
La cirugía a la que fue sometido el Papa León XIV tras el diagnóstico de adenocarcinoma pulmonar volvió a poner el foco sobre una enfermedad que puede avanzar sin síntomas iniciales. En una entrevista con Infobae Perú, el neumólogo de Cleveland Clinic, Peter Mazzone, explicó que un nódulo pulmonar no equivale necesariamente a un diagnóstico de cáncer, aunque requiere una evaluación según su tamaño, aspecto y los antecedentes de cada paciente.
Por Infobae
Un nódulo pulmonar es una pequeña zona de crecimiento anormal en el tejido del pulmón. Suele detectarse de manera incidental en una radiografía o una tomografía de tórax, muchas veces sin que la persona presente molestias respiratorias. La mayoría corresponde a lesiones benignas vinculadas con infecciones previas, inflamación, cicatrices o enfermedades autoinmunes.
El tamaño es uno de los elementos que orientan la conducta médica. Los nódulos menores de seis milímetros suelen asociarse con una baja probabilidad de malignidad. Aquellos que superan los nueve milímetros pueden requerir estudios más detallados, entre ellos una biopsia. Mazzone remarcó que el criterio no depende únicamente de la medida: la forma, los bordes, la densidad y los cambios registrados en controles posteriores también resultan determinantes.
El crecimiento y los bordes irregulares pueden requerir estudios adicionales
La tomografía permite observar si el nódulo tiene bordes lisos o irregulares, si presenta determinadas densidades y si cambió con el paso del tiempo. Un hallazgo pequeño, estable y de bordes regulares suele generar menos preocupación que otro de mayor tamaño o con crecimiento progresivo. Aun así, una imagen sospechosa no confirma por sí sola la presencia de un tumor maligno.
“Entre tres y cuatro de cada cien nódulos pulmonares son cancerosos”, señaló el especialista. Las causas benignas incluyen la tuberculosis, infecciones por hongos como la histoplasmosis y la coccidioidomicosis, además de la sarcoidosis, la artritis reumatoide, cicatrices pulmonares y tumores no cancerosos. Por esa razón, la detección de un nódulo exige seguimiento, pero no debe interpretarse como una confirmación automática de cáncer.
Si el nódulo crece en controles sucesivos, el médico puede indicar una nueva tomografía, una tomografía por emisión de positrones, conocida como PET, o una toma de tejido. La biopsia se evalúa cuando existe una probabilidad mayor de malignidad, debido al tamaño de la lesión, sus características radiológicas o factores personales como edad avanzada, tabaquismo, antecedentes de cáncer o exposición laboral a sustancias dañinas.
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