Luis Ignacio Planas: La vigencia de la Democracia Cristiana en Venezuela
18 Oct 2026, 17:49 5 minutos de lectura

Luis Ignacio Planas: La vigencia de la Democracia Cristiana en Venezuela

Por La Patilla

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*La Democracia Cristiana es una respuesta ética y social a los grandes problemas del ser humano.* En Venezuela tomó forma en COPEI desde 1946, con una idea clara: *el poder solo se justifica cuando está al servicio del bien común.* Como afirmaba Benedicto XVI en _Caritas in Veritate_, “desear el bien común y esforzarse por él es exigencia de justicia y caridad”.

No nació para ser un partido más. Inspirado en la Doctrina Social de la Iglesia y en pensadores como Jacques Maritain, *ofreció una respuesta al autoritarismo y a las ideologías que pisotean a la persona y a la sociedad.*

Esa idea no ha envejecido. En medio del deterioro más profundo que ha vivido el país y de una transición aún incierta y confusa, resulta más necesaria que nunca.

Venezuela atraviesa hoy un vacío de sentido, de valores y de confianza en la política. Tras la captura de Nicolás Maduro en enero de 2026 y con el gobierno interino de Delcy Rodríguez, el país sigue atrapado en una inflación que supera el 500 por ciento anual, sueldos que no alcanzan y servicios públicos en quiebra. Los terremotos de junio de 2026 dejaron en evidencia una vulnerabilidad extrema. Casi ocho millones de venezolanos se fueron. Familias rotas, generaciones separadas y una polarización que sigue destrozando la confianza. Frente a este panorama, muchas propuestas políticas se quedan en la confrontación o en promesas vacías sin raíz ética.

*La Democracia Cristiana debe ofrecer otro camino.* Sus principios siguen siendo una brújula, pero solo sirven si se aplican a los problemas reales del país. *El bien común obliga a pensar en todos, empezando por los más débiles.* La subsidiariedad exige que las decisiones se tomen lo más cerca posible de la gente: familias, gremios, comunidades y gobiernos locales no pueden seguir sofocados por un poder centralizado. La solidaridad no es un gesto ocasional, sino una responsabilidad permanente. Y en el centro está la dignidad de cada persona, un valor que está por encima de cualquier poder político o económico.

Estos principios deben traducirse en respuestas concretas.

Ante el drama histórico de la migración y la diáspora, conviene promover una política integral de retorno voluntario, reinserción laboral, homologación de títulos y vinculación productiva. Los millones de venezolanos en el exterior dejarán de ser tratados como una simple cifra estadística para convertirse en actores estratégicos de la reconstrucción nacional.

Frente al colapso de los servicios públicos y al debilitamiento institucional del Estado, la aplicación real del principio de subsidiariedad exige impulsar una descentralización efectiva: restituir competencias y recursos a gobernaciones y alcaldías, fortaleciendo el poder local desde la base comunitaria.

La severa pérdida del poder adquisitivo de sueldos y pensiones obliga a priorizar la recuperación del ingreso familiar. Ello pasa por el fomento del trabajo digno, la productividad y la protección de los sectores más vulnerables, junto con una administración transparente, auditable y con sentido humano de la renta minero-petrolera y fiscal.

Y frente a la polarización destructiva y la desconfianza generalizada, *la Democracia Cristiana tiene la obligación de procurar el encuentro nacional y un compromiso ético para el rescate del Estado de derecho y de instituciones independientes y creíbles.*

En un país con el tejido social destrozado y con jóvenes que se van porque no ven futuro, *la Democracia Cristiana debe responder con soluciones concretas para la vida cotidiana.* Solo así demostrará que sus valores fundacionales son hoy el camino hacia la dignidad, la esperanza y el desarrollo sostenible.

*La Democracia Cristiana posee una trayectoria que no puede borrarse: ha gobernado, legislado, formado cuadros y defendido el orden democrático.* Hoy enfrenta desafíos concretos. *Debe superar las divisiones internas y legitimar su representación frente a una oposición fragmentada.* Tiene que reconectar con las nuevas generaciones, muchas de ellas formadas en el exilio o en la precariedad. *Debe participar en los diálogos de transición sin renunciar a la exigencia de elecciones libres, transparentes y con garantías plenas.* Y necesita demostrar, con presencia en el territorio y ayuda concreta —como se hizo después de los sismos—, que la ética se convierte en acción.

Por ello necesitamos gente convencida, cuadros preparados, presencia en las comunidades y claridad de principios. Seguirá vigente mientras los venezolanos creamos que la política puede ser servicio, como enseña el Evangelio: _“El que quiera ser grande entre ustedes, que sea su servidor… porque el Hijo del Hombre no ha venido para ser servido, sino para servir”_ (Mc 10, 43-45). Seguirá vigente mientras se defienda la dignidad de los más vulnerables *y mientras se entienda que el poder tiene que estar limitado y orientado al bien común.*

La Democracia Cristiana no es un recuerdo del siglo XX. Es una necesidad moral y política de la Venezuela que quiere reconstruirse.

* Ex presidente de COPEI

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