Sacando lecciones de un Teletón , por Domingo Alberto Rangel
19 Oct 2026, 10:27 5 minutos de lectura

Sacando lecciones de un Teletón , por Domingo Alberto Rangel

Por La Patilla

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Siempre los venezolanos hemos sido solidarios pero remedando la manera con que la Constitución define las situaciones en las cuales la democracia representativa se impone sobre la participativa.

Así en días pasados y en ocasión a que esperaba unos pollos asados, mientras conversaba con la joven que atendía la caja la vi con dificultades para sumar unas facturas, y de metiche le ofrecí ayuda toda vez que desde los tiempos de estudiante aprendí a sumar sin lápiz y papel.

La muchacha aceptó y me pasó un rollo gordo de facturas ya pagadas… eran bastantes por lo que dije “el negocio va bien”.

Me contestó que no tanto porque la mayoría de esas facturas no llegaban a los dos dólares… y reflejaban el gasto de una clientela que antaño pedía pollos y ahora se toma una cervecita.

La historia viene a colación porque escuchando el transcurso del Teletón… recolecta y ayuda destinada a la reconstrucción de La Guaira según dicen… y pudiendo conversar con una de las anclas… me entero que las donaciones fluyen… pero como los clientes de la pollera… “de a poquito”.

Nada particular si se entiende que nuestro país hace rato dejó de ser considerado “rico”… aunque según algunos compatriotas… sobre todo los demagogos… somos “el país más rico de la tierra”.

Vaya, vaya.

Pero volviendo a la solidaridad del venezolano recuerdo de niño que entonces y a pesar de que en la Venezuela que gobernó el dictador Pérez Jiménez quizás sobraban los recursos… también se hacían recolectas “para los niños pobres del páramo”.

Nuestro núcleo familiar con los padres en el exilio y dos niños a cargo de una tía que lo dio todo por nosotros más una pequeña pensión de mi abuela materna… éramos pobres… pero la abuela colaboraba con la recolecta para los aún más pobres.

Era poco lo que ella podía dar… pero igual recuerdo que lo recogían a domicilio… no se robaban las donaciones que junto a otras pequeñas contribuciones era más lo que se juntaba antes que ahora.

La radio e incluso la incipiente TV mencionaban los grandes donantes que curiosamente no venían de las grandes fortunas.

Ese año que recuerdo de niño, todos quedaron asombrados cuando un constructor italiano entregó un cheque por un millón de bolívares que eran más o menos 300. 000 dólares.

El constructor al día siguiente voló a Europa y el cheque carecía de fondos.

Hoy es muy difícil repetir no la trampa el engaño… y la más grande donación… quitando de la contienda a los organismos multilaterales que manejan dineros públicos… de milagro llega a los 10. 000 dólares como corresponde a un país empobrecido… que tiene que cambiar aunque la casta politiquera no lo quiera.

Esa disminución del tamaño de las grandes contribuciones comprueba la tesis del país que empobrecido… debe cambiar.

Y el cambio ni siquiera tendría que ser ideológico porque en ese campo la mayoría de los políticos e incluso quienes entre ellos tienen cargos de representación… sabe de qué se trata y en la América hispana vienen fracasando liberales, socialistas, comunistas y hasta nacionalistas medievales de liqui liqui y finca improductiva.

Es un cambio de actitud… de concertar soluciones a los problemas… incluso con gente que a uno no le gusta.

De tener claro que  para salir de este atolladero se necesitan casi todos… con pocas excepciones.

Y me refiero entre esas excepciones a quienes por sus mezquinos intereses no van a cambiar… a los que siguen llamando a tropas extranjeras para que nos invadan.

A los que pagan pobres diablos para que cierren calles y autopistas sin permiso… y cuando los atrapan en flagrancia… ni siquiera les envían un abogado.

Vean el abandono en que están los familiares de presos políticos que desde diciembre pasado acampan frente a la embajada de los Estados Unidos.

Excluida esa gente como predicó Cristo… démosle la mano a los que vienen a colaborar con el larguísimo camino entre este atolladero… y un país sin deudas que es otra forma de perder soberanía… con un Poder Judicial confiable y unos diputados capaces.

No es tanto pedir.

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