
A estas alturas del tiempo ya hay un evidente descontento con la actuación de la fulana comisión negociadora que integran el Rodrigato y diputados de Primero Justicia y Voluntad Popular, por la oposición.
Lo afirmo sin pecar de extremista o de exagerado. Pero las cosas son como son. La verdad es que la citada comisión ha perdido un tiempo precioso, sin haber logrado resultados evidentes en estos meses, donde no ha habido cambios importantes y siguen imperando las prácticas autoritarias y antidemocráticas del chavomadurismo.
Pareciera que, por ejemplo, los representantes de la oposición en esa comisión no terminan de convencerse de que la única salida a la crisis nacional es la convocatoria urgente a elecciones presidenciales y de la Asamblea Nacional y luego los comicios regionales y municipales. Claro está que esa prioridad lleva apareada la designación urgente de un nuevo Tribunal Supremo de Justicia y de un nuevo Consejo Nacional Electoral -aunque sean con carácter interino-, promesa que pareciera que pudiera cumplirse antes de finalizar el año. Pero aún quedan pendientes temas que podrían concretarse simultáneamente como la liberación plena de los presos políticos y la eliminación de las inconstitucionales inhabilitaciones políticas.
Sin embargo, llama la atención, y no deja de escandalizar a algunos, cómo esa comisión sesiona unos pocos días y luego toma vacaciones -con algunos de ellos viajando al exterior, entre tanto-, mientras los venezolanos están ansiosos por salir de esta crisis cuanto antes. Y no deja de llamar igualmente la atención la manera cómo priorizan los temas, obviando los más urgentes, dejando a la imaginación y a la especulación de todos cuándo realmente van a tomar las decisiones fundamentales.
Los venezolanos ansían un cambio verdadero y cuanto antes porque, hasta ahora, no se ha producido y el país lo reclama con urgencia. Frente a esta angustia generalizada no han faltado quienes piden paciencia y espera, unos por cálculos perversos y otros de buena fe, sin faltar los ingenuos de siempre. Pero la verdad es que, después de los acontecimientos del pasado tres de enero, el planteamiento de comenzar cuanto antes la transición hacia la redemocratización de Venezuela surge como un reclamo colectivo, justo y valedero, desde todo punto de vista.
Porque hay otra verdad indiscutible: aquí no se ha producido ninguna recuperación en el campo económico y social, como se prometió inicialmente. Hoy estamos peor que antes porque los venezolanos siguen siendo acosados por el desempleo, los salarios miserables -los más bajos del continente-, el empobrecimiento de las clases medias y bajas, la crisis generalizada de la salud, el desastre de la educación a todos los niveles, la creciente inflación, el alto costo de la vida y el dramático colapso de los servicios públicos, especialmente el suministro de energía eléctrica y de agua potable, entre otras desgracias nacionales.
En el campo político continuamos atados al mismo pasado chavomadurista autoritario, ahora continuado por sus herederos que hoy encabezan un régimen inconstitucional y de facto, que nadie ha elegido. Revísese en este sentido la supuesta amnistía, por ejemplo, que sigue siendo una falsedad conceptual y ajena a lo que ese concepto jurídico significa en verdad. Una amnistía auténtica no condiciona a quienes beneficia, ni los discrimina si en verdad persigue un objetivo de conciliación y unidad nacional. Bien se sabe que excarcelaron -sin darle libertad absoluta, como debió ser- unos cuantos presos políticos, pero la gran mayoría siguen injustamente detenidos y no han cesado ciertas prácticas represivas y de amedrentamiento.
De la misma manera tampoco se ha procedido a regularizar como es debido la situación de más 10.000 personas que siguen sujetas a medidas restrictivas de libertad, sin olvidar los millones de venezolanos -muchos de ellos forzosamente exiliados- que no han podido regresar al país por motivos de seguridad y ausencia de garantías.
Las instituciones venezolanas continúan estando manipuladas a todos sus niveles por la cúpula interina en el poder y de espaldas al sentir nacional de cambio cuanto antes. Se pretende prolongar lo mismo del pasado y por eso siguen maniobrando descaradamente.
Por todas estas razones resulta urgente un verdadero cambio político. Quienes aún continúan en el poder son los mismos que con Chávez y Maduro arruinaron al país, liquidaron la democracia, persiguieron a la disidencia política y obligaron al destierro a millones de venezolanos que no consiguieron empleo ni oportunidades en su propia patria.
Hasta tanto no se redemocratice al país no se podrá lograr la estabilización política ni la recuperación económica y fiscal, al revés de lo decidido por el gobierno de Trump de manera errónea. Pensar que estas dos últimas son más importantes que el primer y fundamental objetivo resultará, a la postre, más perjudicial aún para todos, incluidos quienes, por ahora, siguen detentando el poder.
Mientras tanto, la crisis nacional sigue creciendo y la paciencia de la gente agotándose.