Continúan las largas mesas de discusión acerca del trabajo y supuestamente cómo encontrar la manera de solucionar el enorme problema que estos gobiernos continuados se han creado para atender los derechos de los trabajadores, jubilados y pensionados. Con bolsas Clap y Sistema Patria con bonos, idearon todo un sistema de control y sometimiento basado en el hambre y la precariedad general. Con excusas en la “guerra económica”, el “bloqueo” y algunas otras fantasías más que no han sido suficiente para ocultar la primera corrupción del mundo.
Así, nos han aplicado unas categorías desmontables por burdas. Me he referido a ellas en varias oportunidades. Aquí las condenso a modo de reflexión para lo que se nos viene pronto, según amenazan permanentemente desde las mesas donde, por cierto, se escucha poco o nada a los voceros de los trabajadores. Con Fedecámaras y sus representantes como voz cantante de barítono con aguda voz sostenida.
El daño laboral
Son casi tres décadas de afectación al trabajo y al trabajador. En ese tiempo acabaron con toda la protección social: prestaciones, cajas de ahorro, cuido de la salud, sindicatos, gremios, créditos. No solo cercenaron el valor del bolívar si no que anularon sueldos y salarios, pensiones y jubilaciones hasta la desaparición. Se concentraron en otorgar bonos a su conveniencia, tan discrecionalmente que nadie sabe cómo los calculan, cuál es la base de los cálculos. Alguien decide, porque le da la gana, “el monto es este” y lanza un bono, otro bono, que no cubren en su totalidad las necesidades básicas. Ese daño laboral de tanto tiempo debe revertirse paulatinamente, hasta alcanzar el bienestar y la protección de las remuneraciones y la libertad de elegir lo que se hace con la contraprestación del trabajo, más allá de la sobrevivencia con la escasa comida.
El clientelismo populista
Eso sí, en procura de preservar el poder y ganar elecciones, a cada quien le entregaron bonos, enchufes, pensiones, dádivas miserables, cubiertas de oropel, para hacer creer que para todos alcanzaba la entrega económica mínima. De ese modo, generaron millones de pensionados, por ejemplo, así no hayan trabajado nunca ni cotizado al IVSS, afectando a todos. La pensión no aumenta hace años, más allá de los miserables 130 bolívares. Aunque ese monto que cacarean en cada entrega mensual no alcance para un caramelo. Es la esperanza sosteniendo el poder. Algún día se revertirá, pero “soy pensionado” y bonificado. Ya vendrá lo mejor, las vacas gordas. Mientras engordan otros.
El comunismo laboral
Aquí nos igualaron a todos por debajo. Se acabaron los méritos, la experiencia, los estudios. Los bonos, via Sistema Patria, son los mismos para toda la administración pública. Los recién ingresados sin preparación alguna o con trabajos de ningún requerimiento profesional o de conocimiento mínimo siquiera, perciben lo mismo que el doctor de 30 años de servicio o el profesor titular. Últimamente quisieron emparejar esto con el bono de corresponsabilidad y formación, del peor modo posible. Con montos que no alcanzan la dignidad laboral ni los derechos humanos ni el trabajo decente, como lo denomina la OIT.
El fraude laboral
Todos aquellos que firmaron contrato hace más de dos décadas, lo hicieron bajo unas condiciones de ingreso que garantizaba una vida digna. Una jubilación acorde, una protección social hasta la muerte. Hoy nada de eso existe. Crearon un fraude laboral mayúsculo que deben pagar lo más inmediatamente posible. El vacío lo sienten más los más antiguos, vinculados aún a la administración pública, sorteando algún emprendimiento para la sobrevivencia.
La esclavitud moderna
Poco más que decir al respecto. La explotación laboral es la orden del día, de todos los días. “Trabaja para que comas y vuelvas mañana, durante todas las horas posibles y más, sin mas”. Peor que en tiempos coloniales. El gobierno no se sacia de exprimir trabajadores sin protección alguna. Sin esperanza de sobrevivir a la mala vida diaria, a la que se le suman los servicios pésimos. Sin poder escapar de la contención, porque ¿cómo se libra del circulo del mal? ¿Cuál es la escapatoria? Condenados a la esclavitud, sin juicio alguno.
Todo este descalabro provocado incide en la empresa privada, desde luego. Con el trabajo más barato del mundo. ¿No?
Las consecuencias sociales de todo este acabamiento del trabajo por la “revolución bonita” y continuada son incalculables: el más grande desplazamiento mundial de población, suicidios, trata de personas, corrupción en el primer lugar del mundo, prostitución femenina y masculina, hambre, porque la pobreza supera la horrorosa magnitud del 68% en los habitantes, sometimiento y control en aras de sostener el poder y procurar ganar elecciones que pierden y seguirán perdiendo.
Esto solo se revertirá con un saneamiento de la economía, con mayor producción en todo, sí, pero también con: reducción del gasto público, de los gastos superfluos, persecución verdadera de la corrupción, compilar lo robado de lo nuestro que anda por el mundo y ponerlo al servicio del trabajo, la educación y la salud; reducción de impuestos a la población, saneamiento de las nóminas públicas, incremento de la empresa privada. Todo un plan económico, vinculado a lo laboral, que hoy no existe. Con improvisación no revertiremos el daño producido a los trabajadores y el trabajo.
En fin, los enemigos del trabajo en Venezuela son los gobernantes rojos.