Antonio Canova González: Promovidos para fracasar
07 Oct 2026, 09:22 5 minutos de lectura

Antonio Canova González: Promovidos para fracasar

Por La Patilla

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Pasan de grado a todos los niños y después les exigen lo que nunca les enseñaron. No parece un descuido. Parece un diseño, y su resultado es quebrar la autoestima

Un niño pasa de segundo a tercer grado sin dominar las tablas de multiplicar. Al llegar le exigen todas, y además multiplicaciones de dos cifras. Otro, promovido de cuarto a quinto, que lee y escribe cantidades de hasta seis dígitos, recibe ejercicios de nueve y doce, con decimales que nadie le explicó. Cuatro alumnos de otra maestra, que ya leían y escribían de manera convencional, deben ahora hacerlo en letra corrida, y ellos, cuenta ella, “sienten que no saben leer”. Una directora tiene seis niños con dificultades de aprendizaje y ninguna adaptación. El diagnóstico del aula, lo primero que debería hacerse, no se hizo. Se mandó la tarea a casa, donde nadie la entiende. Y esto ocurre entre apagones, escasez de comida y sin gas.

Son mensajes de un chat de maestras, de esta semana, y repiten la misma secuencia. Primero, el sistema promueve a todos, sepan o no. Segundo, les exige competencias que no tienen, con tareas que les resultan incomprensibles. Tercero, el niño llega a la conclusión que llegaría cualquiera: que el torpe es él.

Un sistema que no enseña puede ser solo ineficaz. Pero uno que promueve a todos y luego exige lo que no enseñó produce un resultado preciso: niños que se sienten incapaces. Y un niño con la autoestima quebrada es dócil. No pregunta, no discute, espera que otro le diga qué pensar. Cualquiera pensaría que es deliberado. Y con este gobierno, con esta dictadura que ha usado la escuela como instrumento de control y adoctrinamiento, pensar mal es acertar.

Podrá decirse que atribuir intención es demasiado, y no puedo probar lo que pensaba cada funcionario. Pero, siguiendo a Karl Popper, la conjetura es refutable: si el sistema hiciera el diagnóstico antes de exigir, nivelara a los niños, adaptara las tareas a quienes tienen dificultades y dejara de promover sin evaluar, caería. Un diseño que se repite cada año da lugar a descartar un error.

Esto es lo que ocurre con el 88% de los estudiantes venezolanos, los que según la Encovi asisten a escuelas públicas. Y aun las privadas están muy sometidas al mismo control del Estado. En el último estudio de la UCAB (11.000 pruebas en siete estados, año escolar 2024-2025), el promedio en matemáticas fue de 7,08 sobre 20, aplazado, con 80,8% de reprobados; en las escuelas públicas, 6,55. En lengua apenas se llega al aprobado: 10,5.

Pero mientras el Estado hace eso, ocurre algo que nadie planificó. Descubrimos, en Petare y en Montalbán de Carabobo, el orden espontáneo que James Tooley encontró en la India, en China y en África: maestras emprendedoras que enseñan en sus casas a los niños de su comunidad, y familias que pagan por ello porque ven a sus hijos aprender. Hoy la red El Bello Árbol reúne 145 microescuelas y 1.612 niños. Las microescuelas son de ellas. No las creamos ni las dirigimos: las encontramos. Las apoyamos, promovemos y experimentamos buscando rindan a todo su potencial.

Tras los terremotos del 24 de junio, con las escuelas oficiales cerradas, fueron ellas quienes, conversando entre sí, vieron que había que ayudar a los niños. Diecisiete convirtieron sus aulas en Campamentos de Resiliencia y atendieron a 394. Luego salió el reto de la etapa siguiente, la recuperación académica: un plan de formación de cinco meses diseñado con ellas. Acordamos que la fase siguiente usaría a Amanda IA para matemáticas, La Hora del Cuento para lectura en un curso de preparación para las Olimpiadas Recreativas y Juveniles de marzo de 2027, con unos 200 niños, para mostrar el poder de estas maestras y la calidad del aprendizaje.

Quien quiera saber qué hacen las microescuelas de Las 20 de Amanda IA no tiene que creernos: que entre en la página de Impacto, impacto.elbelloarbol.com. Los datos están ahí, día a día, también los días malos.

Pero la escuela oficial no es una aliada que falla: es parte del problema. No forma, malforma. Cada tarde que una maestra dedica a recuperar a un niño, la escuela oficial le manda a casa otra tarea que él no entiende. Es muy difícil reparar a quien otro se empeña en quebrar.

Además de las microescuelas son muchos emprendedores privados que ya hacen educación en línea, híbrida, en casa, Montessori, con tecnología, y que esperan también un cambio de sistema para innovar con libertad.

Por eso pregunto: ¿no sería preferible un sistema de libertad educativa, en el que las escuelas públicas dejen de ser obligatorias y sean los padres, y no los gobernantes, quienes decidan dónde y cómo aprenden sus hijos?

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