La familia venezolana que lucha por mantener abiertos sus restaurantes en Texas tras las redadas migratorias
12 Oct 2026, 22:45 17 minutos de lectura

La familia venezolana que lucha por mantener abiertos sus restaurantes en Texas tras las redadas migratorias

Por La Patilla

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Fotografía de María Paola Osorio y el chef Saúl Agüero para lapatilla.com

 

María Paola Osorio y el chef Saúl Agüero convirtieron su pasión por la cocina venezolana en Fogonero Restaurant, una propuesta que encontró en Texas la oportunidad para crecer y conquistar paladares a través de auténticos sabores. Con el paso de los años, lograron consolidar dos establecimientos, uno en Cedar Park y otro en Pflugerville. Sin embargo, el panorama que enfrentan ahora es muy diferente al que acompañó esa expansión.

El temor generado por las redadas migratorias redujo la afluencia de clientes hispanos, complicó la disponibilidad de trabajadores, lo que obligó a la pareja venezolana a replantear parte de la operación de sus restaurantes. En entrevista exclusiva con La Patilla, los creadores de Fogonero contaron el esfuerzo detrás de esta amarga etapa, así como las estrategias que han puesto en marcha para cubrir los gastos y sacar adelante su negocio.

lapatilla.com

“Por providencia divina hemos logrado mantener nuestras puertas abiertas, aunque no ha sido fácil. Durante estos últimos meses hemos operado incluso con pérdidas, prácticamente para poder cubrir nómina, renta, servicios y proveedores. Pero también entendemos que así son las crisis: llegan, nos ponen a prueba y eventualmente pasan”, relató María Paola al describir el momento que atraviesa el negocio familiar.

Asimismo, explicó que la situación le recuerda un período que parecía difícil de volver a vivir: la pandemia. Solo que esta vez el origen de la incertidumbre es distinto y está relacionado con el temor que existe entre muchos migrantes que ya no pueden salir a la calle con tranquilidad. 

Ese cambio se ha hecho visible en las mesas de Fogonero. La familia ha observado que algunos clientes que antes acudían con regularidad ahora prefieren permanecer en casa, mientras las dificultades para contar con todos los trabajadores obligaron a modificar la operación diaria.

Foto: @fogonerorestaurant

 

Además, el impacto alcanza a una comunidad empresarial que, durante años, encontró en los restaurantes y pequeños negocios una de las principales formas de abrirse camino en Estados Unidos. Para la venezolana, el cierre de uno de esos establecimientos no representa únicamente el fin de una actividad comercial.

“Detrás de cada negocio venezolano que cierra hay mucho más que un local que baja sus puertas. Hay familias, empleados, proveedores, años de sacrificio, ahorros invertidos y, en muchos casos, el sueño de alguien que emigró y tuvo que comenzar nuevamente desde cero. Por eso nos duele profundamente ver cerrar negocios de nuestra comunidad”, afirmó.

“Y quizás lo más difícil es que detrás de los números hay personas. Vemos familias preocupadas, empleados con incertidumbre y clientes que antes nos visitaban regularmente y que ahora prefieren ordenar desde sus casas. Se percibe un cambio en el ánimo de una parte importante de nuestra comunidad”, explicó María Paola.

No obstante, Fogonero tampoco permanece inmóvil frente a ese panorama. La familia reforzó los canales de pedidos en línea y trabaja en una nueva modalidad para llevar sus preparaciones directamente a los hogares de Austin. La decisión forma parte de una estrategia que busca mantener el contacto con los clientes, incluso cuando las circunstancias dificultan que estos lleguen hasta los restaurantes.

“Nosotros seguimos luchando por mantenernos firmes. Fogonero ha atravesado diferentes etapas y dificultades desde que comenzó, y esta es una más que nos corresponde enfrentar con trabajo, fe y creatividad”, dijo María Paola.

La receta para resistir

Al hablar de lo que les ha permitido sostener el negocio, la venezolana no atribuye el resultado a una fórmula extraordinaria. “Disciplina, disciplina y disciplina. Trabajo duro, constancia y perseverancia”, respondió. También destaca el cuidado de las recetas y los procesos, la búsqueda de buenos proveedores y la selección de ingredientes frescos y de calidad. “En un restaurante, la consistencia es fundamental. El cliente que regresa buscando un plato que le encantó espera encontrar nuevamente ese mismo sabor”.

