
El dirigente de Primero Justicia Juan Carlos Caldera rechazó de manera categórica la narrativa de «perdón compartido» promovida recientemente por voceros del chavismo como Jorge Rodríguez. En una entrevista con el periodista Vladimir Villegas, el opositor exigió poner fin a lo que calificó como la «relativización del mal», asegurando que no existe equivalencia moral entre la persecución estatal y los errores de la oposición.
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Ante la pregunta sobre qué estaría dispuesto a perdonar, la respuesta de Caldera fue contundente. «¡No me jodas, Vladimir! No me pongas en las mismas condiciones». El dirigente argumentó que ningún miembro de la oposición ha sido responsable de torturas, encarcelamientos masivos o confiscación de bienes, delitos que atribuyó exclusivamente al ejercicio del poder del Estado.
Para ilustrar su punto, Caldera utilizó una dura analogía sobre violencia doméstica, comparando la petición de perdón del régimen con un «marido que golpea a su mujer» y luego le exige disculpas porque la comida estaba fría. «Resulta que la mujer está desfigurada de la paliza… y él le dice: ‘Aquí todos hemos cometido errores’. No me digas ‘toma un poquito de mi mal’ para que me ayudes a pedir perdón», sentenció.
El dirigente de Primero Justicia desestimó la retórica del perdón si no va acompañada de acciones inmediatas. Caldera criticó el ritmo de las excarcelaciones, recordando que entre el 28 y el 30 de julio de 2024 fueron detenidos más de 2.000 venezolanos en apenas 48 horas, de los cuales, según sus cifras, solo han sido liberados unos 450 hasta la fecha.
Caldera denunció además las condiciones de estas liberaciones, calificando de injusto que personas de bajos recursos y del interior del país sean obligadas a presentarse cada 15 o 30 días en tribunales de Caracas.
«Yo no necesito que pidamos perdón, Vladimir, porque esas son palabras vacías. Lo que necesito es que actúes», afirmó. Para el opositor, el verdadero perdón se demuestra abriendo las cárceles «sin condiciones, de manera plena y total», y permitiendo el retorno con garantías de los exiliados políticos.