
El Gobierno de Delcy Rodríguez ha entregado a Estados Unidos a Álvaro Pulido, el socio de origen colombiano de Álex Saab que permanecía preso en Caracas desde 2023. Lo anunció el domingo en X el fiscal general estadounidense, Todd Blanche, mientras el chavismo guarda silencio sobre el caso. Pulido, de 62 años, es la segunda pieza de una de las grandes tramas corruptas de la era de Nicolás Maduro que Caracas pone en manos de Washington. Lo hace cinco meses después de lanzar a los leones al propio Saab, señalado como testaferro del autócrata. Para Gerardo Reyes, periodista de Univision y autor de un libro sobre Saab, la entrega estrecha el cerco sobre el círculo de poder de Maduro, pero no solo: “Debe saber mucho de todos”.
Por María Martín / Florantonia Singer / elpais.com
Pulido comparecerá este martes ante un tribunal federal de Miami, donde tiene dos causas abiertas, de 2019 y 2021. En la primera, la Fiscalía lo acusa junto a Saab de lavar unos 350 millones de dólares mediante importaciones ficticias ligadas a un contrato de viviendas sociales. En la segunda, lo acusa junto a otras cuatro personas de blanquear los sobornos de contratos por 1.600 millones de dólares para importar alimentos y medicinas. Según los fiscales, lavó más de 2.000 millones de dólares procedentes de sobornos y fraudes.
Roberto Deniz, periodista de Armando.info que ha investigado durante años a ambos socios, describe una alianza con los papeles bien repartidos. “Saab tenía la relación política, casi familiar, con Maduro, y Pulido era quien estructuraba las sociedades por las que circulaba el dinero”, explica. A diferencia de Saab, Pulido nunca tuvo respaldo político ni cargos que lo protegieran, y se movió siempre en la sombra. Su futuro judicial parece más nebuloso que el de su socio.
“Ya no es un prófugo de la justicia”, dijo tras su traslado Tysen Duva, fiscal general adjunto de la División Penal del Departamento de Justicia de Estados Unidos. A estos movimientos se suman los del Distrito Sur de Nueva York, donde la Fiscalía añadió el pasado jueves a la acusación de narcoterrorismo contra Maduro y su esposa, Cilia Flores, un cargo de conspiración para torturar a opositores, militares y ciudadanos estadounidenses detenidos en Venezuela.
Pasar página
Detrás de ambas entregas están los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez con la necesaria colaboración de Diosdado Cabello. Con ellas, intentan pasar página de uno de los episodios más oscuros del madurismo. “La entrega de Saab fue una liberación, una forma de desprenderse de aquella era”, contó entonces a EL PAÍS una fuente cercana al Palacio de Miraflores. Saab había adquirido un poder tan inmenso que llegó a poner en riesgo la supervivencia política incluso de los Rodríguez. Con el tablero del revés y con Maduro en una prisión de Nueva York, la nueva consigna, contó esa fuente, era colaborar y entregar toda la información que Estados Unidos no había conseguido hasta ahora.
“Esto parece más una negociación política que una verdadera voluntad de hacer justicia. Si la hubiera, a ambos se les juzgaría en Venezuela, donde cometieron los crímenes”, mantiene Deniz, exiliado desde 2018 por sus investigaciones sobre Saab. En su lugar, mantiene el periodista, el Gobierno venezolano “se está quitando un problema de encima sin ir al fondo del asunto”.
La deportación de Saab, el pasado 16 de mayo, levantó una polvareda extraordinaria. El hombre por cuya liberación el chavismo había hecho campaña desde su detención en Cabo Verde, en 2020, aparecía ahora escoltado por agentes de la DEA en un aeropuerto de Miami. Caracas había llegado a presentarlo como diplomático para reclamar su inmunidad.
La entrega despertó muchas preguntas porque Saab, de origen colombiano, tenía también nacionalidad venezolana, y la Constitución prohíbe extraditar a sus conciudadanos. Al entregarlo, Cabello aseguró que el empresario no era venezolano, que se había presentado con “una cédula fraudulenta” y que se le investigaban “fraudes de todo tipo”. El pasado 15 de septiembre, Saab se declaró culpable ante un tribunal federal de Miami de conspiración para lavar dinero. Su condena se conocerá en enero.
