Giovanna Bruni: Cuando un país tiembla, la psique también
16 Jan 2026, 12:39 5 minutos de lectura

Giovanna Bruni: Cuando un país tiembla, la psique también

Por La Patilla

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Desde el 3 de enero, Venezuela ha vuelto a estremecerse. Explosiones, violencia, versiones contradictorias, la imagen del poder cayendo pero no desapareciendo, y un país entero sumido en una nueva oleada de incertidumbre. Para muchos ha sido un símbolo de esperanza; para otros, un episodio traumático; y para casi todos, un golpe directo a la estabilidad emocional.

Yo, como venezolana, psicóloga clínica y psicoterapeuta junguiana viviendo en el exilio, he sentido en mi propio cuerpo y en mis propias noches lo que mis pacientes me han compartido en la consulta esta semana: rabia, miedo, impotencia, confusión, cansancio emocional, incertidumbre, una mezcla extraña de alivio y desasosiego.
Nadie queda ileso cuando la tierra de la que venimos vuelve a agitarse.

Y es, desde ahí, que escribo esto: somos terapeutas, sí, pero somos venezolanos también. La psique no conoce credenciales. Sabe de heridas, arquetipos, memorias y vínculos profundos.
En mis sesiones de esta semana, con pacientes que viven en distintos puntos del planeta – algunos con estabilidad económica y, otros viviendo al día, otros cargando historias durísimas de travesías migratorias- la constante emocional ha sido la misma:
rabia y miedo como dos fuerzas primarias que emergen desde el fondo de la psique.
La rabia, que muchos sienten “incorrecta” o “excesiva”, es en realidad una energía legítima. Es la respuesta natural cuando algo amado ha sido violentado durante años. Cuando la injusticia se acumula. Cuando el alma se cansa de aguantar.
Y el miedo, que aparece disfrazado de ansiedad, de insomnio, de sobrepensar, o incluso de bloqueo emocional. Miedo a un futuro incierto, miedo a más violencia, miedo a que lo supuesto “nuevo” sea otra repetición de lo viejo.
MIS PACIENTES SIENTEN RABIA Y MIEDO, Y YO TAMBIÉN.
Y ese reconocimiento compartido abre la puerta a un trabajo psicológico mucho más honesto y profundo.
Cuando lo colectivo irrumpe en lo individual
Los venezolanos que vivimos en el exilio llevamos dentro un paisaje emocional complejo. Cada uno ha atravesado su propio Darién:
– algunos migraron con recursos,
– otros huyeron casi con lo puesto,
– otros sobreviven todavía en una situación migratoria irregular,
pero todos compartimos una herida de origen y un vínculo afectivo con un país que amamos.

Cuando ocurre algo tan impactante como lo de esta semana, no solo vemos noticias…
revivimos memorias.
Se activan traumas.
Se despiertan imágenes arquetipales dormidas.
En la escena terapeútica, lo colectivo entra al consultorio con la misma fuerza que lo personal. Y vemos cómo cada paciente intenta responder desde su estructura psíquica:
unos se desesperan, otros se disocian para no sentir, otros racionalizan, otros se llenan de esperanza y luego se desploman, otros sienten culpa por no estar allá, otros sienten alivio y luego vergüenza por sentirlo.

La psique venezolana, individual y colectiva, está en estado de sobresalto.
Y yo también lo estoy.
Perseo, Medusa y la sombra colectiva: ¿cómo enfrentar lo monstruoso sin petrificarnos?
Medusa simboliza aquello que es tan terrible que, si lo miramos de frente, nos petrifica:
el trauma, la violencia extrema, la maldad en su máxima expresión, la injusticia extrema, la sensación de estar a merced de fuerzas oscuras.
Mirar directamente ese horror puede paralizarnos.
Pero Perseo vence a Medusa porque no la enfrenta de frente. La mira a través del reflejo en su escudo pulido.
Ese escudo es la psique cuando logra tomar distancia, cuando puede reflexionar, simbolizar, narrar, comprender. No negamos la realidad. No minimizamos el horror.
Pero lo miramos de un modo que no nos destruya.
¿Qué hacemos con todo esto?
Cada emoción que ha aparecido esta semana -la rabia, el miedo, la impotencia, la esperanza confusa, la tristeza vieja que regresa- es parte del proceso de integración.
Las emociones no debemos eliminarlas, debemos darle un lugar en la conciencia, para que no posean nuestra psique.
Debemos trabajar en:
nombrar lo que sentimos, observar cómo lo colectivo despierta lo personal, reconocer la sombra sin idealizar ni demonizar, sostener el caos sin ser arrastrados por él,
transformarlo en algo que nutra, no que paralice.
Es un trabajo difícil y profundo: pasar de ser víctimas de la realidad a ser artesanos de nuestra historia interna.
Venezuela está en un umbral.
No sabemos qué viene.
No sabemos cuánto tiempo tomará.
No sabemos qué estructuras se caerán ni cuáles se transformarán.
Pero sí sabemos algo:
Lo que está ocurriendo afuera también ocurre dentro de nosotros.
Y todas estas emociones no son debilidades:
son señales de que estamos vivos, atentos, vinculados.
Como psicoterapeuta, pero sobre todo como venezolana, acompaño a mis pacientes desde un lugar de humanidad compartida.
Nos duele lo mismo.
Tememos lo mismo.
Y, aun así, seguimos buscando sentido.
Seguimos elaborando.
Seguimos caminando.
Porque, como decía Jung,
“Uno no se ilumina imaginado figuras de luz sino haciendo consciente la oscuridad.”
Hoy Venezuela nos confronta con esa oscuridad.
Y juntos -pacientes, terapeutas, venezolanos que viven dentro y fuera de Venezuela , sobrevivientes- estamos aprendiendo a mirarla sin quedar petrificados.
A transformarla.
A encontrar, incluso en medio del caos, un hilo de alma que no puede ser destruido.

Giovanna Bruni
Psicólogo Clínico
Psicoterapeuta Junguiana
psique.today10@gmail.com

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