
Hablar del Lago de Maracaibo no es ponerse a tirar números ni usar palabras rebuscadas. Hablar del Lago es hablar de nuestra propia vida. Maracaibo existe gracias a él. Nuestros viejos se asentaron a sus orillas porque esa agua se podía tomar, servía para lavar la ropa y para darle de comer a toda una región.
¡Si hasta la mismísima Virgen de la Chiquinquirá apareció así! La viejita estaba lavando sus corotos y su ropita en la orilla del lago cuando se consiguió la tablita. Ese es nuestro origen.
¿Dónde quedó aquel regionalismo del que nos sentíamos tan orgullosos?
Como decía Octavio: “Cuando del lago escucho el chapotear de su marullo, se me hincha el pecho de orgullo al saberme maracucho”. O como cantaba Alí Primera, acordándose de lo cristalino que era. Antes, si tenías una gripe mala, te llevaban al lago a darte un baño de playa para que se te saliera el pasmo.
Hoy en día hay que alejar a la gente, porque el que se mete sano sale enfermo, y el que entra enfermo, sale muerto.
Es una vergüenza y una mentira de tamaño monumental que en Maracaibo tengamos que pagar 30 dólares por un camión cisterna para tener agua en la casa, teniendo semejante masa de agua ahí mismito para este fin nos resulta inútil.
El que se asoma a mirar el lago por debajo se horroriza. Aquello es un cementerio de chatarra petrolera, derrames y lemna. Ya no se ven las toninas saltando, no hay gaviotas, no hay pelícanos, ya ni un camarón se consigue. Nos estamos quedando sin ecosistema y sin alma.
Restaurar el Lago de Maracaibo no es un capricho ecológico ni un proyecto para archivarlo en una oficina: es una advertencia de supervivencia. Si no le metemos el pecho a recuperar el lago con fiscalización seria, inversión y limpieza de verdad, nos estamos quedando sin futuro.
No podemos dejar que el corazón del Zulia se termine de apagar.
Concluyó con una prosa que nace del corazón: Si la Chinita bajara hoy a mirar el lago,
lloraría con su pueblo al ver morir su cuna,
la cuna del Niño Dios donde se meció en los brazos de la Virgen María.
Si el pesebre de Belén lo transformaron en un santuario,
¿por qué el lago —el pesebre de la Chinita—
es hoy un espejo de agua de chatarra donde nadie mete la mano?
D C / Abogado Joaquín Chaparro Oliveros / Demócrata Cristiano pero diferente…
Sociedad Civil-Zulia.&