
Los científicos habían advertido al gobierno que no construyera a lo largo de la franja costera venezolana de La Guaira.
Por Regina Garcia Cano y Garance Burke | AP
Las comunidades caribeñas junto al mar en esa zona, cerca de Caracas, estaban cerca de una importante falla y de una cordillera que había desatado repetidos desastres naturales destructivos. El suelo era malo, un tipo de limo que solo amplificaría la sacudida en un terremoto.
Al ignorar el consejo, el gobierno levantó exactamente el tipo de edificios equivocado para ese lugar: altos complejos de apartamentos de concreto.
Todo era una receta para la destrucción, según una investigación de The Associated Press basada en entrevistas con decenas de ingenieros, sismólogos y exfuncionarios del gobierno.

La gente de La Guaira nunca tuvo oportunidad el 24 de junio, cuando potentes sismos consecutivos sacudieron la zona.
Carlos Valdés, jefe del departamento de sismología del Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México, afirmó que estaban “retando a la naturaleza” cuando los funcionarios del gobierno decidieron construir allí.
Los sismos mataron a más de 6.500 personas y dejaron a más de 17.000 sin hogar. El gobierno de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, ha hecho poco para apaciguar la rabia de quienes sobrevivieron a los sismos en los tres meses transcurridos desde aquella noche de junio, y no ha abordado por qué colapsaron tantos edificios y murieron tantas personas.
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