David Morán Bohórquez: 5 megaproyectos que pueden transformar la fisonomía industrial y territorial de Venezuela en el siglo XXI
07 Oct 2026, 11:31 13 minutos de lectura

David Morán Bohórquez: 5 megaproyectos que pueden transformar la fisonomía industrial y territorial de Venezuela en el siglo XXI

Por La Patilla

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Los debates sobre el futuro económico de Venezuela suelen quedar atrapados entre la coyuntura financiera, la recuperación de la producción petrolera y la necesidad de resolver los problemas inmediatos.

Todo eso es necesario, pero no es suficiente.

El verdadero salto de desarrollo exige algo más ambicioso: planificación estratégica, ingeniería de gran escala y un nuevo ordenamiento territorial basado en las ventajas comparativas reales del país.

Venezuela posee una combinación excepcional de territorio, agua, energía, gas natural, minerales, acceso al Caribe y al Atlántico y una ubicación geográfica privilegiada.Sin embargo, buena parte de su población, infraestructura y actividad económica continúa concentrada en el eje centro-norte-costero.

El desafío del siglo XXI debería ser transformar esa realidad.

No se trata simplemente de construir nuevas obras. Se trata de crear nuevos polos de actividad económica capaces de modificar la geografía productiva del país.

Propongo cinco megaproyectos que, articulados entre sí, podrían contribuir a esa transformación.

1. Centro Espacial y plataforma de lanzamiento comercial de satélites

Guárico: de productor de gas a polo aeroespacial

El primer proyecto puede parecer el más audaz: desarrollar en Guárico una infraestructura aeroespacial orientada inicialmente al lanzamiento comercial de satélites y constelaciones en órbita terrestre baja (LEO).

Pero la idea no surge únicamente de la geografía.Surge de la combinación de latitud, territorio, energía y gas natural no asociado.

La ventaja física

Una localización venezolana cercana a 8°–10° N permite aprovechar una parte importante de la velocidad tangencial adicional proporcionada por la rotación terrestre.

Esa ventaja disminuye la energía necesaria para alcanzar determinadas órbitas respecto de instalaciones situadas a latitudes mayores.

La magnitud exacta del beneficio dependerá del vehículo de lanzamiento, el azimut, la trayectoria y la órbita objetivo. Por eso, no debería traducirse automáticamente en un porcentaje determinado de incremento de payload.

Pero la ventaja física existe y merece ser estudiada.

Yucal Placer: una ventaja energética estratégica

Aquí aparece un elemento que suele quedar fuera de la discusión.

Guárico posee gas natural no asociado.

El campo Yucal Placer, incluyendo Yucal Placer Norte y Yucal Placer Sur, constituye una referencia histórica de producción de gas libre en Venezuela.Esto abre una posibilidad particularmente interesante: integrar el desarrollo gasífero del estado con una nueva industria energética y tecnológica de alta especialización.

El metano puede ser procesado y, mediante la infraestructura criogénica adecuada, convertirse en metano líquido para alimentar tecnologías de lanzamiento basadas en methalox —metano líquido y oxígeno líquido—.

El proyecto, por tanto, no sería simplemente un “puerto espacial”.

Sería el núcleo de un ecosistema aeroespacial, energético e industrial, integrado con:

La combinación posición ecuatorial + gas no asociado + energía + territorio disponible convierte a Guárico en un candidato que merece ser estudiado para una futura infraestructura internacional espacial venezolana.

2. La Guaira: homeport de cruceros y hub marítimo-aeroportuario del Caribe Sur

La segunda oportunidad está en la costa.

La Guaira tiene una combinación difícil de replicar: puerto, aeropuerto internacional, proximidad a Caracas y posición estratégica en el Caribe Sur.

Refugio durante la temporada ciclónica

Durante la temporada de huracanes del Atlántico y el Caribe, La Guaira puede ofrecer una posición estratégica de refugio para embarcaciones que operan en el Caribe Sur.

No significa que esté exenta de fenómenos meteorológicos extremos.Significa que su posición geográfica, fuera de las principales zonas de trayectoria de muchos sistemas tropicales del Caribe septentrional, puede convertirse en una ventaja competitiva de resiliencia portuaria.

Esto permitiría desarrollar servicios de safe harbor, mantenimiento, avituallamiento y reorganización de itinerarios durante períodos de elevada actividad ciclónica.

