
May Martínez nunca imaginó que su búsqueda de justicia por el asesinato de su hija la llevaría a recibir sus restos en cajas sin identificar, viajar 1.400 kilómetros para presenciar una ejecución fallida y regresar a casa con las manos vacías. Treinta años después del crimen de Colleen Slemmer en Knoxville, Tennessee, la única mujer en el corredor de la muerte del estado, Christa Pike, sobrevivió a la inyección letal. El Estado no le pidió disculpas.
Por Infobae
En el documental Dead Woman Walking, Martínez describió lo que vivió durante el proceso judicial: al llegar a la sala del tribunal, encontró el cráneo de su hija frente a ella. Después de 16 años de cartas y gestiones, lo recuperó. Fue entonces cuando comenzaron a llegar las cajas desde la Universidad de Tennessee, sin ninguna advertencia sobre el contenido.
La primera traía los genitales de Colleen. La segunda, su nariz y un fragmento de la barbilla. La tercera, dos mechones de cabello. La cuarta, la capa externa de piel del páncreas.
“Recibí una pequeña caja marrón, la abrí y no podía entender qué era. Solo eran pedazos”, relató en el mismo documental. “El Estado de Tennessee realmente me ha fallado. Pusieron mi vida patas arriba”.
El gobernador Bill Lee reconoció que el resultado del procedimiento fue “inesperado e inaceptable”, ordenó una revisión independiente del protocolo y suspendió todas las ejecuciones previstas para el resto de 2026. El comisionado del Departamento de Correcciones de Tennessee, Frank Strada, presentó su renuncia días después.
May Martínez reclamó una disculpa del Estado de Tennessee tras la ejecución fallida de Christa Pike
La comunidad de Martínez en Jacksonville reunió más de USD 2.500 para costear el viaje a Nashville. Cuando las cortinas se cerraron y Pike continuó respirando, las autoridades los escoltaron afuera sin dar ninguna explicación.
“Se estaba quedando ahí, en la mesa, hablando, todavía riendo, levantando la cabeza”, relató al canal WJXX, afiliado de ABC en Jacksonville, mientras regresaba a casa.
Cuando la prensa le preguntó si alguien se había disculpado, respondió: “No, señor. Nadie se disculpó”. Y agregó: “Creo que el Estado me debe una gran disculpa”. Luego, en voz más baja: “Y como madre, le fallé a ella”.
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