
Donald Trump, en Washington, lo presentó como el “mayor acuerdo petrolero de la historia”. Delcy Rodríguez, la líder del régimen chavista, afirmó que es el comienzo de una nueva etapa de recuperación, crecimiento y prosperidad.
Por France24
El anuncio de Estados Unidos tiene lugar en medio de una crisis por la guerra iniciada por Trump contra Irán que ha provocado un cierre del estratégico estrecho de Ormuz y ha disparado el precio de la gasolina en EE. UU. por encima de los 4 dólares por galón
Entre esas dos promesas hay, según Washington, una operación de dimensiones enormes: 17 campos, 65.000 millones de barriles de reservas probadas, derechos de explotación por 100 años y una participación efectiva de Estados Unidos sobre el 55% de la producción de la nueva empresa que estará a cargo del negocio.
No obstante, Delcy Rodríguez, informó este sábado que el acuerdo petrolero con Estados Unidos tendrá una vigencia de 25 años con un objetivo de producción superior a 1,5 millones de barriles diarios.
Para Washington, los beneficios parecen más fáciles de identificar. El acuerdo le garantiza acceso a petróleo venezolano a costo, una fuente cercana de suministro para sus refinerías y crudo para recomponer su Reserva Estratégica y abastecer necesidades militares.
Para Venezuela, por el contrario, la ecuación parece más complicada: a cambio de abrir una parte considerable de sus reservas, el Gobierno apuesta a que regresen el capital, la tecnología y la capacidad operativa que su industria perdió durante años de deterioro.
La pregunta es, entonces, qué recibe en realidad Venezuela y qué modelo petrolero puede quedar después.
“Por ahora estamos ante una alianza político-comercial”, explica a France 24 el doctor César Mata, especialista venezolano en derecho petrolero. Pese a la magnitud de los anuncios, todavía no se conoce el texto completo del acuerdo ni se han terminado de formalizar sus aspectos legales y contractuales.
Convertir el petróleo bajo tierra en dinero
Venezuela tiene 303.806 millones de barriles de reservas probadas, según el Ministerio de Hidrocarburos, las mayores del planeta. El acuerdo compromete unos 65.000 millones, más del 21% del total. Pero tener petróleo bajo tierra y poder obtener riqueza del mismo son dos cosas distintas.
Para Mata, esa es la principal ganancia venezolana.
“En el caso de que esto se concrete, Venezuela empieza a explotar recursos que en el subsuelo no valen nada”, señala. El país puede monetizarlos a través de operaciones propias o extranjeras y volver a obtener ingresos de activos que hoy, en gran medida, permanecen improductivos.
Caracas estima que el desarrollo de los 17 campos atraerá más de 100.000 millones de dólares de inversión y dejará unos 209.000 millones de dólares en ingresos fiscales para el Estado.
El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, asegura que generará miles de empleos bien remunerados y contribuirá a reconstruir la economía venezolana.
Mata considera que la cifra de inversión es realista. Estimaciones sobre cuánto costaría recuperar la industria venezolana han oscilado durante años entre decenas de miles y hasta 200.000 millones de dólares. Aun así, una cosa es comprometer el capital y otra conseguir que llegue y se ejecute.
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