Puerto + aeropuerto

La segunda ventaja es todavía más importante.

El Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía se encuentra prácticamente integrado a la fachada portuaria de La Guaira. Su ubicación costera, baja elevación y pista de gran longitud constituyen condiciones favorables para operaciones de aeronaves de largo alcance, aunque la carga máxima de despegue depende siempre de las condiciones operacionales específicas.

La proximidad entre puerto y aeropuerto permite desarrollar un verdadero modelo Fly & Cruise:

avión + aeropuerto + puerto + crucero.

Un pasajero internacional podría llegar directamente a Maiquetía y embarcar en La Guaira sin una conexión terrestre de larga distancia. Incluso lo podría hacer via marítima en botes desde un puerto a desarrollar en el mismo aeropuert al puerto La Guaira

El verdadero negocio

Pero el proyecto no debería limitarse a los cruceros.

La combinación puerto-aeropuerto puede generar un ecosistema de:

La Guaira podría dejar de ser solamente el puerto de Caracas para convertirse en un hub marítimo-aeroportuario del Caribe Sur.

3. Gran complejo hidro-solar y eólico del Bajo Caroní

El tercer proyecto se apoya en una infraestructura que Venezuela ya posee: el extraordinario sistema hidroeléctrico del río Caroní.

El concepto

Desarrollar sistemas fotovoltaicos flotantes sobre sectores técnicamente adecuados de los embalses de Guri, Caruachi, Macagua y Tocoma, complementados —donde los estudios de recurso lo justifiquen— con generación eólica. En palabras precisas, la hibridación del sistema.

La idea central es sencilla: utilizar el agua almacenada en los embalses como una batería energética de gran escala.

Durante las horas de mayor radiación solar, la generación fotovoltaica puede cubrir parte de la demanda eléctrica y reducir el despacho hidroeléctrico.El agua conservada puede utilizarse posteriormente durante las horas de mayor demanda o en períodos de menor disponibilidad hidrológica.

Es decir: sol de día, tanto como sea posible y agua almacenada para cuando se necesite.

Una segunda ventaja

La generación fotovoltaica flotante puede reducir la ocupación de suelo y, dependiendo de las condiciones específicas del embalse y del diseño, contribuir a disminuir la evaporación.

Pero estos beneficios deben ser determinados mediante estudios de ingeniería y ambientales específicos.

Aprovechar lo que ya existe

La gran ventaja del Bajo Caroní es que Venezuela ya posee:

No significa que toda nueva generación pueda conectarse automáticamente a la red existente. Será necesario estudiar capacidad de transmisión, estabilidad, flujos de potencia y límites de las subestaciones.

Pero el objetivo es claro: convertir el Bajo Caroní en un gran complejo hidro-solar-eólico de generación flexible, capaz de aportar energía y estabilidad de calidad mundial al Sistema Eléctrico Nacional.

4. Polo de metalurgia verde e hidrógeno limpio en Guayana

El cuarto proyecto utiliza una de las mayores concentraciones de recursos industriales de Venezuela.

La idea

Reconstruir y modernizar el complejo siderúrgico y de aluminio de Guayana alrededor de una nueva lógica: mineral de hierro + electricidad competitiva + hidrógeno + infraestructura industrial = materiales de bajo contenido de carbono.

La reducción directa del hierro (DRI) puede evolucionar hacia procesos alimentados con hidrógeno, sustituyendo progresivamente combustibles fósiles.

En el aluminio, una matriz eléctrica predominantemente hidroeléctrica constituye una ventaja potencial frente a productores que dependen de generación intensiva en carbono.

La ventaja de Guayana

Pocas regiones reúnen en un mismo territorio:

La oportunidad no consiste simplemente en reconstruir lo que existía. Consiste en rediseñar la cadena industrial para producir materiales competitivos en una economía mundial progresivamente descarbonizada.

Las políticas de carbono en los mercados desarrollados aumentarán la importancia de la intensidad de emisiones incorporada en productos como acero y el aluminio.

Guayana podría aspirar a convertirse en un gran productor de acero y aluminio de baja intensidad de carbono para los mercados internacionales.

5. Corredor gasífero, petroquímico y fertilizante Orinoco–Atlántico

El quinto proyecto busca convertir recursos energéticos actualmente subutilizados en una nueva plataforma industrial.

