
La ejecución de Christa Pike, condenada a muerte en Tennessee en 1996 por el asesinato de una compañera de clase, quedó interrumpida este miércoles, 30 de septiembre, después de que la reclusa sobreviviera a las dos dosis de pentobarbital administradas para provocarle la muerte. Durante la ejecución, los testigos presentes aseguraron haber oído la respiración de Pike durante unos 40 minutos tras recibir la segunda dosis y observaron que la reclusa realizaba algunos movimientos antes de que se les ordenara abandonar la sala.
Por El Debate
Actualmente, la mujer se encuentra en un centro médico y su condena sigue vigente, aunque no se ha anunciado una nueva fecha ni está claro cómo responderán las autoridades ante un escenario que el protocolo no contempla.
La inyección letal
La inyección letal es un método de ejecución que consiste en inyectar por vía intravenosa y de manera continuada una cantidad letal de diversos fármacos combinados que producen inconsciencia, parálisis respiratoria y paro cardíaco, con el fin de provocar el fallecimiento rápido e indoloro del condenado. Sin embargo, no existe una fórmula única y las sustancias empleadas pueden variar en función del protocolo establecido por cada jurisdicción.
En el caso de Estados Unidos, históricamente se ha empleado primero un anestésico o sedante profundo para provocar la inconsciencia, después, un bloqueante neuromuscular, que paraliza la musculatura, incluida la respiratoria; y finalmente cloruro de potasio, que altera la actividad eléctrica del corazón y provoca la parada cardiaca. No obstante, varios estados, entre ellos el de Tennessee, han pasado a protocolos de un solo fármaco, empleando una dosis elevada de un barbitúrico como el pentobarbital, que fue el empleado para la ejecución de Pike.
¿Por qué no ha funcionado?
De momento, las autoridades no han dado explicaciones de lo ocurrido, y los escritos presentados en urgencias apuntan a posibles problemas en el acceso intravenoso o con el propio fármaco, sin que ninguna revisión médica independiente lo haya confirmado. Sin embargo, la defensa de Christa Pike había advertido con anterioridad de este riesgo. En concreto, seis semanas antes del intento de ejecución, en la vista probatoria celebrada del 11 al 13 de agosto ante el juez especial W. Mark Ward, presentó como perito de la defensa a la anestesióloga Gail Van Norman, que señaló varios factores que dificultaban encontrar una vena en la condenada.
Según explicó la experta, la obesidad de la reclusa, que cuenta con un índice de masa corporal de 30,76, sus venas pequeñas y dañadas por años de extracciones, y la trombocitosis esencial, un trastorno de la sangre que padece, podrían dificultar la ejecución por el método de la inyección letal. Van Norman explicó además que, si el pentobarbital se sale de la vena y pasa al tejido (lo que en medicina se conoce como extravasación), no solo provoca quemaduras químicas, sino que su efecto clínico se reduce en proporción a la cantidad que no llega al torrente sanguíneo.
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