Foto cortesía María Paola Osorio

 

Pero esa capacidad de adaptación comenzó mucho antes de que Fogonero tuviera dos establecimientos. Su esposo Saúl se enamoró de la cocina a los 17 años, estudió gastronomía y trabajó en hoteles y restaurantes venezolanos como Meliá Caracas, Mezzanotte, Lola y Veranda, entre otros. La pareja también desarrolló servicios de catering y eventos corporativos, incluido un concepto denominado “Chef en Casa”, en el que trasladaban la experiencia gastronómica hasta los hogares de sus clientes.

“Era mucho más que servir una comida; se creaba una experiencia alrededor de la mesa. De allí surgieron clientes que terminaron convirtiéndose en grandes amigos y que todavía recordamos con muchísimo cariño”, contó María Paola.

Emigrar a Texas los llevó a empezar desde posiciones mucho más básicas. Saúl trabajó lavando platos, como busser y ayudante de cocina; también fue taxista y laboraba en una compañía de mudanzas. “Texas nos recibió muy bien y Austin particularmente nos enamoró. Su vegetación, sus atardeceres y su identidad musical nos recordaban de alguna manera a Venezuela. Para Saúl, especialmente, esa relación tan profunda de Austin con la música le hacía pensar en Barquisimeto”, expuso Osorio.

“Pero también encontramos algo muy importante para una familia que estaba comenzando de nuevo: una ciudad en crecimiento, llena de oportunidades y con gente que nos hizo sentir bienvenidos. Con el tiempo, Texas dejó de ser simplemente el lugar al que habíamos llegado y se convirtió en el lugar donde comenzamos a construir nuevamente nuestros sueños”, agregó.

Chef Saúl Agüero. Foto: Cortesía María Paola Osorio

 

Aquella etapa terminó siendo importante para entender las posibilidades que podía tener una propuesta venezolana en un escenario acostumbrado a la diversidad gastronómica.

“Estados Unidos es un país profundamente multicultural y las personas, independientemente de su lugar de origen, tienen una enorme curiosidad y apertura hacia los sabores auténticos de otras culturas. Entendí que frente a nosotros había un mercado lleno de oportunidades y, sobre todo, paladares dispuestos a descubrir algo nuevo”, recordó Saúl.

A partir de esa visión nació el proyecto que posteriormente se convertiría en Fogonero. La familia quería presentar platos criollos a quienes nunca habían probado esa cocina, pero también ofrecer un punto de encuentro para los venezolanos que extrañaban los sabores de su tierra natal.

“Nuestra comida se había convertido en uno de nuestros principales documentos de identidad”, destacó la maracucha. Y esa idea representa buena parte de la propuesta del restaurante, que reúne preparaciones de distintas regiones venezolanas y busca cuidar tanto los ingredientes como la presentación.

Una propuesta muy criolla

El pabellón criollo a caballo es el plato más vendido. A su alrededor conviven sopa de res, asado negro, ceviches, empanadas, cachapas, arepitas con queso y nata y otras preparaciones que permiten recorrer distintas expresiones de la gastronomía venezolana. Para acompañar, Fogonero ofrece jugos de guanábana, parchita y guayaba, sin dejar de mencionar el tradicional papelón con limón; entre los postres destacan el quesillo y la torta tres leches.

Foto: @fogonerorestaurant

 

La propuesta culinaria lleva también la huella de la formación profesional de Saúl y de su experiencia en la cocina venezolana, incluido su trabajo junto a Mercedes Oropeza. Para el chef y su esposa, el desafío consiste en presentar los platos con una estética cuidada sin alterar los sabores que forman parte de la memoria gastronómica del país.

Foto: @fogonerorestaurant

 

“Hay algo que para nosotros es fundamental: las recetas no tuvieron que cambiar para ser modernas. Nuestra filosofía podría resumirse de una manera muy sencilla: comida criolla, elegantemente servida”, rescató María Paola.

El resultado ha permitido que Fogonero sea recibido por clientes que llegan desde distintos lugares. Algunos descubren una gastronomía auténtica; otros llegan buscando algo que les recuerde a Venezuela. Es precisamente esa segunda experiencia la que para la familia tiene un significado particular.

Foto: @fogonerorestaurant

 

“Hay algo que disfrutamos muchísimo y es observar a una persona probar comida venezolana por primera vez. En una misma comida descubre sabores, texturas y contrastes completamente diferentes. Para el venezolano ocurre algo distinto y quizás más emocional. Son sabores que conoce desde niño. Muchas veces nos dicen: ‘Esto sabe a mi casa’, ‘esto me recordó a mi mamá’ o ‘tenía años sin probar algo así’. Y eso tiene un valor enorme para nosotros”, mencionó la criolla.

