David Uzcátegui: La soberanía no se vende en los despachos
17 Oct 2026, 10:22 5 minutos de lectura

David Uzcátegui: La soberanía no se vende en los despachos

Por La Patilla

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Del rechazo al vasallaje petrolero a la dignidad inquebrantable del Carácter

La política real no se mide por la comodidad de los salones donde se reparten las prebendas, sino por la firmeza del centro rector (Hegemonikon) del Líder ético cuando el tablero internacional intenta pisotear la dignidad de su nación. Las recientes revelaciones en torno a los pactos energéticos en Caracas —urdidos entre operadores de dudosa reputación, la administración interina y los despachos de Washington— han arrojado una luz inclemente sobre las cloacas del pragmatismo cínico. Frente al intento de convertir la soberanía venezolana en una hoja de cálculo corporativa, la respuesta de María Corina Machado marca una frontera infranqueable entre la complicidad de los mercaderes y la inquebrantable rectitud del Carácter.

I. La Sombra del Protectorado y los Contratos de la Ocultación

En el escaparate de la realpolitik contemporánea, la Sombra política opera mediante la opacidad de los recursos públicos y el chantaje de los hechos consumados. Pretender que el destino de la principal riqueza de Venezuela —el petróleo— se decida en negociaciones de espaldas al ciudadano, pactando con beneficiarios de contratos opacos como Alejandro Betancourt, es la manifestación más burda del neocolonialismo corrupto.

Para los herederos del chavismo tutelado, la patria siempre ha sido un botín de saqueo; para una oposición complaciente y dispuesta al vasallaje, la soberanía es una moneda de cambio que se entrega a cambio de migajas de validación internacional. Ambos bandos comparten la misma patología moral: la convicción de que el país es un feudo disponible para el mejor postor.

Que Washington haya pretendido marginar a la mayoritaria representación democrática de las mesas de diálogo no es solo un error táctico; es el síntoma de una diplomacia de despachos que confunde la estabilidad con la sumisión de los pueblos.

II. La Dignidad de la Prohairesis (Facultad de la voluntad activa que define la identidad moral) Frente al Vasallaje

Es aquí donde emerge en su dimensión ética la postura de María Corina Machado. Lejos de ceder al cálculo pusilánime o al silencio cómplice que exige el poder extranjero para no incomodar sus acuerdos de cúpula, su intervención ante The New York Times demuele las coordenadas de la cobardía política.

Mientras el chavismo se  prosterna históricamente ante cualquier amo extranjero que le garantizara impunidad, y mientras ciertos sectores acomodaticios de la oposición aceptan agachar la cabeza con tal de asegurar una cuota menor en el reparto, Machado reivindica el núcleo más puro de la Prohairesis: lo único verdaderamente inalienable es la libertad de juicio y la lealtad intransable al principio de justicia.

Su postura ante los contratos petroleros no es la de un autócrata rencoroso, sino la del estadista de Carácter:

«Quiero ser muy clara: si estos contratos que se están firmando cumplen con la ley venezolana, serán respetados».

En esta frase no hay berrinche ni sumisión; hay orden, ley y supremacía institucional. Se rechaza con valentía al intermediario corrupto y al testaferro del sufrimiento nacional, pero se reconoce con sobriedad y templanza (Sophrosyne) que una república seria no destruye la seguridad jurídica, sino que la subordina estrictamente al interés supremo de la Polis.

III. La Insumisión Cívica Ante el Dictado Imperial

La decisión de denunciar la exclusión y ratificar su inminente retorno al país para movilizar a los ciudadanos desnuda la diferencia abismal entre quienes hacen de la política un oficio de supervivencia personal y quienes consagran su existencia a un mandato ético.

La Sombra exige lacayos; el Carácter engendra líderes libres. Pretender que una dirigente con la legitimidad de arrastre popular más profunda de la historia contemporánea de Venezuela acepte el rol decorativo de testigo silenciosa en un protectorado petrolero es ignorar la naturaleza de la dignidad republicana.

Si María Corina Machado cumple su anuncio y regresa a Venezuela para encabezar la resistencia cívica —enfrentando con la misma valentía histórica con la que ya ha soportado la persecución directa, desafiado al aparato represivo y operado en la clandestinidad—, demostrará una vez más que la verdadera fuerza de una nación no reside en los hidrocarburos que se transan en Wall Street, ni en los decretos firmados a espaldas del pueblo, sino en la voluntad insumisa de quienes se niegan a ser tratados como súbditos en su propia tierra. Allí estaremos al frente, acompañando firmemente esa lucha sin descanso; y tengo la absoluta seguridad de que mayoritariamente el pueblo venezolano respaldará esta gesta por la libertad. 

Sentencia de Cierre: El lacayo acepta el dictado del imperio y aplaude el reparto de la riqueza nacional a cambio de supervivencia; el estadista de Carácter planta cara a la opacidad, defiende la ley con rigor inquebrantable y demuestra que la soberanía de una nación jamás estará en venta.

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