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Al territorio hay que analizarlo a través de dos visiones: una nacional, la cual necesariamente debe incluir la extraterritorialidad, por aquello de las cuencas compartidas con las naciones limítrofes y de la plataforma continental, así como aspectos comunes (contrabando, defensa conjunta, etc.) y otra regional, que considera amplias zonas de la geografía nacional las cuales guardan características similares.
La visión nacional, brinda la oportunidad de aproximarse al territorio en su integralidad, considerando su relieve, topografía, clima, vegetación, suelos (tipo y estructura), ubicación, régimen de lluvias, disposición de recursos naturales, zonas con acceso al mar y su correspondiente plataforma submarina, ríos, lagos, localización de ciudades, áreas para la producción: industria, agricultura, cría, pesca, desarrollo turístico, desarrollo tecnológico, minería, hidrocarburos; continuos morfológicos y dinámicas territoriales, riesgos sísmicos, hidráulicos (escorrentías, deslaves), o eólicos (vientos fuertes, erosión); exposición a incendios, acciones coherentes para la regeneración ambiental, etc. Zonas para la ubicación de grandes obras de infraestructuras públicas referidas a: el manejo del recurso agua, tales como presas para hidroelectricidad, riego o consumo humano; áreas de localización de obras para la generación de energía tales como plantas térmicas, transporte aéreo, marítimo y fluvial, aeropuertos y puertos, así como trazado de vías terrestres nacionales; emplazamientos de seguridad y defensa; fronteras; áreas a proteger ambientalmente, zonas vulnerables y de riesgo, etc.
Esta visión de conjunto, macro, permite al planificador plantearse soluciones amplias y exhaustivas a los problemas de la nación, en consideración al aspecto físico del territorio. De manera que el modelo de desarrollo sostenible que se plantee, pueda llevarse a cabo sorteando los escollos que presenta el relieve y haciendo un uso sustentable de los recursos disponibles, así como de los espacios para albergar obras infraestructurales de desarrollo, para darle holgura a las ciudades y para emprender grandes proyectos de producción. De tal forma que contribuye decisivamente a darle forma sostenible al territorio en tanto que se procura el desarrollo. De esta manera la planificación territorial nacional, define y localiza espacios de desarrollo y promueve actividades productivas, económicas, ambientales, tecnológicas, turísticas, sociales, etc., así como diseña obras de infraestructura, sobre esas franjas previamente definidas, con la finalidad de asegurar la viabilidad del modelo y los planes de desarrollo, así como lograr una ocupación efectiva, sustentable y equilibrada del territorio en cuanto a población y actividades productivas se refiere.
La planificación territorial en el ámbito nacional, no incluye la formulación de un plan de electrificación a escala del país, ni tampoco uno industrial, ni de vialidad, etc. Estos planes, de carácter sectorial, atañe desarrollarlos a los ministerios y aunque abarcan toda la nación, corresponden a una materia diferente a la ordenación y desarrollo del territorio. Lo que sí es claro es que tales planes sectoriales, deben regirse por los Lineamientos Nacionales de Ordenación y Desarrollo del Territorio (OdT). En el mismo sentido, como ya lo dijimos en el artículo anterior, estrategias y acciones como las de descentralización, desconcentración, poblamiento, migración, etc., aunque se derivan de la organización del territorio, se diseñan, implementan, gerencian y controlan desde la Administración Pública.
La visión nacional considera necesariamente las interacciones con los territorios de los países limítrofes e incluso más allá, como cuando se comparte una cuenca común.
La visión regional del ordenamiento y desarrollo del territorio, considerando primordialmente las cuencas hidrográficas, proporciona una perspectiva acotada y más específica sobre amplias zonas del país que comparten características similares. Aquí la definición de las vocaciones territoriales de cada región, responde a la geografía, al clima, la altitud, el tipo de suelo, la vegetación, disposición de recursos naturales: (agua, suelo fértil, bosques, sabanas, minas, ríos para generación eléctrica, vientos, incidencia solar, biodiversidad, sitios turísticos, etc.), el mar que baña sus costas, las áreas a proteger, las zonas de riesgo, superficies infértiles, etc.
Estas definiciones de las características físicas y vocacionales (naturales e inducidas), determinan la ocupación del territorio y el uso del mismo por la población asentada y la que pudiera establecerse. Un aspecto importante, es el análisis de las conurbaciones existentes y las que se puedan conformar, a los fines de estimar sus necesidades de espacio, recursos y energía en el largo plazo. Otro aspecto es el de analizar las áreas productivas en explotación, evaluarlas (determinar la efectividad de la producción así como sus efectos ambientales, además del uso de tecnologías de punta) y establecer otras que se pudieran desarrollar.
En el mismo sentido, la planificación territorial de las regiones, determina y ubica espacios de desarrollo y promueve actividades productivas, económicas, ambientales, tecnológicas, turísticas, sociales, etc., así como visualiza obras de infraestructura, sobre esos fragmentos previamente determinados, con la finalidad de asegurar la viabilidad del modelo y los planes de desarrollo, también para lograr una ocupación efectiva, sustentable y equilibrada de cada región en cuanto a población y actividades productivas se refiere.
Igualmente la planificación territorial en el ámbito regional, no se plantea el diseño de un plan de empleo, de zonas industriales, de desarrollo turístico, de desarrollo agroproductivo, etc., todos ellos son planes sectoriales para una región específica. Estos planes, de carácter regional, corresponde desarrollarlos a los ministerios (la suma de ellos concreta los planes sectoriales nacionales, que es el propósito de cada ministerio) y aunque abarcan toda la región, corresponden a una materia diferente a la ordenación y desarrollo del territorio. Lo que sí es claro es que tales planes regionales, deben regirse por los lineamientos regionales de OdT.
Algo que debemos destacar es que sobre todo la planificación del territorio formulada regionalmente, debe ser ampliamente difundida, debatida y consensuada con los organismos públicos de carácter regional, estadal y municipal, con la sociedad civil, los organismos empresariales, partidos políticos, instancias académicas, gremiales, colegios profesionales, sectores culturales, ONG, etc. La planificación territorial nacional, debe elaborarse a partir de la regional.
Miguel Méndez Rodulfo