Gehard Cartay Ramírez: La importancia de la memoria histórica
24 Oct 2026, 19:25 6 minutos de lectura

Gehard Cartay Ramírez: La importancia de la memoria histórica

Por La Patilla

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Casi siempre los regímenes totalitarios pretenden borrar la memoria histórica y comenzarla de nuevo una vez que ellos, por supuesto, asumen el poder.

Vieja práctica desde siempre, repetida incesantemente, pero inútil por lo general. Porque no es fácil despojar a un pueblo de su acontecer histórico como si fuera un pizarrón de escuela que se borra a cada rato. La memoria histórica puede ser indeleble en el tiempo, porque desde que existe la oralidad transmitida de una generación a otra de muy poco sirve destruir bibliotecas, archivos y hemerotecas o pretender que programas educativos distintos e ideologizados la sustituyan para “reescribir” la historia.

Todo esto -por experiencia propia- lo sabemos de sobra y desde hace tiempo los venezolanos. Luego de la declaración de nuestra Independencia el 5 de julio de 1811, episodio enteramente concebido y conducido desde el punto de vista ideológico y jurídico por los próceres civiles del momento, la historia oficial opacó aquel proceso y dio prioridad casi absoluta a la guerra librada entonces, conducida por los próceres militares, convertidos así en los únicos héroes de esa epopeya. A partir de aquel momento, Bolívar y sus oficiales coparon la historia venezolana, todo lo cual nos condujo a más de un siglo de gobiernos militaristas.

Como siempre sucede, la historia terminó reivindicando a los civiles al reconocerse con posterioridad su actuación estelar en el proceso que llevó a la declaración de la Independencia: los juristas civiles Juan Germán Roscio, Cristóbal Mendoza, Juan Antonio Rodríguez Domínguez y Manuel Palacio Fajardo hoy son reconocidos como los forjadores iniciales de la gesta independentista.

Luego de la Guerra Federal (1858-1863) ocurrió otro tanto. Se elevaron como nuevos héroes a Zamora y sus acompañantes por obra y gracia del período guzmancista, elevando aún más el culto a Bolívar, continuado desde entonces sin interrupciones. Entre tanto, los protagonistas civiles siguieron siendo ignorados.

La apoteosis de todos estos intentos por borrar o adulterar la memoria histórica venezolana se produjo con la llegada del chavismo al poder en 1999. Se pretendió reescribir la historia de Venezuela con apenas dos grandes protagonistas, con exclusión de todos los demás: Simón Bolívar y Ezequiel Zamora. Y a cada uno lo reinterpretaron en beneficio del régimen militarista y autoritario instalado el último año del siglo XX.

Al Libertador, como bien se sabe, lo pretendieron erigir nada menos que en el creador del denominado Socialismo de Siglo XXI, un despropósito absurdo por donde se le analice ya que Bolívar fue un auténtico liberal a la usanza de su tiempo y en virtud de las lecturas del momento. A Zamora lo convirtieron en una especie de adelantado de las tesis marxistas cuando Marx aún no había publicado El Capital, y el líder federalista había muerto siete años antes, pero algunos historiadores comunistas no tuvieron empacho ni rigor histórico para hacerlo aparecer como tal, imitando el caso del héroe cubano José Martí, manipulado por el castrocomunismo como si hubiera sido también su inspirador.

En paralelo, se quiso borrar también parte de nuestra historia republicana, especialmente la de la República Civil entre 1958 y 1998, sus logros y su legado. Se la pretendió reducir irresponsablemente a 40 años de negociados, corrupción y reparto del poder entre las cúpulas de AD y Copei, excusa antihistórica y oportunista de quienes lo asumieron en 1999 para presentarse como la alternativa y como los nuevos “salvadores de la patria”, bajo el manto del Libertador y presumiendo de herederos de sus ideales.

Toda una farsa, por supuesto, como se ha demostrado en estos desgraciados 27 años del chavomadurismo en el poder. Por desgracia, incluso han terminado desprestigiando los ideales bolivarianos pues en Europa y en otras partes, por ejemplo, no han faltado algunos ignorantes o resentidos que aseguran que la dictadura venezolana se inspiró en la ideología y el pensamiento de Bolívar, algo rotundamente falso.

Por lo demás, aquella intención de reducir a la República Civil y al Pacto de Puntofijo a una mera conjunción de perversos intereses políticos y económicos la ha desmentido la propia realidad de los hechos, porque esas cuatro décadas entre 1958 y 1998 han sido los más brillantes y positivos en nuestra historia republicana, dicho sea sin hipérbole alguna, en contraste con los últimos 27 años de ineptitud, corrupción, saqueo y destrucción del régimen actual.

Tal vez por esa poderosa razón, en estos tiempos de desgobierno han sido destruidas o abandonadas bibliotecas y hemerotecas muy valiosas, varias editoriales cesaron en sus actividades, fueron cerradas numerosas librerías y reducida significativamente la producción de libros y revistas, aparte de la mengua sufrida por la prensa escrita al negarles acceso al papel, así como la persecución contra algunos editores y periodistas. Por supuesto que el monopolio de insumos para producir libros y periódicos está en manos del régimen, que publica cualquier bazofia de sus “intelectuales”, siempre en función de hacer propaganda a su favor. 

Toda esta situación revela sin ambages el propósito del régimen de liquidar la memoria histórica venezolana y suplantarla por una historia oficial falsa y adulterada, acomodada a sus intereses políticos e ideológicos. De nada les servirá, desde luego, pero una vez sustituidos en el poder habrá que trabajar para recuperar la verdadera memoria histórica de Venezuela, es decir, la registrada en los hechos y reproducida en documentos, libros, periódicos, revistas y medios audiovisuales y digitales. 

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