
Una mujer cincuentera camina a sus anchas por el centro de la avenida Marble Hill y grita al aire una frase en español con dejo dominicano que podría ser, a la vez, una celebración o una queja: “Nunca habíamos salido por ningún lado y ahora vamos a estar por todas partes”.
Por El País
Nadie le presta especial atención. Un grupo de periodistas ha llegado con cámaras y micrófonos a instalarse desde temprano en la esquina de la intersección de la avenida Marble Hill y la West 225th Street, esperando a que alguien entre o salga de algún edificio, o que les llegue la pista que aún no han podido averiguar: quién es y cómo está Oscar Belgal, el dominicano de 28 años que iba con su niño de cinco años en su Honda CR-V gris cuando terminó herido de bala a manos de un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).
Si no fuera por la prensa y por un par de carteles anti-ICE rezagados de la gran protesta que inundó esas calles la noche anterior, Marble Hill hoy habría parecido, a primera vista, el mismo barrio que es durante todo el año: un vecindario de casas residenciales y típicos edificios de ladrillos color bermejo que abundan en Nueva York. Un sitio donde se siente, como truenos metálicos, el ruido constante de la línea del tren 1, que pasa por encima de un tramo del río Harlem. El lugar donde arrecia el tráfico sobre la avenida Broadway, o donde parte de la vida gira alrededor de la antigua River Plaza, un centro comercial rebautizado como The Shops at Marble Hill.
“Este barrio es bueno, siempre ha sido bueno. Nunca he tenido problemas por aquí”, dice Núñez, un señor dominicano de 70 años que vive en el Marble Hill Houses, o, como dice él, en “el project”, un edificio de viviendas públicas para personas de bajos ingresos.
En las lógicas administrativas de la ciudad, Marble Hill pertenece al condado de Manhattan, pero su identidad es la identidad del Bronx: un lugar sin neones, donde abundan las quejas por inundaciones o falta de experiencias artísticas o comunitarias.
Un estudio de la Corporación de Desarrollo Kingsbridge-Riverdale-Van Cortlandt (KRVC) de hace siete años señalaba que Marble Hill, una zona de más de 11.000 residentes, era mayormente habitada por personas de pocos ingresos, donde el 74% de la población es de origen hispano, en su mayoría de raíces dominicanas. No es difícil reconocerlo: hay música que sale desde los negocios donde se oye la voz de Johnny Pacheco o El Canario, hay menús del día con chicharrones y mofongo, y un sonido ambiente donde se mezcla el español y el inglés con naturalidad.
Pero de todo Marble Hill, la calle que más ha atraído a la gente es West 225th Street. Hay barberías, negocios de manicuristas, una florería, una tienda de frutas y vegetales, un sitio de envío de paquetería a la República Dominicana y un deli a donde todo el mundo entra a hablar con la señora Ruth Hilario, una dominicana que atiende el negocio y que sintió unos disparos sobre las cuatro de la tarde de este jueves.
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