Foto: @fogonerorestaurant

 

“La experiencia va más allá de la comida. Está nuestra música, nuestra manera de recibir, la conversación, la calidez y ese carisma que caracteriza al venezolano dondequiera que esté. Todo eso forma parte de la experiencia Fogonero”, añadió.

Fogonero también ha recibido reconocimientos durante su trayectoria. La familia destaca la insignia de recomendación de Restaurant Guru, las distinciones relacionadas con su presencia y valoración en Yelp en Cedar Park y Pflugerville, así como la nominación a los American Consumer Awards en 2025.

“Por supuesto que recibir un reconocimiento nos emociona porque detrás de cada uno existen muchísimas horas de trabajo de todo nuestro equipo”, enfatizó Osorio.

El mejor reconocimiento

No obstante, para los propietarios existe otra señal de que su propuesta ha logrado conectar con el público, una que no depende de premios ni certificados.

“Hay otro tipo de reconocimiento que no viene acompañado de una placa ni de un certificado y que para nosotros tiene un valor enorme: el cliente que regresa. Cuando alguien viene por primera vez, disfruta nuestra comida y después regresa con sus padres, sus hijos o sus amigos, sentimos que estamos haciendo algo bien”.

La familia tampoco separa el restaurante de la gente que lo hace posible. Fogonero comenzó como un negocio familiar y con los años esa definición se amplió para incluir a trabajadores que han permanecido durante diferentes etapas del proyecto. Saúl detalló que algunos empleados han acompañado el crecimiento y también los momentos complicados.

Aleida Chacón y Luz Gutierrez, tía y prima del chef Saúl. Foto: Cortesía

 

“Aquí trabajan mi esposa, mi hermano, mi tía y mi prima. Pero con los años la definición de familia se nos quedó pequeña, porque nuestros empleados también comenzaron a formar parte de ella. Muchos llevan años trabajando con nosotros. Nos han visto crecer y nosotros los hemos visto crecer a ellos. Hemos atravesado juntos momentos buenos y otros muy difíciles; hemos cometido errores, aprendido, celebrado y también nos hemos tenido que levantar juntos”, acotó.

Foto: @fogonerorestaurant

 

El impacto de las dificultades migratorias también se refleja en la operación diaria de Fogonero. Las ausencias han obligado a reorganizar funciones y, en algunos momentos, a que los propietarios asuman tareas que normalmente están distribuidas entre distintos trabajadores

Sin embargo, para María Paola el momento actual también ha puesto sobre la mesa una discusión más profunda sobre lo que significa para un inmigrante construir una vida en Estados Unidos después de haber dejado su país.

“A veces, sentimos que la persecución pareciera haberse convertido en nuestro documento de identidad. Muchos venezolanos conocimos primero la persecución que nos obligó a dejar la tierra donde nacimos y, después de haber comenzado de nuevo, hoy enfrentamos la incertidumbre de sentir que también podríamos perder la tierra que nos recibió y en la que hemos echado raíces”, expresó.

De tal modo, añadió que “por eso, para nosotros mantener abiertas las puertas de Fogonero en medio de este momento significa mucho más que sostener un negocio. Significa permanecer, demostrar que nuestra verdadera identidad no está definida por la persecución, por un estatus migratorio ni por las circunstancias que nos han obligado a desplazarnos de un lugar a otro. Nuestra verdadera identidad está en nuestra gente”.

La frase resume la visión que Osorio tiene de la identidad venezolana y de las cualidades que, a su juicio, distinguen a sus compatriotas. En ese sentido, declaró:  “los venezolanos somos seres humanos solidarios, resilientes, luchadores, trabajadores, honrados, creativos y esforzados. Llegamos a este país a comenzar nuevamente desde cero, pero también llegamos dispuestos a trabajar, a emprender, a crear empleos, a integrarnos y a aportar a la sociedad que nos abrió sus puertas”.

Identidad bajo presión

En esa tarea, Fogonero se convirtió en una herramienta inesperada. Cada plato permite que los propietarios mantengan una conexión con su país y, al mismo tiempo, que otros conozcan una parte de Venezuela sin haber viajado hasta ella.

