Luis Manuel Aguana: La falsa ilusión del tutelaje venezolano
26 Aug 2026, 21:29 8 minutos de lectura

Luis Manuel Aguana: La falsa ilusión del tutelaje venezolano

Por La Patilla

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Para poder entender lo que está sucediendo hoy en Venezuela, es necesario entender primero que lo que ejerce la Administración de Donald Trump sobre el país no es un tutelaje, sino coacción. Esto es una amenaza diaria, directa y permanente sobre quienes ejercen el poder en Venezuela, y cualquier fuerza opositora con rabo de paja y expediente abierto de corrupción en los EEUU.

Eso lo expliqué con más detalle hace algunos días en mi nota anterior del 7 de agosto. Sin embargo, aún se le siguen solicitando a los EEUU acciones —como sacar a Delcy y su interinato— que no están en su alcance de acción jurídica realizar (me refiero a acción  jurídica dentro de los EEUU), y que solo pudieran ser posibles si efectivamente los EEUU hubieran invadido a Venezuela con una autorización AUMF de su Congreso, tal y como lo hicieron con Irak en 2003 (Authorization for Use of Military Force against Iraq, Resolution of 2002) (ver Venezuela: La fuerza de la coacción, en  https://ticsddhh.blogspot.com/2026/08/venezuela-la-fuerza-de-la-coaccion.html).

Si se pusiera un poco de atención a lo anterior, se podría entender por qué está sucediendo que el régimen continúe como si Maduro siguiera en el poder. Lo que convierte esa coacción en tutelaje es que, por intermedio de esa amenaza creíble aplicada tanto al régimen como a su oposición, están caminando juntos y agarraditos de la mano por la misma senda, a pesar de que los venezolanos la rechacemos por la calle del medio.

Y no solo eso. Eso explica por qué Delcy sigue en su puesto y la razón por la cual los EEUU no tienen manera de deshacerse de ella, salvo llevándosela como lo hicieron con Maduro. De resto, se tienen que calar, como el resto de todos nosotros los venezolanos, los procedimientos para sustituirla de la institucionalidad restante y retorcida que aún queda en Venezuela.

Pero lo más grave no es solo eso. Mientras Delcy Rodríguez y el resto de los “extraíbles” (designemos con ese término a todos sobre los que pesa amenazante la espada de Damocles que le cayó a Maduro, de la misma manera como llamaron “extraditables” a los narcos colombianos) estén en sus puestos, los EEUU podrán ejercer algún control sobre ellos. Cuando esa situación cese, ya sea porque se los lleven o ellos abandonen el poder con la anuencia de los EEUU, la Administración Trump no podrá, debido a limitaciones de su propia institucionalidad, ejercer ninguna influencia sobre lo que venga luego en Venezuela, ni sobre sus próximos gobernantes.

Hecha esta aclaratoria, nos podemos explicar por qué María Corina Machado (MCM) no se encuentra en esa “Mesa de Diálogo”: porque es incoercible (al menos en los términos en que el resto sí es coercible), por lo que se constituiría en un obstáculo previsible para los planes de esa Mesa.

De la misma manera, se puede explicar por qué los EEUU no pueden presionar más de lo que han hecho para la liberación de los restantes presos políticos, porque si alguien sabe de las limitaciones de los norteamericanos en Venezuela, son precisamente quienes heredaron el régimen de Maduro. Trump y Rubio prefieren bailar ese tango pegado con el régimen con el fin último de lograr lo que desean de Venezuela, prefiriendo llevar el cortejo en paz con Delcy Rodríguez y su camarilla antes de presionar más de lo debido que los tenga que obligar a la materialización de las amenazas que existen sobre ellos, y perder el control del país.

Y eso lo sabe el régimen. Saben además que no pueden salir inmediatamente de la presidente interina y el resto del aparato represivo, sino de la misma manera que se llevaron a Maduro, y que la única opción que tienen de despacharlos es esperando por los canales institucionales que se están fabricando a través de las dos Asambleas. Así que aquello que creíamos —y todavía algunos creen— de “que los EEUU debe expulsar al interinato ya”, no es posible para la Administración Trump.