El concepto

Desarrollar un gran corredor gasífero y petroquímico en el oriente venezolano, conectado con los centros industriales existentes y con la infraestructura portuaria del eje oriental.

La prioridad debería ser transformar una mayor proporción del gas actualmente desaprovechado —incluido el gas asociado que termina en quema o venteo— en productos de mayor valor agregado.

De la molécula al producto

El gas natural puede alimentar cadenas industriales para producir:

La lógica económica es fundamental: Exportar moléculas puede generar ingresos. Transformar moléculas genera además industria.

El Orinoco como arteria económica

Venezuela posee otra ventaja extraordinaria: el río Orinoco.

El desarrollo de la hidrovía Orinoco–Apure, allí donde resulte técnica, económica y ambientalmente viable, permitiría conectar áreas agrícolas e industriales del interior con el Atlántico. Esto podría reducir costos logísticos y acercar la producción del interior a los mercados internacionales.

El Orinoco puede volver a ser una arteria económica nacional, conectando producción, industria y comercio exterior.

La verdadera oportunidad está en conectar los cinco proyectos

Estos megaproyectos no deberían analizarse como inversiones aisladas.

Su verdadero potencial aparece cuando se conectan.

Gas | energía | petroquímica | fertilizantes | agricultura.

Hidroeléctrica + solar | electricidad competitiva | hidrógeno | metalurgia verde.

Minerales + energía + Orinoco | industria | exportaciones.

La Guaira + Maiquetía |puerto + aeropuerto | turismo + logística + servicios marítimos.

Gas + energía + ingeniería + universidades | industria aeroespacial.

El resultado sería mucho más importante que cinco grandes obras.

Sería una nueva arquitectura productiva para Venezuela.

¿Y cuánto podría costar?

Aquí es donde debemos ser rigurosos.

Un programa de esta magnitud podría movilizar decenas de miles de millones de dólares durante una década, pero cualquier cifra consolidada de CAPEX, empleo, exportaciones o impacto sobre el PIB debe surgir de estudios de prefactibilidad y factibilidad específicos.

No tiene sentido presentar hoy como certezas cifras que todavía requieren ingeniería.

El orden correcto debería ser:

1. Identificar la ventaja comparativa.

2. Diseñar la solución de ingeniería.

3. Determinar el mercado.

4. Calcular el CAPEX y el OPEX.

5. Evaluar la rentabilidad y los riesgos.

6. Estructurar el financiamiento.

7. Ejecutar.

Ese orden es precisamente el que puede evitar que los megaproyectos vuelvan a convertirse en monumentos de capital improductivo.

El verdadero proyecto: cambiar la geografía económica de Venezuela

Venezuela no necesita solamente recuperar lo que perdió. Necesita construir algo diferente.

Durante décadas, el país desarrolló una estructura económica excesivamente concentrada alrededor del petróleo, las ciudades del centro-norte y el consumo de la renta.

El siglo XXI ofrece la oportunidad de construir una economía diferente: más industrial, más descentralizada, más integrada territorialmente y orientada a la exportación de bienes y servicios de mayor valor agregado.

Reindustrializar Guayana.

Desarrollar el eje Orinoco–Atlántico.

Convertir La Guaira en una plataforma marítima y aeroportuaria internacional.

Integrar hidroeléctrica, solar y eólica.

Crear nuevas industrias alrededor del gas.

Y, eventualmente, entrar en la economía espacial.

No es una cuestión de imaginar obras monumentales. Es una cuestión de convertir ventajas físicas en ventajas económicas.

Venezuela tiene territorio.Tiene agua. Tiene energía. Tiene gas.Tiene minerales.Tiene acceso al Caribe y al Atlántico.Tiene una posición geográfica privilegiada.

Lo que falta es convertir esas ventajas en capital productivo, infraestructura, conocimiento, industria y competitividad internacional.

El desafío de Venezuela no es solamente producir más. Es cambiar dónde, cómo y para qué producimos.

Y esa transformación comienza por volver a pensar el territorio y sus potencialidades


David Morán Bohórquez es ingeniero industrial. Miembro de la Comisión de Energía de la Academia Nacional de Ingeniería y Hábitat de Venezuela y del Consejo Directivo de Cedice Libertad.

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