A Pulido lo detuvieron en Caracas en abril de 2023 y fue una de las primeras bajas de la cruzada anticorrupción del chavismo. Ese mismo año, en diciembre, Saab regresó a Venezuela como un héroe gracias al canje de prisioneros pactado con la Administración de Joe Biden: Caracas liberó a diez estadounidenses y Washington devolvió al principal operador financiero del Gobierno de Maduro, una figura clave para sortear las sanciones. Cuando Saab fue recibido en Miraflores, su socio de tantos años llevaba ocho meses preso. Saab correría la misma suerte en febrero de este año, un mes después de la captura de Maduro, cuando fue detenido en Caracas en una operación conjunta con Washington.
Pulido había caído en la investigación conocida como PDVSA-Cripto, la misma que acabó con el poderoso exministro de Petróleo Tareck El Aissami, con quien compartía cárcel en El Rodeo. Es una causa con más de 60 acusados por un desfalco que la Fiscalía venezolana cifra en 21.000 millones de dólares, procedente de la venta de petróleo esquivando las sanciones estadounidenses. El juicio sigue en curso a puerta cerrada, y varios de los acusados, entre ellos El Aissami, han denunciado violaciones al debido proceso, torturas y malos tratos en prisión.
Apostador compulsivo
Pero el hombre que comparecerá este martes ante el juez no se llama Álvaro Pulido. Ese era el nombre de un colombiano que murió en un hospital de Miami en 2005 y cuya cédula, cancelada por defunción, acabó resucitada a favor de otro hombre: Germán Enrique Rubio Salas. Con ese nombre fue condenado en ausencia en Italia, en 1997, como uno de los cerebros de una red que introducía cocaína en Europa escondida en tubos de aluminio. Tres años después cayó en Bogotá como jefe del llamado cartel de Bogotá, y salió libre en 2007. Un alto funcionario de la Registraduría colombiana le explicó al periodista Reyes que adueñarse de la cédula de un muerto es habitual entre los narcos que buscan una nueva “chapa”.
Pulido —o Rubio— rehízo su vida en Caracas. Reservado y apostador compulsivo, se jugaba cualquier cosa, desde si llovería por la tarde hasta quién entraría por la puerta, y podía arriesgar entre 3.000 y 5.000 dólares en una mesa de dominó. Cuando Reyes lo confrontó en 2016 con su verdadera identidad, Pulido le habló de un pasaporte robado. Sobre por qué sus hijos se apellidaban Rubio, le dijo que no era su padre biológico. Prometió una prueba de ADN que nunca llegó. Según Reyes, fue precisamente él quien llevó a la DEA hasta Saab: la agencia lo seguía por indicios de narcotráfico y, al estudiar su entorno, dio con su socio.
Para Mercedes De Freitas, directora de Transparencia Venezuela, lo que pueden contar Pulido y Saab va mucho más allá de Maduro y de los negocios hechos durante su Gobierno, que abarcan desde la importación de alimentos y medicinas hasta la construcción, el petróleo y las minas. “Esto llega a sus exministros y exvicepresidentes. Hay mucha gente que tiene que pasar por la justicia”, sostiene. “Álvaro Pulido es un socio que sabe dónde está todo el dinero de la trama. Seguramente va a ratificar todo lo que ha informado Saab como cooperante. Tiene mucho poder y quienes lo vieron preso en el Rodeo dicen que era el rey de la cárcel”.
Reyes cree que Caracas lo mantenía preso desde 2023 por temor a que escapara y acabara declarando en Estados Unidos. Una de sus fuentes en el FBI llegó a decirle que ya colaboraba, lo mismo que ha sugerido el chavismo sobre Saab tras su captura. También a juicio del periodista, la entrega no solo refuerza el caso contra Maduro. Los fiscales, explica, buscan testigos que aporten nombres nuevos de corruptos todavía impunes, y en estos casos les gusta reclutar a cuantos más mejor para “tirar el barro a la pared a ver qué se queda”. Para el FBI, añade, son “positivos policiales” en su lucha contra la corrupción y el lavado de dinero en Venezuela. Según se especula estos días en la prensa estadounidense y los mentideros de Caracas, otros implicados en la trama podrían ser trasladados a Estados Unidos próximamente.