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El significado y la necesidad que encierra “construir ciudadanía” no son nuevos, solo que, en Venezuela, la falta de ciudadanía no significó solamente una debilidad coyuntural, sino que produjo, protegió y extendió los mecanismos que llevaron al país a la tragedia presente, a la situación más grave que una nación puede sufrir: la desintegración de su sociedad.
Al contrario de lo que se pudiera pensar, ese proceso de desintegración no ocurre únicamente por la existencia de guerra armada, genocidios sistemáticos o divisiones abruptas del territorio de un país. Ocurre también, cuando esas personas renuncian a sus responsabilidades, sus instituciones y los bienes o servicios que cada uno puede proveer a todo el contexto. El deterioro se conforma como una declaración de consentimiento.
Regresando al concepto inicial, hacerlo operativo es lo que resulta raro y curioso. Ver en la práctica como se comienza semejante proyecto, queda reservado a los que han tenido la posibilidad de verlo porque viven en una “remota” zona de Venezuela. Específicamente en los Andes venezolanos, en el municipio Santos Marquina del estado Mérida, que posee alto potencial en turismo, gastronomía, hidráulica, agropecuario, académico y científico desconocido por muchos.
En lo concreto y fundamental de un municipio como “Entidad Política primaria para actuar con autonomía, recursos y poderes propios en la realización de los fines públicos que, trascendiendo de la esfera donde actúa el núcleo familiar no llega a caer en los espacios que corresponden a otras entidades públicas de más alto nivel político. Es por tanto una unidad autónoma, preexistente a toda Constitución política” (Leopoldo Saavedra. Cartilla Cívica. 2021); ahí es donde todo comienza.
Al ser un lugar donde germinan las ideas, los planes y sus promotores la construcción de ciudadanía ha tenido con mucha ilusión pasos concretos. Entonces se recrudece el debate en cuanto a la ciudadanía: ¿aparece espontáneamente o es producto de fuerzas de moldeado? De acuerdo a Horrach Miralles, J.A. (2009) sobre el concepto de ciudadanía: historia y modelos, que se presentan a continuación, el análisis queda pendiente para cada quien.
Por un lado, la ciudadanía liberal se enfoca en la libertad negativa, la primacía de los derechos individuales y la neutralidad estatal mediante una participación política meramente representativa, en contraste con la ciudadanía republicana que promueve la libertad positiva y la formación de virtudes cívicas para fortalecer el lazo entre individuo y comunidad. Por su parte, la ciudadanía comunitaria antepone la cohesión cultural y la identidad colectiva por encima de la autonomía individual, mientras que propuestas como la ciudadanía diferenciada recurren a medidas de carácter temporal para corregir la discriminación histórica de grupos marginados.
En una línea orientada al pluralismo cultural, la ciudadanía multicultural defiende el reconocimiento permanente de derechos específicos para minoría étnicas, religiosas o nacionales; y la ciudadanía postnacional plantea el marco de Estado-nación mediante el patriotismo constitucional para integrar la diversidad bajo una misma norma legal y, finalmente, el cosmopolitismo cívico trasciende los límites territoriales para proponer una red global de derechos y deberes al alcance universal.
Nota final del autor: entre el murmullo de sus ríos y la niebla de las montañas de los Andes, alguien en este municipio comenzó en silencio, pero con firmeza, a tejer los hilos de esa ciudadanía pendiente. Se desconoce aún el alcance de su empresa o si su nombre quedará inscrito en la historia de la comunidad, pero su huella se siente en cada rincón donde aún queda esperanza.