
El malestar ya no se disimula en los pasillos y despachos de muchos cuarteles de Venezuela. En la cúpula de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) se ha abierto una conversación incómoda, aunque discreta, sobre continuidad, relevo y desgaste. Incluso sobre estabilidad. Interlocutores de la alta jerarquía militar venezolana hablan a EL PAÍS de un “descontento brutal” ante la prolongada permanencia de la actual cúpula y, en particular, de Vladimir Padrino López, que cumple casi 12 años al mando.
Por María Martín | EL PAÍS
La palabra que más se repite en esas conversaciones es “oxigenación”. Tras más de una década con la misma figura al frente de las fuerzas armadas del país, los mandos militares se quejan del “tapón” en la línea de ascensos que supone la permanencia de Padrino y de otros comandantes responsables de la seguridad del país. Las fuentes consultadas atribuyen ese tapón al Comandante Estratégico Operacional, el Comandante General del Ejército o el responsable del REDI (Regiones Estratégicas de Defensa Integral, agrupaciones territoriales militares creadas en 2008 para la defensa nacional).
El malestar de Caracas tiene además un componente de rendición de cuentas. ¿Por qué figuras clave para la seguridad del país —incluido Padrino López— continúan en sus despachos después del ataque estadounidense del 3 de enero? ¿Por qué no han puesto sus cargos a la orden si “han fracasado en su misión?, ¿Por qué no han dado explicaciones?, se preguntan. “Su no renuncia es vista como escandalosa por el generalato”, asegura un interlocutor con la jerarquía militar.
La operación Resolución Absoluta, que terminó con la captura de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, conmocionó a los venezolanos. Pero sobre todo dejó en evidencia las capacidades militares de un país con una de las fuerzas armadas más numerosas de América Latina.
Durante las semanas de escalada que precedieron al ataque, Padrino y el propio Maduro advirtieron de que estaban preparados para la batalla, que se defenderían, pero a la hora de la verdad todo falló. Los sistemas antiáereos rusos y chinos fueron incapaces de neutralizar la bandada de aeronaves que invadió territorio venezolano y la tecnología militar ni siquiera ofreció resistencia. Además de la captura de la pareja, hubo cerca de un centenar de bajas entre el anillo de seguridad de Maduro, compuesto sobre todo por oficiales cubanos, y civiles que se vieron sorprendidos por los bombardeos. Todo en menos de dos horas.
Los casi doce años de Padrino López a cargo lo han convertido en uno de los intocables. El general en jefe —por el que Estados Unidos pide 15 millones de dólares por supuestos vínculos con el cartel de los soles— es un pilar de la arquitectura de poder de la revolución bolivariana. Su prolongada permanencia como máxima autoridad militar —que ha superado los tiempos ordinarios de relevo— es una circunstancia inédita en la Venezuela contemporánea y una anomalía en la tradición institucional. Tras el ataque de Estados Unidos, su papel se ha visto relegado y el poder chavista actual lo representan el trío compuesto por los hermanos Jorge y Delcy Rodríguez y Diosdado Cabello.
??Una fuente conocedora de las intrigas militares asegura que la continuidad de Padrino no responde a una demanda real dentro de la institución. “Nadie lo necesita; el sentimiento mayoritario es que debe irse”, afirma. Solo contempla, como hipótesis imposible de verificar, que actores internacionales —“los americanos”, en sus palabras— puedan apostar por su permanencia como un factor de estabilidad. Sin embargo, la misma fuente sostiene que el riesgo es que ocurra lo contrario: que el atornillamiento al poder de la cúpula militar ponga en riesgo el equilibrio que se quiere preservar. “Se ha ofrecido a algunos altos mandos posiciones clave fuera de las Fuerzas Armadas y varios se han negado. Eso agrava aún más la percepción de inmovilidad”, mantiene.
El generalato que arrastra esta incomodidad no es un sector menor en las fuerzas armadas venezolanas.
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