Miguel Méndez Rodulfo: Albergues, campamentos y centros de acopio de alimentos
26 Sep 2026, 09:00 7 minutos de lectura

Miguel Méndez Rodulfo: Albergues, campamentos y centros de acopio de alimentos

Por La Patilla

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Todo país serio y responsable, con instituciones ordenadas y que planifica, diseña y establece una red resiliente de estructuras permanentes y fijas, que permiten que a la hora de una catástrofe o emergencia, haya una respuesta adecuada frente a la eventualidad, de manera que los damnificados cuenten con una asistencia humanitaria y protección digna así como efectiva, lo cual es parte de una eficaz Política Social. La verdad es que esta previsión casi no se cumple, debido a que es un tema soslayado porque no nos gusta pensar en la adversidad. Así, a la hora de la ocurrencia de un desastre la acción del Gobierno se limita a la improvisación sobre la marcha y al efectismo político de hacer acto de presencia, y a las consabidas promesas de ayuda, que son más demagogia que otra cosa. Un Gobierno serio, no promete, cumple y da una respuesta  ordenada, rápida y efectiva, producto de haber planificado y ejecutado. En cada ciudad debe haber por lo menos un albergue, y vistos al menos tres terrenos en la periferia que eventualmente pudieran asentar campamentos. En pueblos y en ciudades pequeñas, debe haber un albergue adecuado a la realidad poblacional que estadísticamente puede ser afectada en una catástrofe. En una ciudad mediana, debe existir al menos un albergue mediano, y en ciudades grandes al menos dos albergues grandes. Esto evita la improvisación de ocupar gimnasios, estadios, escuelas, iglesias, etc., como espacios para cobijo de víctimas de desastres. Los albergues deben ser construidos en terrenos con pendientes entre 2 y 4% para evitar inundaciones, en zonas de suelos estables, alejados de fallas geológicas, sin la amenaza de deslaves, y con acceso a transporte público. Su estructura metálica debe ser fuerte y resistente, sus fundaciones robustas y sus paredes recias. Deberá disponer de agua potable (15 a 20 lts/día por persona, para tomar, cocinar y aseo personal), saneamiento, electricidad, internet y seguridad. Dispondrá de 3,5 m2 por persona; parabanes para dividir espacios por familia, un baño (ducha, lavamanos y poceta) por cada 20 individuos, separados por género (mujeres-niños, y hombres).

Deberá disponer de literas con colchonetas, mesitas, sillas, lockers, cubrecamas y cobijas, paños, jabón y cepillo dental. Acceso a tres mudas de ropa trimestral. Tendrá un espacio general para cocina y comedor, área social para ver TV, para reuniones comunitarias y para rezar. Caminerías alrededor del edificio, espacio al aire libre para juegos de niños pequeños, una cancha mediana para esparcimiento de niños grandes y de jóvenes. Área de jardín. Se deberán establecer horarios para comer y bañarse, dando prioridad a las madres lactantes, madres con hijos pequeños (en ambos casos se incluye al padre), personas mayores, incapacitados y luego los demás. Establecer normas estrictas de comportamiento educado y reglas muy claras en cuanto a: no ingerir alcohol, no fumar, ni mucho menos consumir drogas; penalizar las peleas, establecer una hora de dormir, guardar silencio, apagar luces, celulares y música. Disponer de personal de atención, cocineras, limpieza y vigilancia. Los damnificados deben colaborar en la limpieza, en la recolección de la basura, en la cocina, en la vigilancia, en el cuidado de los niños, en el transporte, en evitar las peleas, en el mantenimiento y reparación del local. Las personas deben organizarse y nombrar una directiva que dirija la colaboración que deben prestar, mantenga la disciplina y sancione severamente a los infractores reincidentes, incluso con la expulsión. Las personas acogidas deben entender que frente a la calamidad, deben unirse y evitar rencillas y olvidar enconos. Es clave que comprendan que mientras más armonía haya para entenderse, mejor les irá a todos como comunidad afectada. Se debe elaborar previamente un “Manual de Comportamiento” que se lea y se discuta a la llegada de los damnificados, pero que se cumpla al pie de la letra.

Estos residentes temporales, gozarán de atención médica y provisión de medicinas en ambulatorios y hospitales. Creo que lo más conveniente en educación, es que se disponga de transporte para llevar a los niños y jóvenes a la zona de donde fueron evacuados, para que reciban clases en escuelas, liceos y universidades, de manera de no romper el ciclo y reafirmar el arraigo, ya que la provisión de viviendas debe ser probablemente en esa zona. Cuando los albergues estén desocupados, se pueden utilizar como espacios de usos múltiples.

Los centros de acopio de alimentos, permanentes, tendrán similares características que los albergues y contendrán una reserva suficiente y adecuada de agua, víveres no perecederos, utensilios para comer (desechables, uno por persona, por semana), para higiene personal, para las camas, para vestir, para limpieza, etc. Tendrán un área de descarga y recepción, una zona de clasificación, una zona de almacenamiento dotada de pallets, y una zona de despacho. Debe ser un espacio techado, resguardado, vigilado, seco, ventilado, protegido de roedores así como de plagas, y dotado de refrigeración si se guardan alimentos perecederos o vacunas. Tendrá control estricto de acceso y cámaras de vigilancia. Con espacio suficiente para las maniobras de vehículos pesados de carga. Cada cierto tiempo, antes de vencerse, los víveres se repartirán a través de Cáritas y otras fundaciones.

Los campamentos de base abierta, generalmente constituidos por carpas, alojan a damnificados afectados por catástrofes muy severas, con destrucción total de sus viviendas, pérdida de sus bienes personales y otros daños, cuyo número excede la capacidad de recepción de los albergues, y su permanencia se estima será más larga. Por otra parte, cuando hay conflictos o persecución política, en países limítrofes, con la consecuencia de miles de desplazados, se disponen campamentos de acogida de refugiados. Los campamentos se deben construir en uno de los varios terrenos que previamente se hayan considerado, y que cumplan con las mismas condiciones de los albergues. Se debe trazar una cuadrícula de calles amplias que permitan el paso de vehículos de emergencia y sirvan también como cortafuegos. Por diseño, se estiman 45m2 por persona (lo que incluye calles, saneamiento y servicios comunitarios). Se debe construir un drenaje primario para evitar inundaciones, y mantener contenedores de basura cerrados a menos de 50 m de las tiendas. Iluminar calles y carpas y colocar enchufes para recarga de celulares. Los refugiados son víctimas que cuentan con un estatus jurídico especial, reconocido por el Derecho Internacional. Están protegidos de ser devueltos a sus países por la Convención de Ginebra.

Un refugio es un lugar habilitado, generalmente por una ONG o por la iglesia Católica, donde una persona puede pasar la noche. También pueden ser los espacios del Metro cuando se usan como cobijos de guerra.

Un aspecto que no debe olvidarse, es que antes de que ocurra una catástrofe se debe haber pensado en un sitio para disponer adecuadamente los escombros, sin que se constituyan en un problema de contaminación ambiental. Estos restos se deben mover después de realizada la ingeniería forense, no antes.

Una ley debe formalizar la estructura anteriormente descrita y una partida presupuestaria debe prever los fondos financieros para sostenerla. Los Gobiernos locales son los responsables de tener activada y preparada esta organización. Convenios con la industria y empresas privadas (de suministro, de salud, de transporte, de telecomunicaciones, etc.), deben activar mecanismos de colaboración al inicio de la tragedia.

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