Regresar a clases en Venezuela: estudiar en un país que le está fallando a sus jóvenes, por Anthony Hernández
14 Sep 2026, 12:47 6 minutos de lectura

Regresar a clases en Venezuela: estudiar en un país que le está fallando a sus jóvenes, por Anthony Hernández

Por La Patilla

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Regresar a clases debería ser una noticia llena de esperanza. Para cualquier joven, comenzar un nuevo año escolar o universitario debería significar reencontrarse con sus compañeros, asumir nuevos retos, aprender y comenzar a construir el futuro que desea.

Pero para un estudiante venezolano, regresar a las aulas también significa enfrentarse nuevamente a una realidad que el poder pretende ocultar detrás de discursos y cifras: escuelas deterioradas, universidades abandonadas, profesores golpeados económicamente y jóvenes obligados a estudiar mientras luchan diariamente por sobrevivir.

Lo digo no solamente como dirigente juvenil, sino también como estudiante universitario. Lo he vivido y lo viven miles de jóvenes venezolanos.

Sabemos lo que significa llegar a una institución educativa y encontrarse con problemas que deberían ser inadmisibles en cualquier país. Sabemos lo que significa depender de un transporte público deficiente, enfrentar apagones, dificultades económicas y, aun así, intentar mantener la concentración para cumplir con nuestras responsabilidades académicas.

Y entonces surge una pregunta inevitable: ¿cómo puede un joven construir un proyecto de vida cuando el propio Estado ha deteriorado las condiciones necesarias para hacerlo?

Durante años, el régimen de Nicolás Maduro ha hablado de una supuesta recuperación y de avances en materia educativa. Sin embargo, la realidad de las comunidades educativas cuenta una historia completamente diferente.

No basta con inaugurar un período académico, publicar fotografías o anunciar cifras de estudiantes matriculados. Gobernar también significa garantizar que esos estudiantes tengan dónde estudiar, cómo llegar a clases y condiciones mínimas para aprender.

Una escuela con infraestructura deteriorada no representa progreso.

Una universidad sin recursos suficientes no representa progreso.

Un profesor que debe sobrevivir con ingresos insuficientes no representa progreso.

Y un estudiante que tiene que decidir entre pagar transporte, alimentación o continuar sus estudios tampoco puede ser presentado como parte de una educación de calidad.

 

¿Qué futuro se le está ofreciendo a nuestra juventud?

Esta es una de las preguntas que más me preocupa como dirigente juvenil.

A los jóvenes venezolanos constantemente se nos habla del futuro, pero pocas veces se nos pregunta qué futuro estamos construyendo hoy.

¿Cómo queremos que nuestros jóvenes sean profesionales, científicos, investigadores, emprendedores y líderes si nuestras instituciones educativas se deterioran año tras año?

¿Cómo queremos detener la migración juvenil si estudiar y desarrollarse profesionalmente dentro de Venezuela se convierte cada vez más en una prueba de resistencia?

¿Cómo podemos pedirle a un joven que no abandone el país cuando observa que incluso obtener una carrera universitaria implica superar obstáculos que no deberían existir?

No estamos hablando simplemente de paredes, pupitres o salones. Estamos hablando de oportunidades.

Cada laboratorio que deja de funcionar representa una oportunidad perdida.

Cada profesor que abandona la universidad representa conocimiento que se pierde.

Cada estudiante que abandona sus estudios representa un proyecto de vida que queda inconcluso.

Y cada joven que termina marchándose del país representa talento que Venezuela deja de aprovechar.

 

Las universidades también están sobreviviendo

Como estudiante universitario, sé que la universidad venezolana todavía conserva algo extraordinario: jóvenes y profesores que, a pesar de las dificultades, continúan intentando salir adelante.

Pero no podemos romantizar esa resistencia.

No debería ser heroico que un estudiante logre graduarse. Debería ser normal.

No debería considerarse una hazaña que un profesor permanezca en Venezuela.

No debería ser admirable que una universidad funcione con limitaciones extremas.

El Estado tiene la obligación de garantizar las condiciones para que la educación superior funcione adecuadamente.

Y esa responsabilidad recae sobre quienes han dirigido el país durante estos años.

El régimen de Nicolás Maduro no puede pretender que una generación entera olvide el deterioro que ha experimentado el sistema educativo. Tampoco puede el interinato encabezado por Delcy Rodríguez limitarse a administrar las consecuencias de una crisis que exige respuestas profundas.

Los jóvenes no necesitamos discursos; necesitamos oportunidades.

Necesitamos universidades con autonomía y recursos.

Necesitamos profesores justamente remunerados.

Necesitamos bibliotecas, laboratorios y espacios dignos.

Necesitamos transporte y servicios públicos que funcionen.

Necesitamos que estudiar vuelva a ser una vía para progresar y no una carrera de obstáculos.

 

Como dirigente juvenil, no pienso quedarme callado

Desde Barinas, y desde mi responsabilidad como dirigente juvenil de Vente Venezuela, considero que nuestra generación tiene que dejar de aceptar como normal lo que nunca debió ser normal.

No podemos acostumbrarnos a estudiar con instituciones deterioradas.

No podemos acostumbrarnos a que un apagón pueda interrumpir nuestras actividades.

No podemos acostumbrarnos a que nuestros profesores abandonen las aulas porque sus ingresos no les permiten vivir dignamente.

No podemos acostumbrarnos a ver jóvenes talentosos abandonar Venezuela porque sienten que aquí no existe un futuro para ellos.

Y mucho menos podemos permitir que nos digan que debemos esperar indefinidamente mientras una generación completa pierde oportunidades.

Nuestra juventud merece mucho más que sobrevivir. Merece vivir, estudiar, prepararse y construir.

Por eso creo firmemente que la reconstrucción de Venezuela debe tener a los jóvenes como protagonistas. No como espectadores de la política, no como simples asistentes a actos y tampoco como una generación utilizada solamente durante los procesos electorales.

Queremos participar en la construcción del país que vamos a heredar.

Queremos instituciones educativas dignas.

Queremos universidades libres, autónomas y abiertas al conocimiento.

Queremos oportunidades para quedarnos en Venezuela porque queremos, no porque no tengamos otra alternativa.

El regreso a clases debería hablarnos de futuro.

Pero mientras nuestras escuelas y universidades continúen deteriorándose, mientras nuestros profesores sigan enfrentando condiciones precarias y mientras miles de jóvenes tengan que estudiar luchando contra dificultades que deberían ser responsabilidad del Estado resolver, tenemos que decirlo con claridad:

El problema de Venezuela no es una generación que no quiere estudiar. Es un sistema que le está fallando a una generación que todavía quiere salir adelante.

Y como joven venezolano, estudiante universitario y dirigente juvenil, no estoy dispuesto a aceptar que ese sea nuestro destino.

Venezuela puede reconstruirse. Y esa reconstrucción debe comenzar también en nuestras aulas.

 

Por: Anthony Hernandez

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