De los tribunales del apartheid al Nobel de la Paz: la vida de la jurista sudafricana Navanethem “Navi” Pillay
09 Oct 2026, 09:36 5 minutos de lectura

De los tribunales del apartheid al Nobel de la Paz: la vida de la jurista sudafricana Navanethem “Navi” Pillay

Por La Patilla

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Navi Pillay, presidenta de la Comisión Internacional Independiente de Investigación sobre el Territorio Palestino Ocupado e Israel, llega para pronunciar su declaración durante un panel de presentación del informe de la comisión en la jornada inaugural del 50.º periodo de sesiones del Consejo de Derechos Humanos, en la sede europea de las Naciones Unidas en Ginebra, Suiza, el 13 de junio de 2022 (reeditada el 9 de octubre de 2026). La jurista sudafricana Navi Pillay, defensora de los derechos humanos y ex Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, fue galardonada con el Premio Nobel de la Paz 2026 por “sus esfuerzos para promover la paz y el derecho internacional”. (Noruega, Suiza, Ginebra) EFE/EPA/VALENTIN FLAURAUD

 

La jurista sudafricana Navanethem “Navi” Pillay recibió este viernes el Premio Nobel de la Paz 2026 en reconocimiento a sus décadas de trabajo en la promoción de la paz y el derecho internacional. El Comité Noruego del Nobel anunció la distinción este 9 de octubre en Oslo, Noruega, con la ceremonia de entrega prevista para el 10 de diciembre.

Por infobae.com

Pillay, nacida el 23 de septiembre de 1941 en un barrio humilde de Durban, en el entonces Natal, es descendiente de inmigrantes tamiles que llegaron a Sudáfrica como trabajadores contratados en las plantaciones de caña de azúcar en la década de 1890. Su padre era chofer de autobús y complementaba los ingresos familiares con la pesca; su madre, ama de casa, insistió en que todos sus hijos —ocho en total— recibieran educación formal en una época en que los cupos escolares escaseaban para la población no blanca del país.

Pillay se convirtió en la primera mujer no blanca en abrir un estudio jurídico en Natal

Tras graduarse con un bachillerato en artes (1963) y un título en derecho (1965) en la Universidad de Natal, Pillay comenzó su carrera como abogada bajo la tutela del penalista N.T. Naicker, quien militaba en el Congreso Nacional Africano (CNA) y debía comparecer ante los tribunales con frecuencia por estar bajo arresto domiciliario. En 1967, con apenas 26 años, fundó su propio estudio y se convirtió en la primera mujer no blanca en hacerlo en la provincia de Natal. La razón, según ella misma relató, era simple: “Ningún bufete me contrataría porque decían que no podían tener empleados blancos recibiendo instrucciones de una persona de color”.

Durante los 28 años siguientes, ejerció como defensora de activistas antiapartheid del CNA, del Movimiento de Conciencia Negra y de otras organizaciones, y contribuyó a visibilizar las condiciones de detención y el uso de la tortura contra los presos políticos. En 1971 logró una medida judicial para impedir que la policía aplicara métodos ilegales de interrogatorio contra su propio esposo, detenido bajo la Ley Antiterrorista. Dos años después obtuvo el derecho de los presos políticos de la Isla Robben —entre ellos Nelson Mandela— a recibir asistencia letrada.

En 1981, con una beca del Programa Harvard-Sudáfrica para el intercambio de estudiantes antiapartheid, cursó un máster en derecho en la Universidad de Harvard. En 1988 obtuvo allí mismo el doctorado en ciencias jurídicas, convirtiéndose en la primera sudafricana en alcanzar ese grado en la Facultad de Derecho de Harvard.

La violación pasó a ser reconocida como crimen de guerra gracias a un fallo que Pillay impulsó en Ruanda

En 1995, tras el fin del apartheid, el presidente Mandela la nombró jueza de la Corte Suprema de Sudáfrica, donde se convirtió en la primera mujer no blanca en integrar ese tribunal. “La primera vez que entré a las cámaras de un juez fue cuando entré a las mías propias”, recordó años después. Ese mismo año, la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) la eligió jueza del Tribunal Penal Internacional para Ruanda (TPIR), cargo que ejerció durante ocho años, los últimos cuatro como presidenta.

Su paso por el TPIR dejó una marca duradera en el derecho internacional humanitario. En el caso El Fiscal contra Jean-Paul Akayesu, resuelto el 2 de septiembre de 1998, el tribunal —con Pillay como figura central en la elaboración del fallo— estableció por primera vez que la violación y la agresión sexual pueden constituir actos de genocidio y crímenes de lesa humanidad. Akayesu, alcalde de la comuna de Taba, fue hallado culpable de haber ordenado a grupos paramilitares que atacaran y violaran a mujeres tutsis refugiadas en su jurisdicción. “Desde tiempos inmemoriales, la violación ha sido considerada un botín de guerra. Ahora es un crimen de guerra. Ya no es un trofeo”, declaró Pillay tras conocerse el veredicto, según recoge la Facultad de Derecho de Harvard.

El TPIR también condenó al ex primer ministro ruandés Jean Kambanda por genocidio —la primera vez que un jefe de gobierno fue declarado penalmente responsable de atrocidades cometidas durante su mandato— y a tres ciudadanos ruandeses por el uso de medios de comunicación para incitar al genocidio, en el primer caso de esa naturaleza desde los juicios de Núremberg.

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