
Durante los tres últimos años, hablar con cualquier venezolano exiliado en Madrid significaba que en algún momento te iba a recomendar Simón, la ópera prima de Diego Vicentini que se inspira en las protestas masivas de 2017 contra la dictadura chavista. Podía ser el dueño de la tienda de arepas junto a los Verdi de Cuatro Caminos, una compañera de redacción o un desconocido con el que terminaras tomando cañas tras el concierto de Peso Pluma en el Movistar Arena. Había consenso en que la cinta era un gran reflejo del régimen y de su trató a la mayoría disidente. La historia refleja con crudeza y lirismo que el problema no está solo en la represión policial, sino también en el fuerte sentimiento de culpa de quienes abandonan una patria sometida a la tiranía.
Por Voz Pópuli
«Yo quise hacer esta película para honrar a quienes han luchado por el país. No permitir que eso quede en el olvido», expresó el director en un video difundido en las redes oficiales de la película. “Simón es ese líder que es capaz de ir contra cualquier corriente sobre todo para buscar y demostrar lo justo y creo que ahí hay algo muy bonito del personaje», agregó Christian McGaffney, que interpreta al protagonista, un líder juvenil de las protestas.
El periodista cultural Hugo Manu Correa destacó a un secundario de lujo en su artículo para CNN en español: “Franklin Virgüez, el legendario actor venezolano protagonista de decenas de telenovelas y películas en Venezuela y Estados Unidos, se luce personificando al coronel Lugo. En solo 5 minutos en escena, Virgüez logra el mayor clímax de la cinta. Su lenguaje corporal, su inmensa presencia física y su tono narrativo es una perla interpretativa que le valió el premio de mejor actor de reparto en el Festival de Mérida”, destaca.
Además de inspirarse en las protestas, la cinta ha sido elogiada por el rigor en la representación de las torturas a los manifestantes. “A quien le molesta que se retrate esa situación en la prisión hay que decirle que la realidad es mucho peor que la ficción. Basta leer los testimonios sobre lo que ha ocurrido en las prisiones, el abuso sexual, la exposición a diversos tipos de vejámenes al que fueron sometidos diversos jóvenes detenidos esos años para ver la dimensión del asunto. El retrato de la tortura es suficientemente verosímil, no recurre a la imaginación o a otras situaciones como las técnicas que se emplean en Guantánamo o en Abu Ghraib. Sí se inclina por la representación simbólica que cruza a la frontera de lo inverosímil cuando recurre a cosas como poner la bandera de Cuba al lado de la venezolana dentro de la prisión, a lo mejor un guiño a la comunidad cubana de la Florida”, destaca Manuel Azuaje Reverón en la revista digital Mentekupa.
Arte y censura
La película se presentó en 2023 en el famoso festival de cine de Mérida (Venezuela), donde se temía que fuese censurada. El país de la revolución bolivariana cuenta con una orwelliana Ley contra el odio y por la convivencia pacífica y la tolerancia, diseñada para controlar contenidos incómodos. Su artículo 20 establece penas de entre diez y veinte años de cárcel para quienes «mediante cualquier medio apto para su difusión pública promueva o incite el odio, la discriminación y la violencia contra un grupo de personas por su pertenencia a determinado grupo político o social”. El caso es que la cinta no fue prohibida. Vicentini declaró entonces que “incluso para nosotros fue una sorpresa porque todos los comentarios antes de su estreno vaticinaban la censura”.
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