
Sobre la guerra de independencia de Venezuela (1810-1823) muchos historiadores coinciden en que 1814 fue un año horribilis, que marca el recrudecimiento de la guerra donde la causa realista al mando de Boves perpetró las mayores atrocidades, de forma tal que la causa republicana estuvo cerca de desaparecer.
El triunfo de este caudillo en la batalla de La Puerta (estado Guárico), empujó a las huestes republicanas y a gran parte de la población a la emigración a Oriente. Nada fue fácil en la conquista de la independencia, en honor a la verdad, este no fue el único año de penuria, compitió con 1812 y la caída de la primera república y con 1815 cuando llegó al país la expedición comandada por el Mariscal de Campo Pablo Morillo.
Hago esta digresión en un momento crucial de nuestra historia actual, los sucesos de este año de 2026, en el que los venezolanos después de haber experimentado un breve alivio con la salida de Maduro, nos encontramos al presidente Trump recibiendo en el Hotel Lotte Palace de Nueva York, nada menos que a Delsy Eloina Rodríguez, la número dos del Cartel de los Soles, quien, de esta manera, logra su apoteosis.
La asociación Trump-Delsy, hasta entonces inimaginable, se ha convertido en una realidad que se consolida con un Trump carente de todo principio, que solo entiende de su propio lucro, el de su familia y sus asociados. La conquista del país se consolida, paso a paso:
Primero, la extracción de Maduro el 3 de enero significó, en sí mismo, un golpe financiero. Al día siguiente, las empresas petroleras y mineras que tenían interés en Venezuela vieron sus acciones en la Bolsa de Valores de Wall Street, incrementarse en 50 mil millones de dólares ¡Negocio redondo!
Segundo, obedientemente y en tiempo récord, el muy socialista y antiimperialista PSUV aprueba en la Asamblea Nacional las nuevas leyes de Hidrocarburos y Minas, regalándole a las empresas petroleras, el petróleo prácticamente, exento de impuestos.
Tercero, en el mes de agosto, el gobierno le da una concesión sobre 65.000 millones de Reservas Petrolíferas Probadas a una compañía recién creada, la North American Blue Energy Partners (NABEP) – que preside el bolichico venezolano Alejandro Betancourt – sobre 17 campos petroleros, por el lapso de 100 años que, de inmediato, admite como socio propietario, y con prioridad en la compra, a la Office of Strategic Capital y al Departamento de Estado, dándole control efectivo sobre la compañía al gobierno norteamericano.
Cuarto, respecto a las reservas auríferas de El Callao, Minerven en acuerdo con las empresas Trafigura y Henney Capital, privilegia a las empresas norteamericanas, al punto de que una investigación del New York Times concluye que lo único que ha cambiado en Guayana es que ahora el oro se exporta exclusivamente a Estados Unidos, desplazando a Irán, Rusia y China.
Venezuela perdió lo que le quedaba de independencia. La posibilidad de mejoras para la población es inexistente, aunque continuarán las promesas. Estamos de nuevo en 1814 y nos queda un camino, como prometió a Inglaterra Winston Churchill, de “sangre, sudor y lágrimas.”
Gerardolucashistoriador.com