
Óscar Puente entró en la comisión del Congreso con su habitual porte de seguridad y desafío. Parecía el Bruce Willis que conocíamos en La jungla de cristal, pero, en realidad, era el de El sexto sentido. Estaba muerto —políticamente—, aunque nadie lo sabía.
Por El Español
Era el último show del ministro-espectáculo de Pedro Sánchez.
Durante cuatro largas horas, Puente evitó deslizar siquiera la posibilidad de que fuera a dimitir tras dos tragedias ferroviarias en nueve meses. Es más, llegó a atacar con fiereza al PP y a Vox por exigirlo.
“Entiendo que me lo pida Compromís o Bildu”, disparaba el ministro, situando moralmente a los de Arnaldo Otegi por encima de la oposición, y con gran comprensión hacia sus socios, a los que casi parecía pedir perdón por haberles puesto en la tesitura de tener que reclamar su dimisión.
“Demuestre que no es como el PP”, le conminaba la portavoz de Sumar (ahora Frente Amplio), Verónica Martínez Barbero.
Todo tras una mañana en la que Puente había presumido del respaldo de los ministros del socio minoritario mientras Ada Colau, la nueva líder de ese espacio, le pedía su dimisión.
El ministro de Transportes, Óscar Puente, este martes en el Congreso.
Lo cierto es que todos los partidos, a excepción de la portavoz de Bildu, acabaron pidiéndole que abandonara.
Cuando le reclamaban explicaciones por la difusión de los audios, Puente deslizaba: “No me voy a parapetar detrás de nadie, pero tampoco voy a servir de parapeto de nadie”.
Incluso se prestaba a las chanzas. Parecía el Puente de siempre: el aguerrido portavoz en la sombra de Pedro Sánchez, dispuesto a bajar al barro con tal de defender al Gobierno y nunca a arrojar la toalla.
Cuando Pepa Millán pidió “una oración” por los fallecidos, Puente lo anotó en su agenda y, más tarde, le replicó: “En fin, a Dios rogando y con el mazo dando”.
Para seguir leyendo, clic AQUÍ.