesta en escena que la gente en las redes no tardó en calificar de “show” del mandatario regional –frecuentemente tildado por la crítica como el “gobernador payaso” por sus excentricidades–, éste bailó y gesticuló frente a las cámaras mientras Rodríguez minimizaba el retorno de Machado.

“Aquí hay un pueblo produciendo, no cayendo en shows de quienes vienen a buscar el aplauso extranjero”, exclamó Rodríguez entre la arenga y los saltos de Lacava, en un intento por proyectar total normalidad y control de la situación, ignorando el apagón que ocurría a pocas cuadras de la tarima.

Al caer la tarde, la entrada de Caracas colapsó. Miles de personas tomaron las vías de acceso y expresaron una mezcla de euforia, desahogo y reclamo. “Tenemos esperanza y esta vez no nos van a volver a robar los votos”, gritaba un ciudadano, manifestando el sentir de una población agotada tras años de parálisis económica, los estragos de los terremotos y un interinato político que no termina de definir su rumbo ante el colapso definitivo.

La llegada de Machado no es solo un hito emotivo: reconfigura por completo el frágil equilibrio político de Venezuela en este cierre de 2026. El país navega por aguas turbulentas desde los históricos acontecimientos del 3 de enero que terminaron con la captura de Nicolás Maduro. Bajo la actual administración interina Washington ha mantenido una presión asfixiante para forzar una transición real, y el regreso de la premio nobel que parece ser el fruto de esas negociaciones diplomáticas, tal como dejó ver el secretario de Estado de los Estados Unidos Marcos Rubio.

El tablero político venezolano ha cambiado de velocidad. La líder impredecible está de vuelta, y con ella, la certeza de que los meses venideros definirán, finalmente, si la transición en Venezuela es un proceso irreversible o una eterna promesa en el horizonte.     

@angelmontielp

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