Trino Márquez: Sin electricidad no hay futuro
08 Oct 2026, 10:24 5 minutos de lectura

Trino Márquez: Sin electricidad no hay futuro

Por La Patilla

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Cuando comencé mis estudios de sociología, hace ya bastante tiempo, Venezuela era considerada por los teóricos del ‘desarrollo’ -entre ellos Walt W. Rostow- como uno de los países que se encontraba en la etapa del ‘despegue económico’. 

La imagen era muy gráfica: el país mostraba un conjunto de indicadores en distintos campos que lo ubicaban entre las naciones con excelentes condiciones para alcanzar los altos estándares de calidad de vida que exhibían las sociedades más avanzadas. Entre esos indicadores destacaba el servicio eléctrico: las fuentes de generación, los canales de distribución, la cobertura nacional y el consumo per cápita, se consideraban fundamentales para medir el bienestar de la población. 

Incrementar la calidad de ese servicio había sido una prioridad para los gobiernos posteriores a la muerte de Juan Vicente Gómez. Con la administración de Rómulo Betancourt, proporcionar electricidad a cada hogar venezolano se convirtió en un objetivo prioritario. Desarrollar la central del Guri fue una de las claves para fomentar el crecimiento de la industria autóctona  y elevar la calidad de vida de la población.

Durante todo el período democrático, aumentar y preservar el potencial eléctrico con inversiones cuantiosas y personal altamente calificado  fue una aspiración de los gobiernos y de la nación. El ejemplar funcionamiento del Metro de Caracas durante décadas simbolizó  los logros alcanzados en este campo. 

El cuadro cambió con la llegada de Hugo Chávez y su socialismo del siglo XXI. La gerencia especializada y de excelencia que dirigía el Guri fue sustituida por cuadros que respondían a los lineamientos del nuevo régimen. Funcionarios que le eran leales al comandante, sin que se tomaran cuenta sus capacidades profesionales. Este giro trastocó el funcionamiento de la empresa Electrificación del Caroní (Edelca). Luego, se expropió la Electricidad de Caracas (EDC), entre otras empresas particulares que suministraban electricidad, y se creó Corpoelec (Corporación Eléctrica Nacional, S.A.), empresa estatal única que administra todo el Sistema Eléctrico Nacional (SEN), que incluye el Guri. 

La estatización y, especialmente, la politización de la industria eléctrica han sido los dos factores básicos que han provocado la ruina del servicio. En todo el país son permanentes las quejas de los ciudadanos, los industriales, los comerciantes, los administradores de los hospitales, los educadores. No hay sector social ni región que no muestre su indignación por la precariedad del servicio. En el oriente, el occidente y el centro de Venezuela, los apagones se prolongan por más de doce horas casi todos los días de la semana. Como en Cuba, la gente ha comenzado a hablar de ‘alumbrones’. La electricidad solo aparece de manera ocasional. Los cortes eléctricos no son anunciados ni programados. Se producen de forma intempestiva y cotidiana. Entorpecen la vida normal de la colectividad sin dar tregua.

Las ‘soluciones’ que plantea el Gobierno parecen una ironía. Cuando a las autoridades se les ocurre decir algo, llaman a la población a mantener un consumo racional del flujo eléctrico o a armarse de paciencia. Esto ocurre en el mejor de los casos En el pasado, para resolver el déficit, el régimen les entregó miles de millones de dólares a empresas fantasmas como Derwick Associates, dirigida, entre otros, por Alejandro Betancourt, quien por arte de magia convirtió el dinero de los venezolanos en lujoses castillos de su propiedad en Europa.

Para impulsar un crecimiento económico sostenido e integral de la nación, habría que empezar a superar cuanto antes la insondable crisis que sufre el sector eléctrico nacional. Ninguna área económica puede elevar la productividad y el rendimiento con cortes repentinos, prolongados y continuos. Los especialistas en la materia insisten en que, para contar con un servicio de alta calidad, resulta esencial entregarle la conducción del sector a una gerencia profesional altamente calificada, meritocrática e independiente de las presiones y lealtades partidistas. 

Haber estatizado, pero sobre todo colonizado ideológicamente la Electricidad de Caracas, fue un error mayúsculo, que le ha costado incontables penurias a los caraqueños y a los habitantes de las zonas aledañas. El mismo vicio se observa en todo el SEN. La desinversión, la falta de reposición de equipos y de planes de contingencia, la ausencia de personal calificado, son factores que conspiran contra la posibilidad de que la electricidad se convierta en una palanca para el desarrollo nacional.

Venezuela pasó de ser un modelo mundial de generación, distribución y consumo eléctrico, a ser un ejemplo de ineficiencia y corrupción. Este estatus hay que modificarlo cuanto antes.

 Sin electricidad no hay futuro.

@trinomarquezc

  

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