José Ignacio Moreno León: Del tutelaje a la autonomía democrática
25 Sep 2026, 09:37 5 minutos de lectura

José Ignacio Moreno León: Del tutelaje a la autonomía democrática

Por La Patilla

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Venezuela atraviesa un proceso inédito de transición política bajo tutelaje internacional, promovido por el actual gobierno de Estados Unidos. Recordemos que el proceso contempla tres etapas: estabilización; recuperación institucional y económica; y transición política hacia un gobierno democrático legitimado mediante elecciones confiables.

En este contexto, la Mesa de Negociación acaba de concluir un segundo encuentro. Sin embargo, los resultados conocidos hasta ahora están lejos de responder a las expectativas de una sociedad que exige cambios profundos, verificables y en tiempos definidos. La apertura de algunos limitados espacios para los medios de comunicación es un paso positivo pero incompleto, ademas siguen pendientes asuntos fundamentales: el levantamiento de las inhabilitaciones, la restitución de los derechos de partidos y dirigentes, la liberación plena de los presos políticos y la eliminación de las restricciones a los excarcelados con la devolución de los bienes confiscados y, sobre todo, la construcción de un Poder Judicial independiente. También es indispensable establecer un cronograma electoral con garantías para todos los sectores, para que sea el soberano el que decida en una pronta elección presidencial los cambios que el país requiere. Sin elecciones libres, competitivas y confiables, la transición política quedará inconclusa. Y esta es una de las razones del creciente clamor popular.

La cuarta fase necesaria: Aun si se alcanzaran estas condiciones, las tres etapas previstas no serían suficientes. Venezuela necesita una cuarta fase: construir una democracia autónoma y sostenible, capaz de funcionar sin tutela externa y de evitar la reproducción de las condiciones que provocaron la crisis actual. Esta etapa debe impulsar una transformación cultural e institucional basada en la ciudadanía, la ética pública, la educación y el capital social.

El país también deberá desenvolverse en un mundo que cambia con rapidez. La revolución tecnológica, la inteligencia artificial, la digitalización, la robótica y la economía del conocimiento están transformando la producción, el trabajo y las relaciones sociales. El principal recurso de las naciones modernas ya no es solo la riqueza natural, sino su capacidad para generar conocimiento, innovación y talento. Venezuela debe asumir esta realidad y superar definitivamente el rentismo petrolero. Su principal recurso estratégico es el venezolano: educado, libre, creativo, productivo y comprometido con el desarrollo nacional.

Una democracia de ciudadanos: La nueva democracia no puede limitarse a sustituir un gobierno por otro. Debe recuperar la institucionalidad, la separación de poderes, la independencia judicial, la libertad de expresión, la transparencia y el Estado de derecho. También debe avanzar de una democracia centrada principalmente en los partidos a una democracia de ciudadanos, en la que los partidos representen a la sociedad sin sustituirla. Para ello se necesitan una sociedad civil fuerte y un liderazgo político basado en la ética, el conocimiento y la vocación de servicio público. Se requiere además erradicar los vicios del populismo, el clientelismo y la corrupción, en gran medida causantes del deterioro nacional.

En este proceso, el capital social resulta decisivo. Comprende los valores, la confianza, la cooperación, la responsabilidad y las normas compartidas que permiten actuar en favor del bien común.

La educación debe ser el principal instrumento de esta transformación. Escuelas, universidades, medios de comunicación, organizaciones sociales y demás instituciones civiles tienen la responsabilidad histórica de formar ciudadanos capaces de defender la libertad y la democracia.

El cambio como un gran proyecto nacional: El tutelaje internacional puede ayudar a superar una crisis extraordinaria, pero no debe convertirse en una condición permanente de la vida nacional. El éxito de la transición dependerá de que Venezuela recupere la capacidad de gobernarse por sí misma, mediante instituciones legítimas, ciudadanos responsables y una cultura democrática arraigada.

Por eso, la cuarta fase debe convertirse en un gran proyecto nacional: un acuerdo para reconstruir las instituciones, renovar la cultura política, transformar el sistema educativo y fortalecer el capital social. Sus condiciones son claras: justicia independiente, elecciones confiables, ciudadanía activa, educación de calidad, economía basada en el conocimiento y un liderazgo comprometido con el bien común. Este proyecto no puede ser obra exclusiva del Estado ni de los partidos. Debe convocar a universidades, empresas, organizaciones sociales, comunidades, medios de comunicación y ciudadanos, para convertir la recuperación nacional en una tarea compartida y duradera. Solo así Venezuela podrá pasar de una transición tutelada a una democracia autónoma, moderna, próspera y sostenible.

La meta no es simplemente cambiar de gobierno, sino cambiar las condiciones que hicieron posible la crisis. La transición habrá cumplido su propósito cuando Venezuela ya no necesite que otros la conduzcan y pueda, con un gobierno legítimo basado en la voluntad de los ciudadanos libres y en instituciones firmes , escribir por sí misma su próximo capítulo.

La cuarta fase debe impulsar en Venezuela un nuevo nacimiento de la libertad y una nueva democracia para que, parafraseando a Abraham Lincoln, -ilustre demócrata y uno de los más importantes próceres de los Estados Unidos- “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo” sea el legítimo conductor del destino nacional.

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