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En septiembre de 1941, Isaías Medina Angarita envió a su antecesor a Estados Unidos para abordar asuntos de defensa continental. Venezuela tenía algo que Washington necesitaba proteger: una producción petrolera decisiva para el abastecimiento de los aliados
En septiembre de 1941, mientras la guerra estremecía Europa y amenazaba con extenderse por el Atlántico, Eleazar López Contreras llegó a Estados Unidos con una misión oficial encomendada por el presidente Isaías Medina Angarita. Venezuela era mucho más que un vecino del Caribe: su petróleo constituía un recurso estratégico para las potencias aliadas y la protección de las rutas de abastecimiento se había convertido en una preocupación de Washington.
En ese escenario, la visita del expresidente venezolano adquirió una dimensión que iba más allá de la diplomacia protocolar. Uno de sus episodios quedó registrado en Arlington, Virginia, donde López Contreras rindió homenaje al Soldado Desconocido acompañado por el embajador Diógenes Escalante.
De Miraflores a Washington
López Contreras había entregado la Presidencia venezolana a Isaías Medina Angarita el 5 de mayo de 1941. El 28 de agosto, por decisión del nuevo mandatario, recibió una misión oficial que lo llevaría nuevamente a Estados Unidos.
No era su primer viaje al país. En 1920 y 1921 había recorrido Estados Unidos y Europa en una misión relacionada con estudios militares y la adquisición de armamento, durante el gobierno de Juan Vicente Gómez. Dos décadas después regresaba con otra experiencia, otra jerarquía política y una responsabilidad vinculada con la defensa continental.
En septiembre de 1941 viajó como delegado del Gobierno venezolano para los Estudios Relativos a la Defensa del Continente. Lo acompañaron el coronel Manuel Morán, jefe del Estado Mayor General; el capitán de navío Antonio Picardi, director de Marina, y el teniente coronel Eleazar Niño, inspector de Artillería del Ejército.
La composición de la delegación indica que la misión no era una simple visita de cortesía. Venezuela necesitaba discutir su capacidad defensiva y las posibilidades de cooperación con Washington en un escenario internacional cada vez más peligroso.
El petróleo que Estados Unidos necesitaba proteger
La importancia venezolana para Estados Unidos no se medía únicamente en términos diplomáticos. Venezuela era uno de los grandes productores mundiales de petróleo y una fuente estratégica de abastecimiento para las potencias aliadas. Sus yacimientos, las instalaciones de exportación y las rutas marítimas del Caribe formaban parte de un sistema energético de interés directo para Washington.
Las refinerías de Aruba y Curazao, situadas frente a la costa venezolana, procesaban grandes volúmenes de crudo y productos petroleros destinados al mercado internacional. Un ataque contra aquellas instalaciones podía afectar el suministro de combustible en plena guerra.
La preocupación no era imaginaria. En enero de 1941, las autoridades estadounidenses estudiaron medidas para reforzar la defensa de las instalaciones petroleras de las Antillas neerlandesas. Entre las propuestas examinadas figuraban el almacenamiento de bombas de aviación en territorio venezolano y el empleo de personal militar estadounidense bajo cobertura técnica. La documentación diplomática muestra que estas iniciativas debían tratarse con discreción.
Ese contexto permite comprender por qué la cooperación militar con Venezuela ocupaba un lugar relevante en la agenda hemisférica. La riqueza petrolera venezolana constituía una ventaja económica, pero también una responsabilidad estratégica: había que proteger la producción, las instalaciones y las rutas por las que circulaba el combustible.
La cooperación con Washington
En 1941, el Gobierno de Roosevelt impulsaba el programa de préstamos y arriendos, conocido como Lend-Lease, establecido por la ley del 11 de marzo de ese año. El mecanismo permitía suministrar material de defensa a países cuya protección se consideraba importante para la seguridad estadounidense.
El Departamento de Estado había iniciado negociaciones con Venezuela y otras repúblicas americanas para establecer acuerdos de asistencia militar. Los documentos oficiales muestran que Washington distinguía entre la entrega de armamento y las solicitudes destinadas a financiar obras de desarrollo económico. No todas las peticiones podían encajar en el programa.
Para Caracas, la cooperación ofrecía una oportunidad de mejorar sus recursos defensivos. Para Washington, contribuir a la seguridad de Venezuela significaba proteger una región esencial para el abastecimiento energético y reducir los riesgos que podía generar la presencia de potencias hostiles en el Caribe.
La relación no era, por tanto, un intercambio unilateral de favores. Ambos gobiernos tenían intereses concretos, aunque sus capacidades económicas y militares fueran muy diferentes.
Roosevelt y el peso de una visita
La investigación histórica sobre la misión señala que López Contreras fue recibido por Franklin D. Roosevelt. La entrevista se inscribe en la cooperación entre ambos gobiernos durante una etapa decisiva de la guerra. La fecha exacta, el lugar de la audiencia y el contenido de la conversación deben distinguirse de los hechos que ya constan en la documentación diplomática.
La presencia de Diógenes Escalante junto al expresidente también merece atención. Como embajador en Washington, era el enlace natural entre la delegación venezolana y la administración estadounidense. Su participación en la ceremonia de Arlington simboliza esa dimensión diplomática de la visita.
No se trataba solamente de homenajear a los muertos de una guerra anterior. En 1941, mientras Estados Unidos reforzaba sus preparativos defensivos, Venezuela procuraba preservar su seguridad y mantener una relación de cooperación con una potencia cuyo interés por el petróleo caribeño era evidente.
Un socio estratégico en tiempos de guerra
La visita de López Contreras revela la posición que Venezuela había alcanzado en la política internacional. Su producción petrolera le otorgaba un valor que trascendía sus dimensiones territoriales y militares. Washington necesitaba mantener seguras las fuentes de abastecimiento del Caribe, y Venezuela era un socio fundamental en ese objetivo.
La corona de Arlington quedó registrada en una fotografía; detrás de ella estaba una relación construida sobre intereses energéticos, cooperación militar y seguridad continental. En aquel septiembre de 1941, cuando la guerra amenazaba con extenderse por los océanos, el petróleo venezolano no era simplemente una mercancía de exportación: era uno de los recursos que daban a Venezuela un lugar estratégico en los cálculos de Washington.
Luis Alberto Perozo Padua
Periodista especializado en crónicas históricas