“En nuestro caso, encontramos en la gastronomía una manera de hacerlo. Hemos logrado entrar en el corazón de esta cultura a través de nuestros sabores, sentando en una misma mesa a venezolanos, estadounidenses y personas provenientes de muchas otras partes del mundo”, expuso.

La familia también piensa en lo que quedará después de ellos. Sus tres hijos nacieron en Estados Unidos, pero crecieron rodeados de música venezolana, las tradiciones y deliciosas recetas que sus padres llevaron consigo. Para la criolla, transmitir esa identidad se convirtió en una responsabilidad que va mucho más allá de administrar un restaurante.

“Sentimos que nuestros hijos están formados por lo mejor de dos mundos. Son estadounidenses y han crecido disfrutando de las bendiciones, la libertad y las oportunidades que les ofrece este maravilloso país que los vio nacer. Pero, al mismo tiempo, también llevan profundamente arraigada su venezolanidad”.

Foto: @fogonerorestaurant

 

Agregó que “desde muy pequeños les hemos enseñado a amar a Venezuela: sus tradiciones, su música, sus costumbres y, por supuesto, su comida. Pero también esa alegría tan nuestra, el entusiasmo y esa capacidad casi inexplicable del venezolano de levantarse después de haberse caído cientos de veces”.

“Cuando pensamos en el futuro, vemos el enorme potencial de lo que Fogonero puede llegar a ser algún día en las manos de nuestros hijos. Ellos son nuestro principal motor. Por ellos sentimos que valen la pena las horas de trabajo, los sacrificios y todas las veces que hemos tenido que comenzar nuevamente”, señaló Osorio.

Igualmente, compartió la grata experiencia al formar parte de una agrupación de danzas folklóricas venezolanas junto a uno de sus hijos.“Cada vez que lo veo bailar nuestra música, siendo un niño que nació a miles de kilómetros de Venezuela, siento que lo hace como si el país entero corriera por sus venas. Para nosotros, eso tiene un significado enorme: entender que se puede nacer lejos de una tierra y, aun así, aprender a amarla profundamente”, relató.

Foto: @fogonerorestaurant

 

Ese vínculo familiar se conecta con otra razón para continuar: sus clientes. Está quien conoció Venezuela años atrás y encuentra en Fogonero algo que creía perdido, aquel que descubre por primera vez la comida venezolana y decide regresar y, especialmente, los que llevan décadas fuera del país y reconoce en un plato un recuerdo de su infancia.

“Y también seguimos porque pocas cosas nos producen tanto orgullo como ser venezolanos. Queremos que nuestros hijos puedan sentirse orgullosos de las dos tierras que forman parte de su historia: del país donde nacieron y del país de dónde vienen sus raíces”, señaló Osorio. 

Un legado familiar

Al hablar de lo que extraña de Venezuela, María Paola recordó escenas cotidianas que adquirieron otro significado después de emigrar. “Extrañamos las guacamayas llegando a la ventana del apartamento, las caminatas por El Ávila, la vida cultural, la música, el arte, los encuentros y esas cosas que uno muchas veces no sabe cuánto significan hasta que deja de tenerlas”, relató.

Por ahora, la familia mantiene el objetivo de llevar Fogonero a otras ciudades de Estados Unidos mediante un modelo de franquicia. A pesar de ello, el desafío no consiste únicamente en multiplicar locales. La experiencia de estos meses les ha recordado que crecer también implica saber reaccionar cuando las condiciones externas cambian.

Fotografía de María Paola Osorio y el chef Saúl Agüero para lapatilla.com

 

“El verdadero reto será crecer sin perder nuestra esencia. Queremos desarrollar un modelo que pueda replicarse manteniendo aquello que nos ha traído hasta aquí: la autenticidad de las recetas, la calidad de los ingredientes, la calidez de nuestra atención y nuestra identidad venezolana”, mencionó María Paola. 

Por ahora, Fogonero mantiene sus puertas abiertas sin dejar de buscar nuevas maneras de llegar hasta sus clientes. En medio de un período en el que muchos venezolanos viven con incertidumbre, la familia Agüero Osorio ha decidido que la respuesta no será cerrar ni quedarse esperando, sino ajustar el rumbo y continuar.

“Porque después de todo lo vivido, entendimos que la persecución jamás podrá ser nuestro verdadero documento de identidad. Nuestra verdadera identidad está en lo que somos, en lo que construimos y en lo que dejamos en cada lugar que nos da la oportunidad de echar raíces”, concluyó María Paola.

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