
En el Departamento de Estado nadie dijo una palabra, pero la foto habló sola. El secretario de Estado Marco Rubio recibió este lunes 2 de noviembre en Washington a Oliver Blanco, el canciller que Delcy Rodríguez designó hace apenas cuatro días. La agencia EFE describió el encuentro con una precisión casi notarial: un semblante serio, unos segundos de pie entre las banderas y sin el habitual apretón de manos.
Por Rory Branker | La Patilla
Es la primera vez que los jefes de la diplomacia de los dos países se ven cara a cara desde que se restablecieron las relaciones, tras la captura de Nicolás Maduro en enero. Para encontrar una escena parecida hay que volver a junio de 2016, cuando John Kerry se sentó media hora con la canciller venezolana al margen de la Asamblea de la OEA en Santo Domingo. Esa canciller era Delcy Rodríguez. Diez años después, ella manda y el que posa en Washington es su enviado.
La foto oficial merece una lectura con lupa. Los dos hombres están de frente a la cámara, con los brazos caídos y las manos quietas junto al cuerpo, separados por un espacio en el que cabría cómodamente un tercer invitado. Blanco tiene los labios apretados. Rubio mira a la cámara con la boca cerrada y el gesto de quien cumple un trámite del protocolo. Ninguno se inclina hacia el otro y ninguno sonríe. Tampoco respondieron preguntas de los periodistas ni emitieron declaración alguna.

El contraste aparece cuando se pone esta imagen junto a otras del mismo edificio. El 31 de marzo, Rubio recibió a María Corina Machado, que salió de la cita calificándola de “excelente”. En esa foto, con la chimenea y los sillones celestes de fondo, los dos sonríen abiertamente, y la sonrisa de Rubio le llega a los ojos.

Algo parecido ocurrió el 9 de octubre con Dinorah Figuera, la vocera de la oposición en la mesa de diálogo. Tras esa reunión, Rubio pidió una reforma electoral para Venezuela. La imagen que circuló los muestra caminando juntos por un salón del Departamento de Estado, él con la sonrisa amplia y el paso relajado de quien acompaña a una invitada a la que quiere ver.

Es cierto que una foto es un instante y que los diplomáticos sonríen o no según el protocolo del día. Sin embargo, las cámaras del Departamento de Estado registraron tres visitas venezolanas en siete meses, y el secretario solo dejó de sonreír en la tercera. Washington, eso sí, no cerró la puerta. El encargado de negocios en Caracas, John Barrett, ya le había pedido a Blanco avanzar en el plan de tres fases de Donald Trump, una hoja de ruta que debería terminar con la vacante de la Presidencia en 2027 y elecciones seis meses después.
Blanco, de 35 años y con pasado en la oposición, llegó a la Cancillería con una biografía que todavía se discute. En Washington lo recibieron con protocolo completo: banderas, alfombra y fotógrafos. La sonrisa no venía incluida.
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