
La decisión del viernes de las naciones industriales ricas, entre ellas Estados Unidos, de liberar diésel de sus reservas tiene el propósito de ayudar a reducir los precios que han alcanzado un máximo histórico.
También podría aliviar la ansiedad que se ha sentido en todo el mundo ante la prohibición a las exportaciones de diésel estadounidense que el gobierno de Donald Trump ha estado considerando. Una medida así podría perjudicar a las economías de América Latina y Europa, que se encuentran entre los principales socios comerciales de Estados Unidos.
La preocupación por una posible prohibición había ido en aumento, especialmente en las dos economías más grandes de Latinoamérica, Brasil y México, y en otros países de la región, como Chile y Ecuador, donde aliados de Trump han llegado al poder. Algunos legisladores republicanos en Estados Unidos han pedido la prohibición en respuesta al aumento vertiginoso de los precios del diésel.
En Europa, el Reino Unido, un socio comercial principal, y los Países Bajos, un importante centro energético, se verían muy afectados si Estados Unidos detuviera las exportaciones de diésel, que son cruciales para el transporte de carga de larga distancia, la agricultura y la minería.
Las preocupaciones reflejan cómo Estados Unidos se ha convertido en el mayor exportador de diésel del mundo. Los suministros de diésel estadounidense se han vuelto aún más importantes a medida que la agitación en Rusia y Medio Oriente ha obstruido las rutas comerciales marítimas y la refinación.
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