
“Los texanos están listos para el cambio. Estamos hartos del extremismo y la corrupción. Estamos cansados de la política de la división y estamos preparados para algo nuevo”.
Por BBC
Así clamó el demócrata James Talarico, de 37 años, en uno de sus últimos eventos de campaña, celebrado la semana pasada en Lubbock, Texas.
Y este martes provocó lo que los analistas describen ya como un “terremoto electoral”, al conquistar un escaño en el Senado por ese estado, una de las contiendas clave de estos comicios de medio mandato.
Talarico, quien renunció a un asiento en la Cámara de Representantes estatal para competir por el Senado federal, venció a su contrincante republicano, el polémico exfiscal Ken Paxton.
“Acabamos de recuperar Texas”, dijo Talarico en su discurso ya como ganador. Tras hacer referencia al multimillonario respaldo financiero que obtuvo su rival, entre otros del magnate tecnológico Elon Musk, subrayó que “el poder le pertenece a la gente”.
“En esta carrera, nos enfrentamos a nuestros propios Goliat: el hombre más rico del mundo, el hombre más poderoso del mundo y todo el establishment de Washington”, dijo durante el evento en la capital de Texas, Austin. “Y los vencimos”.
La victoria de este progresista moderado con sólidos valores cristianos acaba con más de tres décadas de derrotas del Partido Demócrata en el estado de la Estrella Solitaria. Y es que Texas no había elegido a un senador demócrata desde 1988.
Pero el valor simbólico de su triunfo, al ocurrir en uno de los bastiones del Partido Republicano, va más allá de esta elección.
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