EEUU al echar a andar un mecanismo que logra mantener presión directa sobre los “extraíbles”, hace ver al resto del mundo que ejercen un tutelaje de la misma manera que en cualquier país al que hayan invadido en el pasado, cuando en realidad lo que hacen es mover piezas amenazadas en un terreno institucional limitado. Aunque cualquiera pueda decir que en el neto es lo mismo, al comparar amenaza cierta con tutela, el alcance de lo que en realidad pueden hacer está restringido en la realidad institucional venezolana y norteamericana.

Para poder tener éxito en el juego que están realizando, el régimen tiene que cooperar mucho más de lo que han hecho, retrasando todo lo que sea posible las instrucciones de Washington. Haber montado esa estrategia que pone juntas a dos Asambleas Nacionales ilegítimas para lograr un resultado legítimo es en realidad un camino largo y lleno de huecos, que deja al régimen suficiente espacio para controlar los mecanismos de designación tanto del TSJ como del CNE, a través de los medios que siempre han utilizado.

Muchos dirán que, como los EEUU tienen su mano metida para lograr que las designaciones de los magistrados del TSJ y los rectores del CNE sean transparentes, lo cierto es que eso será el resultado de una negociación entre partes que ya se han coludido en el pasado, y no serán los EEUU los que pongan peros en la decisión que tomen unos comités de postulaciones “independientes” que siempre han sido controlados por los partidos de la Asamblea Nacional, ahora licuada con una “oposición” históricamente complaciente.

Al final, ¿cuál es el interés de los norteamericanos? Que la ruta escogida termine en elecciones sin que importe mucho cómo se llegaron a ellas y que los venezolanos nos quedemos tranquilos con el resultado. Eso estaría bien si existieran garantías de la salida de lo que queda del régimen de Nicolás Maduro Moros. Pero lamentablemente no hay tal garantía, solo la palabra de unos negociadores “opositores” que argumentan como aval el supuesto tutelaje de los EEUU.

En la medida en que nos acercamos a noviembre, fecha de las elecciones intermedias norteamericanas, este juego de la Administración Trump en Venezuela se hace más complicado, porque para ese entonces la “Mesa de Negociación” entre las 2 Asambleas debería tener listas las decisiones relativas a los cambios decididos con el TSJ y el CNE. Y si ese proceso no sufre reveses para que luego de esas elecciones el presidente Trump pueda sostener la coerción que tiene sobre los “extraíbles”, quizás los venezolanos podamos llegar a un proceso electoral con la garantía de que los EEUU hagan respetar el resultado.

Pero si, por el contrario, el presidente norteamericano deja de sostener esa coerción sobre los “extraíbles” como resultado de un nuevo Congreso hostil a su administración, el régimen de Delcy Rodríguez manipulará cualquier elección en Venezuela con un sistema electoral automatizado sin cambios, como siempre lo hicieron con Chávez y Maduro. Y a los EEUU no les quedará otra decisión que aceptar el resultado porque fueron ellos los que eligieron esa ruta para Venezuela.

De allí que se haga imprescindible la inmediata discusión de un nuevo sistema electoral para Venezuela, fundamentado en elecciones manuales, limpieza profunda del registro electoral y la incorporación de la diáspora venezolana en el exterior, y del que, hasta donde es nuestro conocimiento, ninguna comisión técnica está trabajando. Y si ni siquiera han comenzado con eso para que sea implementado con una nueva directiva de un CNE que todavía no han nombrado, y del que ni siquiera existe un comité de postulaciones, ¿creen ustedes todavía que hay tutela en Venezuela? Ya es hora de despertar a la realidad, y rezar para que Trump y los republicanos salgan bien parados en noviembre…

Blog: TIC’s & Derechos Humanos, https://ticsddhh.blogspot.com/
Email: luismanuel.aguana@gmail.com
Twitter:@laguana

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