¿Qué significa ser humano? León XIV interpela a la Unesco
04 Oct 2026, 18:08 4 minutos de lectura

¿Qué significa ser humano? León XIV interpela a la Unesco

Por La Patilla

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El 25 de septiembre de 2026, en el primer día de su viaje apostólico a Francia, el papa León XIV pronunció un discurso en la sede de la UNESCO, en París. No fue una intervención de circunstancia. Ante representantes de los Estados, del mundo académico y de la sociedad civil, el Pontífice planteó una pregunta que, según dijo, no podemos dar por resuelta ni siquiera en el siglo XXI: ¿qué significa ser humano?

Por Fe y Alegría Noticias

El escenario tenía un valor simbólico. En 2027 se cumplirán 75 años de la presencia de la Santa Sede en la organización, y han pasado 46 desde que san Juan Pablo II habló en ese mismo lugar. León XIV recogió aquella herencia e invitó a mirar a la UNESCO no solo como un organismo internacional, sino como un espacio donde la humanidad reflexiona sobre sí misma, su historia y su futuro.

Su respuesta parte de tres rasgos elementales. Ser humano es, primero, ser hijo: nadie eligió de quién, cuándo ni dónde nacer, y de ahí se deriva una fraternidad que no es solo biológica, sino ética. Es, segundo, nacer necesitado, «pobre por nacimiento», dependiente de pan, de palabras y de cuidado. Y es, tercero, ser libre y responsable ante la historia: la libertad resulta bella cuando se orienta al bien y a la verdad, y se desfigura cuando degenera en arbitrariedad, violencia o sed de poder.

De esa visión del ser humano se desprende una consecuencia para la educación. Retomando a Juan Pablo II, el Papa recordó que educar es ayudar a la persona a «ser» más y no solo a «tener» más. Lo dijo sin rodeos: «Ninguna educación está completa si no aborda la cuestión del sentido». La formación, entonces, no se agota en transmitir conocimientos y técnicas; debe ayudar a comprender para qué se sabe lo que se sabe.

El discurso dedicó una parte central a la tecnología. León XIV señaló una paradoja: mientras se atribuye «inteligencia» a los sistemas digitales, cuesta reconocer la dignidad inalienable de las personas, cuyas vidas se miden por su eficiencia y se descartan cuando se las considera improductivas.

Sobre la inteligencia artificial fue preciso: estos sistemas pueden correlacionar datos, pero no responden a las preguntas sobre el sentido de la vida. Y añadió una imagen memorable: «El sentido es el oxígeno de la mente». Pidió además proteger de modo especial a niños y jóvenes en el entorno digital, para que su vulnerabilidad nunca se convierta en una oportunidad de explotación.

Ligada a lo anterior está su reflexión sobre la verdad y la comunicación. Hoy podemos conectarnos de manera instantánea, observó, pero eso no garantiza una mejor comprensión: la comunicación es más rápida, aunque no necesariamente más veraz, y la información abunda sin ser por ello sinónimo de sabiduría.

Sin un fundamento ético compartido, advirtió, los canales de comunicación corren el riesgo de multiplicar la información falsa. Y fue tajante: sin la verdad, el lenguaje queda sometido a la lógica de la violencia y a la voluntad arbitraria de los poderosos. Por eso elogió el programa de la UNESCO de alfabetización mediática e informacional, que enseña a usar con responsabilidad los medios y las herramientas digitales.

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