
Las oraciones por la recuperación de León XIV, internado en el Hospital Gemelli de Roma después de una cirugía por cáncer de pulmón, volvieron a poner en el centro de la devoción católica a San Peregrino Laziosi, el religioso italiano del siglo XIV al que muchos fieles invocan ante enfermedades oncológicas.
Por infobae.com
El Pontífice, de 71 años, fue operado el 13 de octubre para extraerle el lóbulo inferior del pulmón derecho. El examen realizado durante la intervención confirmó que padecía un adenocarcinoma pulmonar, según informó la Santa Sede. Tres días después de la cirugía, el parte médico indicó una evolución favorable: el Papa podía realizar por sí mismo sus actividades cotidianas y los controles registraban una mejoría sostenida.
En ese contexto, la figura de Peregrino volvió a cobrar presencia entre quienes siguen de cerca la salud del jefe de la Iglesia católica. Su nombre quedó asociado a las personas que atraviesan tratamientos contra el cáncer por una antigua tradición que relata la curación de una grave lesión en una de sus piernas.
Quien fue San Peregrino
La vida de San Peregrino Laziosi comenzó lejos de la imagen de penitencia que definiría su devoción posterior. Nació en 1260 en Forlì, en el norte de Italia, dentro de una familia acomodada. Durante su juventud se alineó con la facción local que se oponía al papado.
El episodio que la tradición católica presenta como un punto de quiebre ocurrió cuando San Felipe Benizi, superior de la Orden de los Siervos de María, llegó a Forlì para predicar la paz en nombre del papa Martín IV. La visita provocó hostilidad: hubo insultos, piedras y agresiones. Peregrino, según el relato, le dio una bofetada al fraile.
La respuesta de Benizi marcó el rumbo de la historia. En vez de devolver el golpe, ofreció la otra mejilla y rezó por el joven. Peregrino lo siguió cuando se retiraba, se arrodilló ante él y le pidió perdón. Más tarde, siempre de acuerdo con la tradición, tuvo una aparición de la Virgen María que le indicó viajar a Siena e ingresar en la orden servita.
En 1292 recibió el hábito de los Siervos de María. Años después regresó a Forlì, donde estableció una casa de la congregación y fue conocido por su tarea de predicador y confesor. Las fuentes devocionales sostienen que durante tres décadas evitó sentarse como acto de penitencia.
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