
La investigación a José Luis Rodríguez Zapatero en el ‘caso Plus Ultra’ transcurre por dos vías paralelas. Por un lado, la judicial en la que el expresidente está dispuesto a utilizar todos los resortes legales que le exoneren y, por otro, la de la opinión pública.
Por ABC
Su imputación ya supuso un verdadero seísmo en el espectro de la izquierda —trascendiendo el ámbito de influencia del Partido Socialista— y el avance de las pesquisas va comprometiendo progresivamente su credibilidad como referente político. A pesar de que la trama societaria, supuestamente diseñada para ocultar el cobro de comisiones por el éxito del rescate a la aerolínea, sea el elemento central de la investigación; fue el hallazgo de un ajuar en la caja fuerte de su despacho de la calle Ferraz lo que ha tenido un impacto demoledor para su imagen y, por extensión, para el PSOE y el Gobierno.
En ambas esferas llevan tiempo tratando de sobreponerse a la sucesión de golpes que este caso está infligiéndoles. Este miércoles llegó uno más. Después de tres meses dilatando las explicaciones sobre el origen de las joyas, Zapatero se dirigió esta semana al juez José Luis Calama para detallar que fueron «un obsequio» que el rey de Arabia Saudí Abdullah Bin Abdulaziz Al-Saud le entregó durante una visita a España en 2007. Las piezas que habría recibido son, en concreto, tres juegos de rubíes, esmeraldas y zafiros, integrados a su vez por cuatro piezas cada uno —12 en total— montadas en oro blanco de 18 quilates y diamantes. Se trata, afirma la defensa del expresidente, de una colección que procede de un regalo «realizado como atención personal» y que el monarca le hizo entrega en el Palacio de la Moncloa «con motivo del viaje oficial» realizado entre los días 18 y 19 de junio de 2007.
Su abogado se justifica, además, señalando que dicha atención fue «aceptada por deferencia y como muestra de agradecimiento y respeto de mi representado hacia el monarca saud??». «Por eso las piezas a las que hacemos referencia se guardaron y permanecieron guardadas durante todo este tiempo, junto a las de origen familiar y otros regalos de amigos, sin uso ni destino alguno, y sin conciencia de su valor material», reza el escrito. Con esta versión, Zapatero busca hacer naufragar la causa, desacreditando las imputaciones de contrabando —no sería el expresidente quien habría introducido las joyas en el país— y el delito fiscal, porque ya estaría prescrito casi una década después. La certificación ante el juez de una versión que ya circulaba por los medios, vía ‘portavoces autorizados’, ha generado un nuevo estallido de indignación en el partido.
«Es una vergüenza», resuelve un dirigente, que cuestiona el compromiso con los derechos humanos del régimen saudí y que la credibilidad de Zapatero vuelve a quedar en entredicho. Las críticas vienen desde la esfera «ética», por su ausencia, pero también por el coste político que conlleva. Para muchos de los consultados la imagen del exdirigente es ya «irrecuperable» —más ahora que ha acabado por reconocer lo que ya circulaba por los mentideros— y critican que siga contribuyendo con su estrategia judicial a dañar a su partido. Estos cargos asumen que el expresidente ha decidido hipotecar su reputación a cambio de mejorar su horizonte penal, pero lamentan que no haya optado por defenderse de los delitos, sino tratar de desactivarlos procesalmente en el campo de la prescripción y la nulidad.
Los dirigentes consultados no centran sus dardos en que se aceptara el regalo, sino en que no lo declarara después —como sí hizo con dos relojes de mesa de ese mismo viaje— y lo ocultara deliberadamente al salir de Moncloa: «¿En qué estaba pensando?», se pregunta un dirigente territorial, que no compra la tesis de que no se apreciara el valor real que tenían las joyas. «Él mismo se puso el listón y lo incumplió», apunta, en referencia al Código de Buen Gobierno aprobado en su mandato en el que se prohibía aceptar este tipo de presentes.
De revulsivo a activo tóxico
Otro cargo muestra su enfado porque todo esto se produce en vísperas del ciclo electoral de 2027 con municipales, autonómicas y generales. Tal como publicara este diario, en el partido no quieren retratarse en campaña con el expresidente, porque el que fuera un revulsivo electoral ahora se percibe como un activo tóxico. «No creo ni que él quiera y, desde luego, nosotros tampoco», aseguraba un cargo del partido, que recuerda que el propio expresidente está midiendo al milímetro su exposición pública. «No venía antes, como para hacerlo ahora», reivindicaba otro dirigente, que destaca que ni cuando era un referente se contó con su presencia.
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