El giro en el caso de la joven que murió con diez puñaladas en la espalda y la teoría del encubrimiento
16 Jan 2026, 09:52 6 minutos de lectura

El giro en el caso de la joven que murió con diez puñaladas en la espalda y la teoría del encubrimiento

Por La Patilla

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El caso de Ellen Greenberg reabre el debate sobre un supuesto suicidio tras 15 años de insistencia de su familia en que fue un homicidio en Filadelfia

 

Enero 2011. Por fin los padres de la joven maestra de 27 años, hallada muerta en el piso de su cocina del departamento que compartía con su pareja Sam Goldberg (28, productor de televisión y miembro de una familia poderosa con vínculos con la Justicia) en Filadelfia, Estados Unidos, sienten algo parecido a la comprensión. Desde hace años batallan, casi en soledad por justicia. Quieren saber qué le pasó a su hija realmente. No creen en la teoría del suicidio sangriento y tienen pericias que los apoyan.

Por infobae.com

Ellen, al ser hallada, tenía en su cuerpo veinte puñaladas, la mitad eran en su espalda, y un cuchillo con una hoja de 25 centímetros clavado en el corazón. A pesar de esto, el que sufriera ansiedad y estuviera yendo al psiquiatra fue más que suficiente para que las autoridades, una y otra vez, señalaran que ella se había quitado la vida. Su pareja jamás fue investigada a pesar de estar en el edificio esa tarde y ser quién encontró el cadáver. Desde siempre se habla de influencias, de corrupción, de poderes en las sombras. Nadie, en la ciudad de Filadelfia, parecía escuchar a los Greenberg. Pero ellos no bajaron los brazos.

Al cumplirse casi 15 años de su extraña muerte, se acaba de saber que el gobierno federal de los Estados Unidos pidió la documentación del caso para tomarlo en sus manos. Si bien todavía esto no fue comunicado de manera formal, los medios Philadelphia Enquire y NBC10 Philadelphia lo confirmaron: los fiscales federales han pedido toda la documentación relacionada con el caso Greenberg para ver cómo se manejó.

Planes de casamiento

Ellen Rae Greenberg fue la única hija del matrimonio conformado por Joshua y Sandee Greenberg. Nació en Nueva York el 23 de junio de 1983 y, como suele ocurrir con la mayoría de los chicos que no tienen hermanos, fue muy cuidada y mimada. Creció en Filadelfia y estudió Comunicación en la Penn State University. Luego se perfeccionó en la Universidad de Temple. Conoció a su pareja Samuel “Sam” Goldberg, por un amigo en común, en una cita a ciegas.

El año en el que iba a morir lo arrancó trabajando como maestra de primer grado en la Academia Juniata Park. Ya hacía tres años que convivía con su novio Sam y tenían planes de casamiento. Él le había hecho la propuesta de matrimonio en una romántica playa de California un tiempo antes.

Cuatro días previos a su muerte, ocurrida en enero de 2011, Ellen envió por mail a sus amigos el Save the date, la reserva de la fecha para la ceremonia que tendría lugar en el mes de agosto de ese mismo año.

La planificación de la celebración era algo que la tenía extremadamente ansiosa, al punto que llegó a decirles a sus padres que deseaba volver por un tiempo a la casa familiar, en Harrisburg, para recobrar la calma y poder descansar. A ellos les pareció extraño el comentario y le preguntaron si estaba teniendo algún problema con Sam. La joven les aseguró que no, pero tampoco expresó con precisión la causa de su estrés. Lo cierto es que nadie sabrá nunca qué pasaba realmente por su cabeza y por su corazón. Si era solo estrés laboral o si experimentaba dudas sobre si seguir adelante o no con su relación. Porque recién luego de su muerte surgirían pistas de que la relación entre ellos no era tan perfecta. Sam tenía un carácter fuerte y Ellen se había empezado a callar más de lo normal. Sandee, su madre, notó ese cambio y le sugirió a su hija ver a un terapeuta. Ellen reaccionó y pidió un turno con la doctora Ellen Berman. Llegó a ir a terapia en tres ocasiones (el 12, el 17 y el 19 de enero de 2011) en las que la profesional le terminó por recetar tres medicamentos para manejar la ansiedad, dormir y descansar. Berman diría, luego de la muerte, no haber notado nada preocupante en su paciente, menos tendencias suicidas.

A siete días de su primera consulta Ellen le reveló a su madre que se sentía mejor, pero la ansiedad no habría demorado en reaparecer. Según la psiquiatra el problema de la joven maestra eran sus alumnos difíciles, algo que la hacía dudar si continuar o no en ese nuevo puesto. Sin embargo, sus compañeros de trabajo no piensan lo mismo: dicen que a Ellen se la veía feliz en el colegio.

Sandee continuó notando en su hija comportamientos poco habituales: cada vez que ella le proponía encontrarse para hacer algún programa, Ellen respondía que primero le tendría que consultar a Sam. Sandee reconoció en esa conducta evasiva el patrón de quienes se encuentran inmersos en relaciones controladoras y abusivas. Se alarmó y se lo comentó a su marido.

Sandee y Joshua querían mucho a Sam y no entendían qué podía estar pasando. De hecho, luego de la muerte de su hija siguieron en contacto frecuente con él durante varios meses. Pero una vez consumado el drama y que se permitieron dudar de la salud de la relación, la duda se instaló en ellos: era una sospecha dolorosa que con el tiempo se fue inflando como un enorme globo.

Los amigos de Ellen también revelaron haber visto cambios en su comportamiento. ¿Era por Sam o por una alteración de su propia psiquis? Nadie pudo dirimir estas dudas. Y, como veremos, el beneficio de la duda jugó a favor de Sam.

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